sábado, 4 de julio de 2020

¿Qué pasa en Santa Cruz?*

La moción de censura en SC nos puede dar la impresión de que la ciudad es un lugar condenado al gobierno de las derechas, y no es raro encontrar a mucha gente manifestando tal punto de vista. Tras cuarenta años de gobierno de UCD-ATI-CC parece lógico llegar a esa conclusión. Los gobiernos se conforman con la participación de la ciudadanía en los procesos electorales, y las mayorías que surgen de ahí son las que sirven para hacer los mapas políticos pertinentes. De tal manera podemos decir que, de la mayoría de la gente que vota en SC, se desprende una preferencia mayoritaria por las fuerzas de la derecha sostenida en el tiempo, pero no podemos decir que SC sea una ciudad de derechas.

Si tomamos los procesos electorales entre 2007 y 2019, la tendencia preferencial de manera sostenida por la ciudadanía es la abstención. Veamos el cuadro:

Santa Cruz
%
2007
2011
2015
2019
Abstención
49,78
43,42
44,94
46,62
CC (ganador)
17

13
16
PP (ganador)

15


Derechas sumadas
26
30
27
25


En todos los procesos electorales el grueso de la ciudadanía optó por no ir a votar.

Si lo comparamos con Madrid, salvando todas las distancias demográficas y de variada naturaleza, vemos que en la capital del Reino la mayoría relativa de la población da su respaldo electoral a la derecha por encima de cualquier otra indicador.

Madrid
%
2007
2011
2015
2019
Abstención
34
32
31
31
PP+ (UyP)
36
32+(5)=37


PP+Cs 


31

PP+Cs +(Vox)



34
Más Madrid



21


Madrid es una ciudad en donde la derecha tiene mayoría relativa sin ningún tipo de duda. La expresión política de la derecha concentrada primero en el PP, y luego por la suma de PP-Cs-Vox, representa una mayoría política y social en la capital del Reino. No es el caso de SC, en el que el factor de la abstención introduce más dudas al respecto. Así que deben ser otros elementos los que nos ayuden a explicar la “anomalía” chicharrera.

La irrupción de nuevas fuerzas no produjo ningún cambio significativo en el comportamiento electoral de la masa abstencionista. La mayor diferencia que constatamos entre 2007 y las siguientes citas electorales estuvo caracterizada por el problema censal en la ciudad. Entre 2007 y 2011, la corrección del censo reduce la masa electoral en 21.244 personas, lo que explicaría el salto abstencionista del 49,78% al 43, más de 6 puntos de diferencia. En el resto de citas electorales, las variaciones han sido de menos de tres puntos. Ello quiere decir que la irrupción de nuevas fuerzas con representación, esta vez en la izquierda, como fue Sí Se Puede en 2011 y 2015 o UP en 2019, no tuvo ningún efecto sobre la masa de electores abstencionistas. Los trasvases de votos se han producido entre la masa de votantes que suele ir a las urnas. Pero no se ha movido a la mayoría relativa que se mantiene en la abstención. ¿Por qué?

Hay muchos factores que ayudan a dar una explicación, que van desde los culturales a los de tradición política y organizativa. Pero algunos tienen más peso que otros. La extensión del precariado, sin duda, es de vital importancia. Una estructura económica en la que abundan los sectores informales y trabajadores precarios no sólo afecta a los asuntos de corte económico, sino que configuran y moldean lo social, lo político y lo cultural. En SC, en torno al 40% de su población vive con dificultades.

El precario que puede ser lumpen, pero también puede ser más cosas, favorece un comportamiento político/electoral disruptivo, según los criterios de la democracia representativa. Los lumpenes, por otra parte, no solo deben ser identificados en el precariado, también son observables en muchos sectores de las clases altas y las élites dominantes. La corrupción política, económica, el transfuguismo y el nepotismo son formas privativas del lumpenaje de las élites.

La transición del modelo colonial/periférico asentada en el sector primario y secundario ha dado paso, desde los ochenta en adelante, a uno dominado por los sectores de servicios no cualificados, y también a una gran bolsa de parados/excluidos que ya no son reserva de mano de obra, sino personal sobrante de un modelo económico altamente especulativo en el que los sectores del trabajo deben competir a la baja entre ellos mismos y, desde hace unas décadas, con los sectores de trabajadores inmigrantes que meten presión al mercado de trabajo por el lado de los de abajo. Se fragmenta la sociedad manteniendo a los grupos sociales aislados unos de otros. “El barrio” es el mundo en sí, y el trabajo hace presión contra su propio su valor. La ideología neoliberal que fomenta el individualismo desplaza la cultura popular que antes descansaba en los sindicatos, en los talleres y en los lugares de trabajo del “modelo fordista”, que si bien en Canarias y SC fueron pocos (tabaco, conservas, alimentación, frío, transporte, etc.) servían como escuelas de aprendizaje, compromiso y organización. La dispersión que imprime la economía de servicios descualificados en la mayoría social produce desapego e indiferencia a su marco político, basado en una democracia en el que priman la propaganda, las grandes campañas y la inversión de cuantiosas sumas, tornando el modelo en una democracia del espectáculo y no de la participación.

La relación del poder con los amplios sectores precarizados se manifiesta por medio de la represión de lo marginal, lo peligroso, o bien por la vía del clientelismo, que alimenta y se alimenta de la corrupción. Esa estructura social decolonial no ha sido abordada políticamente para descolonizarla. En ella, los sectores de las clases medias y altas, y algunos de las clases populares, se integran políticamente; el 45% permanece fuera. Ese es el desafío que algún día alguien o algunos deberán afrontar para consolidar un cambio de relaciones de fuerza en la ciudad.

