De la guerra popular prolongada de Mao Tse-Tung a Hezbolá



A simple vista, esta línea relacional suena extraña. Y, si atendemos al componente ideológico, ciertamente lo es. Sin embargo, si pasamos por alto el hecho de que Mao hacía una revolución comunista y que Hezbolá es un movimiento islamista-nacionalista, podemos encontrar importantes similitudes en el plano de la estrategia militar. Y es a eso a lo que me refiero.


La influencia de la teoría militar maoísta es bien conocida en el caso de Vietnam, durante la guerra que los EE. UU. libraron allí, así como en distintas insurgencias guerrilleras latinoamericanas del siglo XX. Menos conocido es el caso de la relación entre la teoría guerrillera de Mao y Hezbolá. Pero que se conozca menos en el mundo occidental no quiere decir que no exista.


La estrategia militar de Hezbolá, desde su nacimiento en 1980, consideró de vital importancia constituirse también en organización política y social e integrarse en la estructura más amplia del país. Hezbolá desplegó una importante red de asistencia social, educativa, sanitaria y de representación parlamentaria dentro de la numerosa comunidad chií del Líbano. Esta múltiple inserción recuerda el principio maoísta de la estrecha relación entre el ejército y las masas, definido en la célebre frase del Gran Timonel según la cual el guerrillero debe moverse en el seno del pueblo “como pez en el agua”.


Por otra parte, Hezbolá ha sabido eludir la confrontación directa con un enemigo tecnológicamente muy superior, como es el ejército de Israel, y en su lugar ha puesto en práctica una guerra asimétrica apoyada en pequeñas unidades, muy móviles y descentralizadas, capaces de golpear y retirarse con rapidez. 


Junto a ello, Hezbolá ha construido en el sur del país —territorio que controla ampliamente— búnkeres, túneles, depósitos ocultos y fortificaciones que dificultan el control del territorio por parte del enemigo y, además, le infligen golpes importantes de forma recurrente.


Esta estrategia se asemeja a la idea maoísta de liberar zonas que quedan bajo el control de la organización militar; aunque el contexto es distinto, cumplen una función similar, pues permiten a la guerrilla operar con relativa libertad y prolongar el conflicto el tiempo necesario.


Para muchos analistas militares, Hezbolá representa una evolución de la guerra popular maoísta y, además, es considerada una de las organizaciones guerrilleras más capaces y solventes del siglo XXI. Esto se debe a que ha sabido adaptar elementos clásicos de la guerra de guerrillas —como la movilidad, la descentralización y el apoyo social— a capacidades tecnológicas avanzadas, como los misiles antitanque, los drones y los misiles de largo alcance, junto con formas de combate propias de lo que hoy se denomina guerra híbrida. Hezbolá atesora un considerable apoyo social para afrontar su guerra prolongada contra el ocupante sionista.


Hezbolá aplica con gran rigor el principio de movilidad maoísta recogido en la sentencia: “El enemigo avanza, nosotros retrocedemos; el enemigo acampa, nosotros lo hostigamos; el enemigo se fatiga, nosotros lo atacamos; el enemigo se retira, nosotros lo perseguimos”. La guerrilla golpea al enemigo y elige los lugares de confrontación: ataca con todas sus fuerzas en un punto concreto y se retira.


Para Hezbolá, como para Mao, la estrategia militar está supeditada a la dimensión política de la guerra. “La política dirige al fusil”, decía Mao. Muchos de los principios maoístas que Hezbolá pone en práctica pueden encontrarse también, en cierta medida, en El arte de la guerra de Sun Tzu.

La rebelión de los guanches de Anaga



Junto con José Quintana presentamos ayer la novela en la Orotava. Gracias a la Biblioteca Municipal y al público asistente por el buen ratito que pasamos. Les dejo aquí un resumen de lo que hablé.


La novela plantea una reinterpretación de la historia de Canarias, presentándola como uno de los primeros espacios de experimentación del colonialismo castellano antes de su expansión en América. En este territorio se ensayaron formas de dominación política, jurídica, económica y racial que luego se consolidarían en el mundo colonial. La obra muestra cómo el archipiélago funcionó de laboratorio para el poder. Se establecieron categorías sociales y raciales, se desarrolló la esclavitud de la población indígena y se implantó una economía de plantación basada en la expropiación de tierras y el trabajo forzado. De esta manera, la novela cuestiona la narrativa tradicional que sitúa el colonialismo español exclusivamente fuera de Europa y propone entenderlo como una estructura histórica persistente que ha marcado la posición periférica de Canarias dentro del sistema capitalista.