En las elecciones del 2019 hubo una opción de garantizar para toda la legislatura un gobierno del cambio. Con los 9 concejales del PSOE y los, al menos 5, que una coalición de SSP/UP (4,4% +10,62%) con el 15% de los votos hubiera logrado. Con la coalición Sí Podemos Canarias (UP+SSP) en SC no hubiera hecho falta Cs para garantizar el cambio, y la operación de transfuguismo no habría tenido lugar. El veto al acuerdo que hizo Podemos SC lo impidió. Su argumento, peregrino, fue que el candidato de SSP llevaba dos legislaturas, y que no podía estar una tercera porque lo tenían como línea roja en su partido. Cuando uno no quiere dos no se entienden. Tras la vuelta de CC y PP al poder, la esperanza de un cambio de larga duración quedará truncada. No hay que estar echándole las culpas a todo el mundo, a la ciudadanía, a la derecha, a razones inconfesables de la tránsfuga sin ver la viga en el ojo propio.

———————————-
*Los datos son para las municipales. En las generales, que es cuando se vota más, la tendencia ganadora de la abstención persiste situándose en torno al 39%. Y no siempre entre los votantes gana la derecha.

sábado, 11 de abril de 2020

Revisando mitos del insularismo tinerfeño

El insularimo es una patología de la política canaria, auspiciada por los grupos de poder de Gran Canaria y Tenerife. Junto con el caciquismo, la dependencia y atraso económico, y la falta de un proyecto autónomo marcó la historia contemporánea de Canarias. Su esterilidad imposibilitó alcanzar una plena autonomía desde comienzos del siglo XX, y nos relegó al vagón de cola de las autonomías en el periodo constituyente 1978-1983. El insularismo ha construido una serie de mitos, tras los que ocultó su incapacidad de ver el mundo más allá de la punta del muelle. 

El insularismo tinerfeño se construyó sobre el levantamiento de una serie de mitos. Los principales fueron destacados jefes militares y, curiosamente, ninguno tinerfeño o canario. En la edad contemporánea el primero de todos es el General Gutiérrez. Mito fundido con el del Almirante Nelson, para mayor gloria del primero. Pero no nos ocupamos en esta ocasión de Gutiérrez, de quién por otra parte hay una hagiografía abundante, que algún día habrá que revisar con un planteamiento de historia crítica y seria. Mientras tanto, una novela histórica de Miguel Angel Díaz Palarea nos aproxima desde el punto de vista desmitificador y con sentido del humor. Su libro lleva el ingenioso título de, Entre piratas. Contralmirante Nelson y el General Gutiérrez en las Islas Canarias.

El segundo militar, no por orden de importancia en la mitología insularista, fue el fascista/golpista Capitán General de Canarias, García Escámez. Ocupa un lugar muy destacado en el panteón del altar patrio tinerfeño. Tener la Capitanía General ubicada en Santa Cruz no es un elemento ajeno a tal asunto.

El tercero fue Capitán General de Canarias, Cuba, Filipinas y Cataluña, además de ocupar distintos cargos ministeriales durante varios gobiernos, y asiento en el senado de manera vitalicia por designación real. La reina regente María Cristina de Habsurgo Lorena le concedió un marquesado con el título de Marqués de Tenerife en 1887.

Weyler es el nombre de la plaza central de Santa Cruz, puesta en su honor por haber impulsado el edificio de la Capitanía General, también del Gobierno Militar de Las Palmas, aunque allí el parque que lo custodia no lleva su nombre, sino el de San Telmo.

En Cuba, su nombre es asociado a la construcción de los campos de reconcentración de la población civil, y sinónimo de desgracia, muerte y destrucción. En Filipinas y Cataluña una calle lleva su nombre, así como en Palma de Mallorca, su ciudad natal, pero en ningún lugar su figura es tan central, y tiene un reconocimiento tan formidable como en Tenerife.

Toda esa parte de la historia  del General es más o menos conocida, y su figura como elemento de construcción del imaginario del insularismo tinerfeño, aparece a ojos de sus defensores de manera impoluta. Weyler, héroe y militar insigne, luchador denodado por la patria. Valeroso y aguerrido. Portento de virtudes. Sin embargo, fue retirado de la guerra en Cuba ante la mala dirección de las operaciones militares bajo su mando.

Una vez de vuelta en la Península pedía 50.000 hombres para invadir Florida, y derrotar a los norteamericanos. El gobierno no le tomó en serio semejante fanfarronería y, aún queriendo, tampoco hubiera podido armar una expedición de 50.000 hombres para invadir los EE.UU. Pero este militar vivía en la irrealidad, igual que la mayoría de los militares que formaban la oficialidad del ejército español de entonces. Siempre prestos y valientes para llevar a cabo guerras civiles contra su pueblo desarmado, pero incapaz cuando debían batirse contra enemigos bien dispuestos.

Y de esta estirpe es don Valeriano. No podemos decir que tuviese una responsabilidad determinante en la derrota contra los EE.UU. en 1898, porque de todas formas, con su participación o no, el resultado hubiese sido igual. Pero sí que su engrandecimiento se haga ocultando hechos que son conocidos desde hace más de 120 años, aunque, sin embargo, han permanecido bien custodiados para no mancillar el honor de uno de los referentes esenciales del insularismo tinerfeñista.

Weyler no es más que la expresión común y corriente de la mediocridad de la casta militar de finales del siglo XIX, y de buena parte del XX. Y, en muchos casos, esa mediocridad se manifestó en torpeza evidente, a la vez que en desprecio de los hombres a los que mandaba. “El soldado  español es el mejor del mundo, come poco y marcha bien”, había dicho. Ciertamente, que el soldado español, hijo de campesinos analfabetos, era tratado con todo desprecio por sus superiores, en una actitud permanente de clasismo exacerbado.

Se jugaban la vida de esos soldados famélicos, obligados a servir en las guerras coloniales, con total desprecio. Weyler flotaba en una superioridad engreída, que no respondía al intelecto del personaje. Con su elitismo, y desprecio de los que estaban bajo su mando, cometió una imprudencia criminal, merecedora de un castigo en toda regla que, por supuesto, nunca recibió. 

Estando Weyler en Madrid, durante la fase final de la guerra contra los EE.UU., conoció a un supuesto doctor alemán, que en realidad era un espía americano, de nombre Edward Breck. El tal espía, había podido llegar a las cercanías del poderoso general, y entablar amistad con él, tras primero haber conocido a su hijo Fernando Weyler, también militar, mientras viajaba en tren hacía Madrid, procedente de Francia. 

Valeriano Weyler, sin tomar precauciones sobre un extraño que acababa de conocer, lo adopta y lo introduce en su círculo más cercado en Madrid, compuesto por otros generales, y altos políticos cercanos al gobierno. Delante del espía habla abiertamente sobre posiciones militares. Además, le da una carta de recomendación, para que pueda moverse con su aval por todo el país. Así, le abre las puertas para reunirse con jefes verdaderamente sensibles en aquel momento. El principal fue nada menos que el Almirante Cámara, que era el responsable de llevar a cabo la defensa de la Península si los EE.UU. se decidían por atacarla. Y claro, el espía, armado con la carta de Weyler, no desperdició la ocasión de ir a ver a Cámara a su barco anclado en la bahía de Cadiz, y sacarle toda la información que pudo.

La posesión de la carta en la que Weyler le da protección, fue usada para inspeccionar de cerca todas las defensas que se habían montado para repeler el ataque norteamericano. Desde San Sebastián hasta Cádiz, pasando por Barcelona, Valencia y Cartagena. El jefe de jefes, Valeriano Weyler, había sido engañado de la manera mas simple e infantil que se pueda imaginar. Con tales jefes, no habría enemigo que no pudiera derrotar al ejército a cualquier lado que fuese, Caribe, Filipinas o Marruecos.

Convertirlo en símbolo del insularismo tinerfeño retrata lo mal que andaban de ideas sus promotores.

________________
Fotografías tomadas por el agente norteamericano Edward Breck gracias a la inestimable colaboración del General Valeriano Weyler, Marqués de Tenerife, símbolo del insularismo patrio.









martes, 31 de marzo de 2020

Entrevista en La Provincia 28 de marzo 2020





Mariano de Santa Ana
_________________________________
Si la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 se hubiese prolongado unos meses más, es altamente probable que Canarias se hubiese convertido en una posesión norteamericana. Durante aquella contienda, en la que España perdió sus posesiones ultramarinas de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, el temor a una invasión del Archipiélago por parte de la que entonces despegó su trayectoria hasta convertirse en la primera potencia mundial, hizo cundir el pánico en las Islas. De todo ello habla el historiador Domingo Garí en El expansionismo norteamericano a las puertas de Canarias en 1898 (Le Canarien Ediiones, 2019), un libro que combina el rigor investigador con una narración trepidante que hace difícil separarse de sus páginas hasta la conclusión de la lectura. Garí, profesor titular de Historia en la Universidad de La Laguna y autor, entre otros libros, de La ONU, Canarias y las descolonizaciones africanas; Geopolítica, nacionalismo y tricontinentalidad y El caso Bartolomé García Lorenzo, aborda en esta entrevista algunas de las cuestiones que centran las páginas de su última obra.