Uno de los ejes centrales del relato es el juicio a Iballa, que sirve para mostrar el funcionamiento real del poder colonial. Aunque el proceso judicial aparece formalmente como un espacio de legalidad y racionalidad, en realidad se revela como un teatro destinado a legitimar la dominación. La ley no actúa como un instrumento de justicia, sino como una tecnología de control que clasifica, disciplina y somete a los pueblos colonizados. En la novela se distinguen tres niveles del aparato jurídico: el formal, representado por documentos y procedimientos; el real, donde operan las relaciones de poder, los sobornos y las alianzas políticas; y el simbólico, que busca educar a la población en la obediencia al orden colonial.


La figura de Iballa representa el cuerpo colonizado, especialmente el de la mujer indígena. Su encarcelamiento simboliza la dominación material y biopolítica ejercida sobre el pueblo guanche, sometido mediante la guerra, el encierro y la destrucción cultural. Sin embargo, su voz también encarna la memoria de los subalternos y la resistencia frente al poder imperial, mostrando que el conocimiento histórico no proviene únicamente de los archivos oficiales, sino también de la experiencia y la memoria de los oprimidos.


En contraste con el orden colonial aparecen Erbane y los alzados, quienes representan una forma distinta de organización política basada en la comunidad, la memoria oral y una relación no extractiva con el territorio. Su resistencia pone en cuestión la supuesta superioridad del modelo europeo y demuestra que existían alternativas civilizatorias propias. El territorio, lejos de ser un paisaje romántico, se convierte en un espacio estratégico para la guerra y la supervivencia.


Otra figura clave es Guaniacas, un personaje fronterizo que combina la memoria indígena con el conocimiento del derecho europeo. Su papel refleja el dilema del intelectual subalterno que utiliza las herramientas del colonizador para defender a su propio pueblo. La novela sugiere que, en contextos de dominación colonial, tanto la lucha jurídica como la resistencia armada pueden formar parte de un mismo proceso emancipador.


Finalmente, la obra expone cómo el colonialismo produjo un sistema racial y de clase en el que los cuerpos guanches fueron tratados como propiedad y convertidos en mercancía dentro de la economía esclavista. La imposición cultural y religiosa buscó borrar las creencias, rituales y formas de organización indígenas. Sin embargo, la persistencia de la resistencia muestra que la historia de los guanches no debe contarse únicamente desde la derrota, sino también desde la rebeldía. La novela invita así a repensar la historia de Canarias como la historia de un territorio periférico marcado por la colonización, pero también por la capacidad de sus pueblos para resistir y mantener viva su memoria.

 

 

Por qué amamos la isla

 


“Parecería que fuera en balde. Mirar tanto tiempo la cumbre es propio de un hombre distinto. Que no tiene prisa por llegar a ninguna parte. Ni le conviene”. (M. Padorno)

La isla tiene un límite visible. No hay nada de abstracto en él. Está fijado en su superficie. Desde cualquier lugar en que te encuentres, lo percibes. Si subes lo suficiente, ves el borde por todos lados. Oteas cómo termina la tierra y comienza el mar y, a lo lejos, divisas otra tierra y sus bordes.


El isleño es consciente de su insularidad. Vive en un lugar que puede imaginarse totalmente. Al contrario que en el continente, donde el espacio se prolonga más allá de donde puedes ver, en la isla ese más allá no es extensión, sino finitud.


Nuestro límite no es metafórico, sino físico, material. Lo que hacemos en él es perfectamente visible y medible. La tierra cultivable es concreta. Las montañas están ahí, inamovibles. Los barrancos rasgan nuestra geografía. El relieve nos organiza la vida. Los guanches y los canarios nos vamos a vivir a las lomas de las montañas. La tierra que nos sustenta no es llana, sino abrupta y dura. La geografía es una fuerza que nos modela.


Isleños e isleñas nos redefinimos existencialmente hacia adentro, lo cual intensifica nuestro arraigo. Por cada loma sopla un viento, por cada curva aparece un paisaje. Nuestra memoria está completamente insertada en el territorio. Después viene el afuera, porque la isla está siempre abierta y no hay manera posible de cerrarla. La isla está expuesta a los bandazos de los mares, de los vientos y de la historia.


La insularidad es la tensión entre un adentro inevitable, físico, y esa apertura al exterior. La gente insular experimenta el tiempo desde una experiencia particular. Nuestras distancias son cortas, y los cambios se notan enseguida. Los impactos sobre el suelo se ven a simple vista. La escala nos hace sufrir las heridas que le infligimos a la isla. Se sienten vivamente las tajadas que se le dan. Cuando se altera su paisaje, su mancha queda expuesta. No se diluye en una extensión infinita, como sucede en el continente. El impacto altera el conjunto. En la isla se sobremagnifican las consecuencias de los desafueros (poblacionales, de tráfico, de infraestructura y urbanísticos).