Para empezar le pido algo que no entusiasma a los historiadores: un ejercicio de historia contrafactual. Pongamos que tras la guerra hispano-norteamericana de 1898, Canarias pasa a convertirse en posesión de Estados Unidos. ¿A cuál se asemejaría más su estatus político, al de Cuba, al de Puerto Rico o al de Filipinas? 
El tema que propone en su pregunta es interesante para escribir una novela ucrónica. Pienso que por nuestras similitudes territoriales y demográficas nos hubieran tratado igual o de manera muy parecida a Puerto Rico. 
Por qué por nuestras similitudes territoriales y demográficas con Puerto Rico ¿Le importa abundar en ello? 
De los tres archipiélagos que se encontraron en medio de la guerra, dos son claramente muy distintos del canario. Filipinas salta a la vista, contaba en 1898 con 7.832.719 habitantes, y tiene una superficie de aproximadamente 300.000 km2, está compuesto por 7.107 islas. Por su parte, Cuba tenía una población de 1.572.797 habitantes sobre una superficie de 109.884 km2. Es un archipiélago compuesto por dos islas mayores, la propia Cuba y la Isla de Pinos, esta última con una superficie similar a la de Tenerife. Además tiene 4.000 islas, isletas y cayos. Canarias entonces tenía una población de 339.203 habitantes sobre una superficie de 7447 km2. Por su parte, Puerto Rico tenía una población de 953.243 habitantes, distribuidos sobre una superficie de 9.104 km2 de los cuales más de 8.000 corresponden a la Isla de Puerto Rico propiamente y el resto a varias decenas de islas, islotes y cayos. Obviamente, si tenemos que elegir elementos de parentesco territorial y demográfico no queda otra que hacerlo sobre Puerto Rico. Luego hay evidentes diferencias con ellos, entre las cuales destaco la rivalidad
interinsular que se da entre nosotros y que no puede darse entre ellos. No es un elemento menor, porque lo que aquí llamamos el insularismo ha actuado como un elemento retardatario y empobrecedor de la realidad política en Canarias, y ha sido la expresión constante de una clases dirigentes mediocres y reaccionarias. Por otra parte, sí hemos compartido con Puerto Rico, además de los rasgos antes señalados, el hecho de ser islas pequeñas con una importancia geoestratégica grande.
Vayamos al comienzo. ¿Cuándo empezó a haber temor de que Canarias pudiese ser invadida por Estados Unidos?
Digamos primero que nada que, en cierta forma, el temor ya había comenzado para los canarios desde 1895, cuando se iniciaron los reclutamientos forzosos de jóvenes para llevarlos a la guerra contra los independentistas en Cuba. En segundo lugar, el temor a la invasión norteamericana comenzó desde los primeros días de abril de 1898, incluso antes de que se desatase materialmente la confrontación entre España y los EE UU que dio comienzo el 25 de abril. Las primeras tropas de refuerzo salieron para Canarias desde Cádiz el 2 de abril. La perspectiva de peligro inminente se instaló tras la guerra naval en Cavite, Filipinas, el 1 de mayo. Ese día los norteamericanos destrozaron a la armada española desplegada en la zona. El mito de la poderosa defensa española se hizo añicos, y paralelamente el temor aumentó en las Islas al conocerse la noticia. La derrota de lo que quedaba de la flota española en Santiago de Cuba remachó esta sensación. Efectivamente, tras el bloqueo y posterior hundimiento de la flota de Cervera en la bahía de Cuba el 3 de julio, España ya quedó sin posibilidades de oponerse a los norteamericanos. Desde entonces la histeria se aceleró en estas Islas, pensando que cualquier noche podían entrar los navíos enemigos. Los sectores militaristas partidarios de la guerra no querían tomar conciencia del asunto y seguían manifestando bravuconadas fuera de la realidad. En las semanas posteriores comenzó a llegar la información verdadera sobre el hundimiento de la flota, y entonces la impresión de que el Archipiélago iba a ser invadido se acrecentó. La gente huyó masivamente al interior de sus respectivas islas para librarse de los cañonazos que la escuadra americana podría propinarles. 
¿Cuál era la capacidad defensiva del Archipiélago y qué medidas se tomaron ante la posibilidad del ataque Norteamericano? 
No existía ninguna posibilidad defensiva. La propaganda de los periódicos, es decir, de la información que salía en ellos, elaborada por minorías vinculadas al poder y por los militares hacían creer que las Islas estaban protegidas, pero no era así. No existían defensas dignas de tal nombre, el armamento era obsoleto para entrar en lucha de infantería, y los cañones, que apresuradamente se colocaron en los principales puertos, eran insuficientes ante el poder de fuego de la armada norteamericana. En los informes militares que se realizaron un año después de finalizado el conflicto así se reconoce.
¿Cómo reaccionaron los potencias europeas ante la eventualidad de la invasión? 
En un primer momento las principales potencias, Gran Bretaña, Francia, Rusia y Alemania hicieron llamamientos a favor de una acuerdo negociado para no llegar a la guerra. Ni los Estados Unidos ni los militares y la élite política españoles escucharon esas peticiones. Los Estados Unidos querían las colonias españolas por la buenas o por las malas. Los militares en España querían la guerra sin atender a ninguna otra consideración. Esto queda recogido en las memorias de León y Castillo y también en la relación epistolar entre Villalba Hervás y Patricio Estévanez. Una vez desatada la guerra, los EE UU exigieron neutralidad a las potencias y la petición fue aceptada, aunque bajo cuerda era obvio el apoyo británico hacia ellos, pero siempre tratando de mantener apariencia de neutralidad, dado el interés que los británicos tenían en nuestras Islas. Los franceses jugaron la carta de proponerse como negociadores para la firma de la paz, como efectivamente terminó ocurriendo. Por otra parte, hay que señalar que ninguna de las potencias europeas quería una ocupación militar por parte de los EE UU, todas tenían intereses propios en Canarias. 
A propósito de Francia, en el libro cita una noticia de época aparecida en el periódico ‘Chronicle’ que dice que este país prestó 400.000 millones de francos a España y que, a cambio, España habría ofrecido a Canarias como garantía. 
El asunto de la compra o hipoteca de las Islas, o de alguna de ellas, estuvo siendo la comidilla en la prensa local e internacional en 1898 y en los años posteriores. Esa noticia concreta a que hace referencia se produjo en medio del conflicto. Fue publicada en la prensa norteamericana, y podría no ser del todo infundada, dadas las cuentas ruinosas de la hacienda española, y el hecho que se diera pábulo a tal posibilidad por parte de destacados políticos e intelectuales isleños, aunque muchas veces solo fuese para mostrar incredulidad sobre que eso pudiese suceder. Los cierto es que en los años posteriores cuando los rumores sobre la venta de Canarias resurgieron, la prensa local pedía al gobierno de Madrid un desmentido tajante de tal rumorología, que sin embargo nunca sucedió, o al menos a mí no me consta. Hay que recordar que otras islas del imperio fueron vendidas en esa época, por ejemplo Las Carolinas y Marianas a Alemania por 25 millones de pesetas.

Como en todas las guerras, en esta no faltaron los espías. En Canarias, según cuenta en el libro, lo fueron hasta personajes con reputación en la historia insular como Thomas Miller. 

En toda guerra el papel del espía es fundamental. Transmite información desde el campo enemigo. Esa fue una de las tantas desventajas que tuvo España en relación a los EE UU. Mientras en las Islas se hablaba abiertamente de que personas de la comunidad británica informaban a los norteamericanos, apenas ocurrió a la inversa, no ya para el caso de Canarias, sino para el del conjunto del país. En varias ocasiones se detuvo a personas acusadas de estar recogiendo información para mandar a los EE UU. Normalmente la información versaba sobre el estado de las defensa, número, disposición, y el ánimo de la población. El caso más sonado de todos fue el del agente consular norteamericano en Gran Canaria, el súbdito británico Thomas Miller, que fue detenido mientras intentaba mandar un cable telegráfico a Washington anunciando la llegada de las primeras tropas de la Península a mediados de abril. Fue detenido por los militares y advertido de que podría ser fusilado si continuaba pasando información.
 ¿Qué fuentes ha manejado para escribir el libro? 
Las fuentes primarias que utilizo son las archivísticas . Los documentos encontrados en el Archivo Regional Militar de Canarias, y luego en algunos archivos municipales. También es muy importante base documental la prensa norteamericana de la ciudad de Nueva York, que es donde estaban, y siguen estando, los principales diarios de aquel país, y de Puerto Rico. Además, utilizo documentos elaborados por testigos de época que acompañaban a los almirantes de la armada estadounidense. Por otra parte, es esencial la prensa canaria, porque nos ayuda a recomponer la visión que las elites insulares tenían del conflicto, así como memorias de destacadas personalidades insulares. En último lugar, uso la bibliografía sobre el tema, y otra que sirve para contextualizar aspectos concretos del trabajo. 
Háblenos de lo que en un capítulo llama “problemas en el frente interior”. Cita al respecto una información del Daily Cronicle según la cual el Departamento de Guerra de Estados Unidos anunciaba una “inminente insurrección en Canarias”
La situación en el interior de las Islas era muy complicada. Los campesinos fueron reconcentrados durante tres meses en campamentos militares. Esto implicaba que la población masculina no podía atender sus labores agrícolas. En una sociedad muy pobre y que vivía en economía de subsistencia suponía un drama enorme. La llegada de tropas peninsulares, con numeroso componente lumpen, agravó lo desencuentros y el descontento. El hambre, el miedo, la represión y la tensión generada por los acontecimientos eran un caldo de cultivo objetivo para que aumentase el descontento social. Que esta situación pudiese ser contemplada por los espías norteamericanos como indicio de insurrección, entra dentro de lo posible. Por otra parte, tampoco podemos olvidar que en tiempos de guerra la falsa información se usa frecuentemente para atacar el flanco psicológico del enemigo. Tras la firma de la paz lo que ocurrió fue un aumento de la pequeña delincuencia, y entonces las clases dirigentes clamaron porque se hiciese efectiva la llegada de la Guardia Civil, que finalmente llegó por primera vez a las Islas hacia finales de Año. A propósito del componente lumpen de la tropa que menciona, la prensa de la época habla del aumento de robos en casas y ‘Diario de Las Palmas’ dice incluso que en la Playa de Las Canteras los soldados se bañaban desnudos a centenares, obligando a los vecinos refugiarse en sus casas o abandonarlas. “La verdad”, afirma el periódico en la cita que recoge, “es que si esto se tolera ya no sabemos si vivimos en un país culto o en el centro de África”. 
Tal comentario de la prensa pone de manifiesto el calado racista que formaba parte de la mentalidad de los grupos dirigentes. A decir verdad, la sociedad de finales del XIX era muy clasista y también racista. La base ideológica de los grupos dominantes canarios era el nacional-catolicismo, exactamente el mismo componente ideológico que primaba en los sectores conservadores, y en muchos liberales, del conjunto del estado. La construcción de la identidad nacional española en Canarias fue la elección de las élites insulares en ese momento. Esa elección dejó de lado la apuesta por construir una identidad nacional canaria. De ahí arranca, a mi juicio, el profundo arraigo del nacionalismo español en Canarias, primero en las élites y en las décadas posteriores en la gran mayoría del pueblo. 
Cuenta igualmente en el libro que hubo también en el Archipiélago quien, en esta coyuntura, abogó por su independencia. ¿Puede abundar en esta cuestión? 
Hubo acusaciones por parte de alguna prensa, y de algunos diputados del Congreso, como el conservador exministro de Gracia y Justicia Robledo, sobre planteamientos separatistas en las Islas. Pero no era verdad. Lo que sí hubo fueron muchas voces en la prensa insular que pedían la autonomía, y lo hacían precisamente para abortar cualquier intento de planteamiento independentista que pudiese surgir. Esta gente era de la opinión de que si en Cuba y Puerto Rico se hubiese desarrollado un estatuto de autonomía no hubiese crecido la marea independentista. Los autonomistas canarios de entonces estaban representados por los republicanos y los progresistas, y es una pena que no se le haya dado la suficiente relevancia en todos los debates en nuestra actual autonomía a esa cuestión. 
Lo que sigue teniendo relevancia en nuestra actual autonomía es el pleito insular, que no se detuvo ni durante la guerra, como explica en su obra. ¿Le importa relatarnos los episodios pleitistas de entonces? 
El pleito insular es la manifestación más palmaria de la incapacidad de las élites dirigentes de construir un proyecto unitario y autónomo. Si la autonomía no fue posible tras 1898, se debió al insularismo. Los dirigentes laspalmenses y santacruceros estaban en un disputa enorme por la hegemonía política y económica, que finalmente desembocó en la división provincial de 1927, en vez de en un estatuto de autonomía como hubiera sido lo razonable. Si no es porque aún hoy el insularismo tiene una presencia enorme, no podríamos más que troncharnos de risa al leer los intercambios de pareceres sobre qué isla sería atacada primero, si Tenerife o Gran Canaria. Y en consecuencia cuál sería la que se colocaría la gloria de haber derrotado al expansionismo norteamericano en las Islas. Pocas cosas más delirantes que esas pueden encontrarse.
A propósito de lo delirante. Una de las fuentes que recoge, el periódico ‘Eco del Valle’, dice que “por la fuerza o por el dolo” el Archipiélago podía caer en manos de grandes o pequeños países de Europa, como Inglaterra, Bélgica, Portugal o Grecia. A no ser que fuese una ironía, lo de Grecia tiene un punto demencial. 
Creo que tiene un sesgo irónico, sí. El nivel de desmoralización era grande. Después de meses de propaganda y de mentiras difundidas por los militares y los poderes políticos y mediáticos, repitiendo que España tenía una flota formidable que sería capaz de derrotar a los EE UU se toparon con la cruda realidad. Sumidos en la depresión tras la derrota, los hasta ese momento propaladores de la valentía indestructible del soldado español se vinieron abajo. El tono quejumbroso y descreído sustituyó al ufano y altanero que había predominado desde mucho antes de que se iniciara la guerra.