En nuestras islas, hijas de los volcanes, el suelo cambia. Las capas superpuestas de lava lo moldean. La tierra es inestable. Las montañas son creadas por explosiones telúricas enormes, que modifican el paisaje y también dan conciencia a la memoria geológica de sus habitantes. La insularidad en las islas volcánicas nos modela una conciencia de fragilidad permanente.


La isla nos crea un marco existencial definido por su finitud, su exposición al exterior (normalmente, dependencia colonial) y su intensa geología. Nuestra identidad insular surge de ahí, de la interacción entre la geografía y la historia.


La isla es nuestro mundo, aunque sepamos que más allá del agua existen más. No es mejor ni peor que otros, es el nuestro. Y por eso lo amamos. Todo él. Y por eso lo defendemos cuando es amenazado.

Islas estratégicas: Puerto Rico y Canarias


“Quieren quitarme el río y también la playa/Quieren el barrio mío y que tus hijos se vayan/ No, no suelte' la bandera ni olvide' el lelolai/ Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”. Y así, desde décadas y siglos pasados Puerto Rico y Canarias han tenido una historia paralela y llena de interconexiones humanas.

 

La guerra hispano-norteamericana terminó en 1898, y con ella se cambiaron las influencias en el Atlántico. EE-UU. emergió como potencia oceánica y España dejó de serlo. Los dos archipiélagos se vieron afectados de manera profunda. Puerto Rico cambió de soberanía, mientras Canarias permaneció bajo soberanía española, pero necesitó ser españolizada.

 

Estados Unidos desembarcó en Puerto Rico en julio de 1898, y con la ocupación de esta isla convirtió el caribe en un mar interior para su estrategia oceánica. Puerto Rico fue ocupada en calidad de territorio bajo soberanía estadounidense, sin ser un estado de la Unión. Sus ciudadanos pasaron a tener la ciudadanía estadounidense pero el territorio se mantuvo en un limbo extraño.

 

Puerto Rico asume una misión esencial para el expansionismo norteamericano, convirtiéndose en apoyo militar y logístico para el control de Centroamérica y las demás islas del Caribe. Su función como base militar es fundamental. 

 

Por su parte, Canarias a lo largo del siglo XX, se convirtió en frontera atlántica de Europa. No mutó de soberanía en 1898, y continuó siendo una colonia económica de Gran Bretaña, pero a la vez se inició un proceso intenso de imposición de identidad nacional española.

 

El final del imperio español en América alteró su papel histórico. Durante siglos había sido escala hacia el Nuevo Mundo. A partir del siglo XX su función fue de plataforma logística del expansionismo español en África. Hoy, las islas son un punto nodal tricontinental entre Europa, África y América, y una frontera avanzada de la Unión Europea frente a África occidental.

 

A diferencia de Puerto Rico, Canarias forma parte plena del Estado español y del marco jurídico europeo. No hay ambigüedad sobre su soberanía. Pero su condición ultraperiférica la sitúa en una realidad económica particular, muy dependiente del turismo y de la conectividad exterior.

 

Vistas conjuntamente, estas islas atlánticas (PR e IC) funcionan como piezas estratégicas de dos grandes colosos mundiales, EE.UU. y la UE. En los dos casos la clave está en su posición geográfica, desde las que se proyectan políticas neocoloniales hacia otros territorios continentales (Caribe-América del sur y África). No son solo territorios sino, sobre todo, puntos de conexión.

 

Lola Rodríguez de Tió poetisa, periodista y revolucionaria portorriqueña lo puso en verso:


¡Oh, Puerto Rico del alma!
que al canario recibiste,
en tu tierra él ha hecho
la sangre que ya trajiste.

Es el acento de mi tierra
y el tuyo, primo, el mismo;
que el mar no es una frontera,
sino un puente de cariño.

Las tuberías de agua de la ocupación sionista en Palestina


Médicos sin fronteras.

En los conflictos coloniales la violencia no siempre adopta la forma del enfrentamiento armado. A menudo es más lenta, menos visible y, precisamente por ello, más eficaz. Controlar la tierra, regular los movimientos de población o decidir quién puede producir y quién no son formas clásicas de dominación. Entre todas ellas, una destaca por su centralidad material y simbólica: el control del agua.


Lejos de ser un recurso neutral o un problema técnico, el agua ha sido históricamente un instrumento de poder colonial. Palestina es un caso bien conocido. También se usó con este sentido en la Sudáfrica del apartheid y en la Argelia colonial.