martes, 21 de enero de 2020

La colonia y la nación

El 14 de enero, el profesor y africanista Víctor Morales Lezcano impartió una conferencia en el Instituto de Estudios Canarios titulada: Pérez Galdós: Descifrando Aita Tettauen. Con su amenidad y vasta cultura nos mantuvo interesados al pequeño grupo de asistentes, casi todos profesorado de distintas disciplinas de la ULL.

Nos desveló detalles desconocidos de la vida del célebre literato grancanario, y al compás de la novela tratada anduvimos construyendo imaginarios sobre la presencia española en el norte de África, en el contexto de la guerra de 1859-60. Una breve guerra colonial en el Marruecos que disputaba España.

En la parte final de su intervención hizo una referencia a la guerra de 1898, que enfrentó a los EE.UU contra España. Nos dijo que había escuchado algunas veces a sus padres decir que Canarias no se había independizado en ese momento de pura chiripa (no es literal). Una reflexión muy pertinente, porque entre los meses de abril y julio de 1898 esa posibilidad existió. Si se estudian los acontecimientos sucedidos en ese periodo puede darse una explicación bastante convincente. Enseguida me vino a la mente mi respuesta que hoy escribo.

El empeño por construir la identidad nacional española era ajena a la gran mayoría de la población, la cual era campesina, analfabeta y esclava de las condiciones sociales de pobreza extrema y de explotación desmedida.

No existía una república de las letras interesada en tal empresa. La intelectualidad canaria que abogaba por esa solución estaba en la emigración. Era débil y escasa. La que se encontraba en el interior de las islas mayoritariamente estaba apegada a la oligarquía colonial y al poder militar. 

La preocupación que manifestaban los militares estaba centrada en el desapego de los campesinos canarios respecto a la “defensa de la patria”. Cuando las islas se enfrentaron a la tesitura de ser atacadas por los norteamericanos, las poblaciones campesinas fueron reconcentradas en campamentos militares para mantenerlas sujetas bajo la disciplina castrense. Lo mismo se había hecho en Cuba.

En ese momento Canarias está debatiéndose entre la colonia y la nación. Las amplias masas subalternas viven en un régimen colonial, son ignoradas, no tienen voz, y tampoco capacidad de organización, su única arma es el nomadismo, escapar hacia las repúblicas libres de América. Las élites se decantaron por la integración en la nación española. Entre 1898 y 1940, las islas, bajo la batuta de sus clases dirigentes, abrazaron el proyecto nacional de España sin que ninguna identidad nacional canaria canalizase una alternativa, tal como había ocurrido en Cataluña y Euskadi.

Canarias entró en el ciclo de la modernidad manteniendo los rasgos fundamentales de su historia colonial. Esta aseveración que a día de hoy puede sonar intempestiva es fácil rastrearla en la documentación militar y civil que cito en mi libro, El expansionismo norteamericano a las puertas de Canarias en 1898.


miércoles, 3 de julio de 2019

Látigo Negro, comunista y anticolonialista

Al escribir el título de este pequeño homenaje en recuerdo de Carlos Suárez, los dos adjetivos me parecieron de una densidad brutal, enorme. Estos conceptos están en desuso, pero sin ellos no podemos entender los 70’.

El jueves 27 de junio de 2019 murió Carlos Suárez Cabrera. Para las generaciones jóvenes no tiene ningún significado, incluso para la ciudadanía no tan joven de fuera de Gran Canaria tampoco. Esto es el reflejo de dos problemas fundamentales que tiene la sociedad canaria. El primero, es el desconocimiento muy profundo que hay sobre la historia de las islas. El segundo, tiene que ver con el peso decisivo de la realidad insular en este archipiélago. Estos problemas ya existían en la época de la dictadura y de la pre-autonomía, pero tras 40 años de autonomía y de democracia es incomprensible que sigan perviviendo.

Carlos Suárez jugó un papel fundamental en la lucha contra la dictadura, organizando y movilizando a los trabajadores. Pero a partir de 1973 no se puede hablar de Látigo Negro sin asociarlo a la lucha por la independencia de las islas. Carlos aunó la cuestión nacional con la social. La clandestinidad le obligó a ir a Madrid y luego a París para garantizar su seguridad. Cuando se separó de la disciplina del PCE, tras su regreso de Europa a comienzo de los años 70’, aún permanecía en la clandestinidad, primero en Tenerife y después en Gran Canaria, desde donde afrontó, junto con otras, la tarea de crear un partido comunista de obediencia estrictamente canaria. Así es como nació el Partido Comunista Canario (provisional), y un poco después es pieza central, junto con otras camaradas, en el nacimiento del Sindicato Obrero Canario (SOC), abriendo el camino al sindicalismo nacionalista en la transición. Para Carlos fue muy importante siempre la camaradería de su prima Ana Doreste, luchadora abnegada como él. En la isla de Tenerife, el camarada que coordinó su trabajo con Carlos, también desde su despacho de abogado laboralista, fue Alfredo Horas.

Cuando los años efervescentes llegaron a su final, y la transición política se consolidó en los términos que conocemos, las esperanzas de un cambio revolucionario en Canarias quedaron frustradas, entonces Carlos se retiró de la actividad política y se dedicó, casi en exclusividad, a su tarea como abogado laboralista. La estabilización de la autonomía, el desarrollo del estatuto y la consolidación de los escenarios políticos institucionales tras el triunfo socialista de 1982, alejaron en su perspectiva las opciones de la revolución socialista y anticolonial en las islas.

Carlos era un tipo afable. Yo lo conocí en enero de 1989. Por aquel entonces estaba aún buscando documentación y haciendo entrevistas para mi tesis doctoral, dedicada al estudio de la estrategia política y el pensamiento político del nacionalismo canario. Carlos accedió a que lo entrevistase, y buscó hueco en su repleta agenda de reuniones, que mantenía con distintos colectivos de obreros, principalmente los guagüeros de Las Palmas. Nos vimos a la caída de la tarde, aunque la gente no dejaba de entrar en el despacho y el teléfono brincaba cada pocos minutos. Aún persistían los ecos de la exitosa huelga general del 14 de diciembre de 1988, en la que los guagüeros de Las Palmas jugaron un papel central para su rotundo éxito en esa isla. Nos fuimos a una habitación secundaria del despacho y allí grabamos.

En su libro autobiográfico Mañana será mejor, dejó constancia del relato intenso y apasionado de su vida de activista desde la clandestinidad hasta finales de los años setenta. Un tiempo histórico que lo llevó desde el PCE al activismo anticolonial.

Con Carlos se apaga uno de los testigos más representativos de la última generación que vivió de manera convencida los valores de la modernidad. La utopía comunista significaba el horizonte de un mundo de iguales en el que la explotación de clase y nacional serían superadas. Sus debates versaban sobre problemas tácticos y propuestas estratégicas. El lenguaje clásico dentro del marxismo se maneja con naturalidad cotidiana. Prosoviéticos, maoístas, trotskistas, anticolonialistas, eran todas formas de autoreferenciarse y de reconocerse ante los demás. Para las nuevas generaciones universitarias, incluidos los estudiantes de humanidades o ciencias sociales y políticas, ese universo es incomprensible, lo que nos advierte claramente del final de ese tiempo histórico.

En el transcurso de las revueltas de los años 60’, al decir de Zizek, parece que Mao pronunció la frase: “Hay un caos absoluto bajo el cielo; la situación es excelente”. La idea reflejaba bastante bien el espíritu de los revolucionarios del siglo XX. En las entrevistas que mantuve con Carlos me transmitió esa misma idea cuando se refería al segundo quinquenio de los años 70’, momento en el parecía posible la revolución en las islas. Sus palabras fueron: “Había que agudizar las contradicciones; lo que importaba era el caos soberano”.


El mundo líquido y neoliberal acabó con estas figuras “endiabladas” del siglo XX, y nos sumió en la deriva de destrucción ecológica, económica y política en la que nos encontramos. Creo que Carlos entendió también que tras la derrota de los 70’ todo sólo podía ir a peor.

martes, 11 de junio de 2019

Canarias en portada. Cómo se manipula la historia

El día 10 de junio la RTVC emitió el programa Canarias en portada, dedicado a 4 momentos de la historia reciente. La primera narró los sucesos de Sardina del Norte de 1968. La segunda nos acercó al feminismo del momento de la transición. La tercera versó sobre las reivindicaciones y represiones sobre el movimiento gay. El cuarto, que es el que me lleva a escribir estas líneas, trató sobre el asesinato cometido por la policía en el barrio santacrucero de Somosierra. Ahí fue acribillado en 1976 el joven Bartolomé García Lorenzo, sin venir a cuento.

Sobre este asunto, y para quien esté interesado le remito a mi libro El caso Bartolomé García Lorenzo y otros ensayos de historia reciente. Lo que quiero resaltar aquí es que el documental, de manera completamente tendenciosa, vuelve a sacar a la luz la falsa acusación de que en el caso Bartolomé estaba por medio el MPAIAC, acusación que quedó desmentida en el juicio, además de no contar con credibilidad desde el mismo momento en que los propios policías que asesinaron a Bartolomé hicieron circular el bulo para usarlo como coartada en el juicio al que fueron sometidos, con la intención de poder acogerse a la ley de amnistía de 1977.

¿Por qué en un programa que trata de contar la historia reciente de estas islas al gran público, se vuelve a dar pábulo a cuentos de esta naturaleza? No es excusa que la declaración la haya realizado un periodista al que se le entrevista, porque a mí se me hizo también esa pregunta, y yo desmentí tajantemente tal afirmación pero, sin embargo, esa parte fue ignorada en el documental.