Desde la guerra de los seis días de 1967, Israel controla los recursos hídricos palestinos. En Cisjordania la principal reserva de agua dulce se encuentra en el Acuífero de la Montaña, y se recarga mayoritariamente bajo territorio palestino, pero su explotación está dominada por Israel para beneficio de los asentamientos de los colonos judíos.


Los palestinos necesitan permisos militares para perforar pozos, reparar canalizaciones o ampliar redes. Permisos que rara vez se conceden. El resultado es una desigualdad estructural. Mientras los asentamientos disfrutan de suministro continuo, agricultura intensiva y espacios verdes, las comunidades palestinas reciben agua solo algunos días a la semana y deben comprarla a precios elevados a la propia empresa israelí que la controla.


El agua es un mecanismo de control sobre la vida cotidiana de los palestinos. El mecanismo estrangula el desarrollo económico, produce enfermedades y desorganiza el tiempo de la vida doméstica. Esta sequía no se produce por las condiciones de la naturaleza sino es aplicada como instrumento de dominio colonial. Es una sequía administrada políticamente.


En Gaza esta lógica ha alcanzado una dimensión cualitativamente distinta, tras el genocidio iniciado en 2023. Gaza ya sufría una crisis hídrica severa. El acuífero costero estaba sobreexplotado y contaminado, y más del 95 % del agua no era potable. Israel controlaba la entrada de energía, materiales y tecnología necesarios para la desalinización y la depuración. Tras los bombardeos masivos y el asedio prolongado, la situación ha derivado en la destrucción sistemática de todas las infraestructuras hídricas. Las plantas desaladoras, pozos, redes de distribución y sistemas de saneamiento han sido destruidos o inutilizados. El acceso al agua potable se ha reducido a niveles mínimos, con consecuencias directas sobre la supervivencia de la población civil. Israel mata con bombas, hambre y sed a los gazatíes.


El genocidio israelí administra la escasez para hacer inviable la vida misma. En Cisjordania representa la gestión prolongada de la escasez. Gaza, su punto límite. El paso de la dominación estructural a la negación abierta de las condiciones de vida.


El agua riega campos y apaga la sed, delimita territorios, organiza jerarquías y define horizontes de futuro. En Palestina funciona como una frontera invisible, menos visible que un muro, pero igual de eficaz.

EN POCOS DÍAS EN TU LIBRERIA


Entre el 15 de agosto de1550 y el 4 de mayo de 1551 tuvo lugar en Valladolid, lugar de la residencia del emperador Carlos I de España y V de Alemania, un debate teológico, moral y político de gran envergadura, denominado la Controversia de Valladolid. El Consejo Real y el emperador fueron testigos privilegiados de la discusión, que fue solicitada por el propio rey Carlos. No hubo un acuerdo final, ni por tanto una resolución definitiva, pero sentó las bases filosóficas para lo que posteriormente se ha conocido como el derecho humanitario universal.

Las figuras principales de la Controversia fueron el fraile Bartolomé de las Casas y el sacerdote reaccionario Juan Ginés de Sepúlveda. El primero defendía que los indígenas de América eran seres racionales, como los cristianos, y que, en consecuencia, eran portadores de derechos naturales y, por tanto, debían recibir un trato digno y en igualdad de condiciones morales y jurídicas que los castellanos. Los indígenas no debían ser esclavizados. Por su parte, Sepúlveda defendió que los conquistadores tenían derecho a someter a la esclavitud a los pueblos conquistados, argumentando que eran seres inferiores y que estaban sometidos a la lógica de la guerra justa con el fin de evangelizarlos. Todo el debate está atravesado por las tendencias teológicas que dominaban entonces en el seno de la Iglesia católica.

En La rebelión de los guanches de Anaga se anticipa ese debate de la historia moral de Occidente. Canarias fue el primer lugar de la conquista y expansión castellana fuera de Europa, donde la esclavitud se puso en práctica en el camino de la conquista y colonización de América. Antes que los indígenas de América fueron esclavizados los guanches, y el debate que entonces no tuvo lugar aquí se plantea en esta novela, centrada en el año 1530.

Veinte años antes de la Controversia de Valladolid, y no como debate teológico, sino como juicio, se anticipa la confrontación entre un propietario de esclavos, una esclava y un pueblo que lucha por su libertad.

Guaniacas, abogado mestizo entre dos mundos, y fray Isidoro de Segovia, alumno de la compasión dominica de Antonio de Montesinos y de Bartolomé de las Casas, defiende en Canarias la dignidad y humanidad de los guanches, contra la opinión del segundo adelantado, Pedro Fernández de Lugo, y el conquistador y propietario de esclavos Hernán Mexía, ambos partidarios de la esclavitud de los guanches.