Les mandé a los responsables del programa el libro antes mencionado y recalqué algunas ideas cuando realizamos la entrevista en la Universidad de La Laguna, y una de ellas era precisamente esa. Bartolomé NO era miembro del MPAIAC. El Rubio tampoco. Hicieron caso omiso. Les interesa seguir dándole coba a la mentira de la policía de entonces, usando para ello la opinión de un periodista que no se ha molestado en comprobar las habladurías de las que se hizo eco la prensa en aquel momento.

Esta falta de rigurosidad. Esta forma de afrontar estos problemas tan delicados, sin tener la más mínima consideración con los familiares de la víctima, son propios del periodismo amarillista, incluso cuando se disfraza de programa riguroso de título aparentemente serio.


He colaborado unas cuantas veces con el ente televisivo autonómico, porque considero que la dedicación a la investigación de nuestra historia debe ser difundida, y que nuestra gente pueda tener acceso masivo a ese tipo de información. Pero cuando la buena voluntad se ve traicionada de esta vulgar manera lo mejor es poner punto y final.

viernes, 11 de enero de 2019

Rebrote del militarismo en Canarias

Entramos en 2019 con nuevas promesas de rearme del militarismo en las Islas. Las declaraciones al respecto son claras. “La creación del Mando de Presencia y Vigilancia Terrestre en el Archipiélago llevará al Ejército de Tierra… a ser más perceptible” en las calles de nuestras ciudades y pueblos, nos anuncia el teniente general Carlos Palacios Zaforteza, general jefe del Mando de Canarias.
La razones principales aducidas son “contribuir al conocimiento del entorno marítimo, la protección de líneas de comunicación a través del mar, la protección de infraestructuras críticas contra la piratería y contra los tráficos ilícitos o la aportación a las actividades contra el terrorismo por vía marítima”. Además, forma parte de este nuevo auge del militarismo la conducción y seguimiento de las operaciones de vigilancia, seguridad y control en los espacios aéreos de interés nacional, así como planear y conducir las operaciones multinacionales de vigilancia, control, seguridad y policía aérea en y desde el espacio aéreo cuando España asuma su liderazgo”.
No es misión de las fuerzas armadas patrullar las calles de las ciudades, ni dejarse ver, en tiempos de paz. Para realizar esas funciones ya se tienen a los cuerpos policiales, a los cuales se les supone preparación y recursos suficientes para ello. No está claro que los militares estén preparados para realizar esas tareas. ¿Obedece esto acaso, a una ley marcial encubierta? ¿Estamos en un estado de alerta por ataques terroristas y no se nos ha informado a la población? No quedan claras las funciones de ese Mando de Presencia y Vigilancia Terrestre.
Por otro lado, el papel que España viene asumiendo hace un tiempo como muleta de los intereses franceses en el Occidente africano, no nos reporta ningún beneficio a los ciudadanos del Estado español, y de Canarias, en concreto. Si bien Francia es dependiente de las materias primas de Mali y Niger, no es el caso de la economía española ni de la canaria. Las operaciones conjuntas llevadas a cabo en el occidente del continente africano por parte de España, están claramente orientadas a seguir sometiendo a estos países a los intereses de los capitales y de la geopolítica de las potencias occidentales en la zona.
Por otra parte, la propuesta del líder del PP de asentar en las Islas el mando del Africom, organismo de la OTAN para la intervención en África, es un despropósito mayúsculo. Los problemas migratorios no se resuelven ni intimidando a las poblaciones que se desplazan, ni al bombazo limpio, como parece querer apuntar tamaña ocurrencia. La deriva ultra de la dirección actual del PP en nada desmerece las propuestas de VOX. 
Canarias, cuando ha tenido oportunidad de expresarse, 12 de marzo de 1986- ya dijo que no quería pertenecer a la OTAN, y puso de manifiesto en aquella ocasión y de manera permanente lo ha hecho a lo largo de la historia, que quiere ser considerada un pueblo de paz, y buen vecino de los países ribereños del África Occidental. África no necesita un Archipiélago, ubicado estratégicamente, que la vigile y la amedrente. Lo que necesita son políticas de desarrollo conjunto, intercambio de capital humano, inversiones con objetivos para el desarrollo humano, democracia y bienestar. Si Europa, España y la OTAN no tienen nada que aportar a esos respectos lo que deben hacer es abandonar el neocolonialismo persistente que vienen aplicando desde 1960 y olvidar a África.
La revalorización de nuestra área geopolítica como una zona de conflicto permanente y en aumento debe llevar a pensar muy en serio el papel que el Archipiélago debe y puede jugar, desde su posición de actor minúsculo, en los años venideros. En cualquier caso, la geografía de los recursos naturales y los intereses económicos del sistema neoliberal, de sus empresas y estados aventajados, están colocando a las Islas ante su evidencia geográfica. Los actores políticos insulares deberán decidir cómo quieren jugar y hasta dónde llevar ese factor propio. Se puede convertir la situación geográfica en un factor de geopolítica, procurando usarla de manera inteligente, creando una única zona bajo control del Gobierno por medio de la definición y concreción del mar interior y exterior del Archipiélago, o permanecer como se ha hecho a lo largo de la historia de las Islas, dejando que el factor geopolítico sea solo y meramente un accidente geográfico sin mayor proyección e inteligencia colectiva que la que otros decidan (Para una visión historia del tema https://www.researchgate.netpublication279220146_Geopolitica_nacionalismo_y_tricontinentalidad).

No parece que el actual Gobierno de Canarias esté pensando en estas cosas. Más bien se muestra poco interesado en hacer valer la condición geopolítica exclusiva de Canarias en el conjunto del Estado. Con un REF reformado y un estatuto que nuevamente hurtan al sufragio universal dan por concluidas sus ambiciones.