El juicio de Iballa, que es así como se llama la esclava guanche, no es solo un proceso judicial; es el germen de un conflicto teológico, jurídico y filosófico que recorrería todo el Imperio. En la plaza Mayor de La Laguna, una ciudad colonial recién fundada, se ensayan los argumentos que más tarde resonarán en los claustros de Valladolid: el derecho natural frente a la servidumbre, la razón universal frente al prejuicio del “bárbaro”, la compasión evangélica frente a la arbitrariedad del poder.

La novela nos habla también de la permanencia de una resistencia de los isleños que, huidos a los montes y defensores de su libertad, no quieren someterse a los nuevos gobernantes de la isla. Los guanches alzados en la cordillera de Anaga mantendrán una dura pugna política y militar que desestabiliza al poder colonial. Los guanches que no han pactado su rendición combaten tres décadas después de 1496, fecha oficial de la conquista definitiva de la isla, y su grito en las montañas amplifica el alcance y las consecuencias del juicio que se celebra en la ciudad de La Laguna, llamada por ellos Aguere.

Este texto, ambientado en unas islas recién conquistadas, pero todavía no sometidas del todo, muestra cómo en esta parte del Imperio se gestó una idea radicalmente moderna: que ningún ser humano puede ser esclavizado sin que se corrompa la propia justicia. En esta defensa de la dignidad del guanche late el mismo espíritu que animó a De las Casas a desafiar a Sepúlveda. Por eso, esta narración no solo construye un juicio insular, sino el primer acto de un debate universal que aún no ha terminado.



Marruecos, España, la diplomacia secreta y el espacio aéreo de Canarias



Este tema es muy relevante para la población canaria, aunque parece que preferimos mirar para otro lado. Y no me refiero a los canarios residentes, que esos pueden ser de cualquier lugar o península (Ibérica o Itálica), sino a los canarios y canarias de nación, los que nos quedaremos aquí cuanto todo se venga abajo y no tengamos otro lugar al que volver.

 

Esto viene a cuento porque la semana pasada la reunión de alto nivel entre España y Marruecos concluyó con muchos acuerdos entre los dos países. Acuerdos comerciales y estratégicos, entre el que destaca la perfecta sintonía que mostraron una vez más ambos países sobre el futuro del Sáhara Occidental. Marruecos ocupa el territorio y España le da el visto bueno. 

 

Pero el envés para Marruecos de la entrega del Sáhara Occidental bajo su soberanía es que España le entregue también el control del espacio aéreo, porque sería un anacronismo mantenerlo bajo el control de Madrid, según dice el gobierno de Mohamed VI. El espacio aéreo y el marítimo también. Entregarle el espacio aéreo y marítimo a Marruecos es dejar a Canarias encerrada en un círculo rodeado de soberanía marroquí plena. 

 

Tras la cumbre bilateral el ministro de Asuntos Exteriores, Albares, dijo que no se habían tocado temas sensibles para Canarias, y que estos dos temas no estuvieron sobre la mesa. Pero tendríamos que ser muy ingenuos para creerle eso al ministro. Esos temas tan sensibles se tratan siempre en lo que se conoce como la diplomacia secreta. Por eso nunca nos enteraremos hasta que la realidad nos muestra cual es la verdad.

 

El Frente Polisario, nuestros amigos y aliados en la zona, nos advierten del hecho de que si Marruecos consolida su soberanía sobre el Sáhara — incluyendo aire y mar — el capítulo siguiente será extender su presión hacia Canarias.

 

La diplomacia secreta termina metiendo a los pueblos en situaciones difíciles, por eso cuando parecía que la humanidad alumbraba una nueva era, una de las primeras medidas del gobierno revolucionario fue denunciarla. 

 

“Durante las negociaciones no toleraremos ni un instante la diplomacia secreta. Nuestros boletines y servicio radiofónico mantendrán informadas a todas las naciones de todas y cada una de las propuestas que realicemos, y de las respuestas que reciban por parte de Alemania. Nos sentaremos dentro de una casa de cristal, por decirlo así, y los soldados alemanes estarán informados de cada paso que demos y de cada respuesta de Alemania gracias a los miles de periódicos escritos en alemán que les repartiremos (León Trotsky 21 de noviembre de 1917)”


De la guerra popular prolongada de Mao Tse-Tung a Hezbolá

A simple vista, esta línea relacional suena extraña. Y, si atendemos al componente ideológico, ciertamente lo es. Sin embargo, si pasamos po...