miércoles, 14 de febrero de 2018

Lawfare y la alteración de la democracia en Brasil y España

Lawfare es un término relativamente nuevo compuesto por la unión de dos palabras inglesas, law y warfare (ley y guerra) y de eso trata. La lawfare fue definida en términos de estrategia militar en 1999, con el fin de ganar una guerra con métodos no convencionales, haciendo de la ley el principal campo de batalla. En 2001, el general norteamericano y profesor de derecho Charles Dunlap, la renovó para adaptarla como herramienta de acción política injerencista, principalmente en Latinoamérica. Consiste en hacer un uso abusivo e indebido de las leyes para obtener ganancias políticas o militares. Enmarcada en las historias de la intrusión norteamericana en América del sur, puede ser también entendida como una acción imperialista que no necesita intervención militar. En la acepción de Dunlap se le añade una ofensiva mediática como elemento complementario de la operación.

La combinación de la guerra mediática y la guerra jurídica se ha convertido en la principal apuesta de las derechas en Latinoamérica y en España. En el caso brasileño, por ejemplo, el uso de la judicatura contra los gobiernos del PT ha resultado esencial para volver a darle el poder político a la derecha. Las maniobras del poder judicial han sido ampliamente publicitadas con la ofensiva mediática y la posverdad, para demoler los apoyos de la presidencia Dilma/Lula. En el caso español, en especial en lo referido al conflicto en Cataluña, los grandes medios de comunicación no nos sirven información seria y profesional, sino que usan su enorme influencia para hacer periodismo de guerra, y ya se sabe que en la guerra la primera víctima es la verdad. El uso indebido del poder de los medios masivos de información convierte el debate en democracia en papel mojado.

La estrategia con los medios masivos, en manos de la oligarquía o de los grandes grupos financieros, se ha complementado con el uso partidista del poder judicial. En este poder, en el que no tienen que dar cuentas democráticas, se han consolidado de siempre las clases dominantes. El poder judicial es una verdadera trinchera de los sectores reaccionarios, cuya legitimidad no deriva de la voluntad popular, sino de estrategias corporativas y designaciones políticas no neutrales y contaminadas. En las democracias instauradas en los años años ochenta del siglo pasado (Brasil, España y otras), en los poderes judiciales, se emboscaron elementos procedentes de las dictaduras, a los que se sumó personal nuevo de perfil ideológico conservador o ultraconservador.

Las instancias judiciales y sus órganos de gobierno en estos países han servido para corregir un “exceso” de democracia. En el caso brasileño ayudó a terminar con las políticas expansivas y redistribuidas de los gobiernos nacionalistas y de izquierda de la década pasada. En el caso español se ha usado para restringir la libertad de expresión en los órdenes de la moral y la política. Los sectores extremistas de la iglesia, muy vinculados con la derecha española, recobran un protagonismo que no tenían desde los momentos finales del franquismo. En el plano político, el uso combinado de la guerra mediática/judicial logra su verdadera plenitud con el asunto de Cataluña. El atrincheramiento en la judicatura de elementos de dudosa filiación democrática, hace posible un uso disparatado del código penal español. Además, vemos cómo se aplica un doble rasero permanente en las decisiones judiciales.


Tomando prestadas algunas ideas señaladas por Emir Sader, complementadas con algunas propias, resumo llawfare de la siguiente manera: 1- Manipula el sistema legal con fines políticos. 2- Hace un uso abusivo del derecho para lastimar la reputación del adversario, promocionando acciones judiciales con el objeto de desacreditar socialmente al encausado. 3- Promueve un uso coactivo del derecho, que ya no trata de regular el conflicto sino de ser él mismo ejecutor de decisiones políticas. 4- Promociona masivamente su acción, merced a la connivencia de los grandes medios de comunicación en la ejecución de su estrategia. 5- Bloquea y acota el derecho de defensa de los encausados, aplicando decisiones restrictivas de los códigos y normativas que rigen los procesos.

domingo, 7 de enero de 2018

¿Por qué los canarios reniegan de su parte indígena?

Es una conducta bastante común que los canarios/as renieguen de su lado indígena, no así de los demás componentes étnicos que conforman su identidad de grupo. Tanto estudiantes universitarios, incluidos los del grado de Historia, como el pueblo mismo, sea de la clase social que sea, cuando la ocasión se presenta en tertulia amigable o en foros de otra índole, suelen repetir la consabida idea de que los guanches fueron exterminados durante la conquista militar de las islas. Hablo aquí de guanches como genérico al conjunto de los habitantes precoloniales. Lo guanche se reduce al terreno del mito.

No sé a ciencia cierta cuándo esa idea pasó a ser parte constitutiva del sentido común de los canarios. Es verdad que a este respecto, como en otros, el sistema educativo en Canarias hace agua por todos lados, y que buena parte de responsabilidad en la construcción de ese imaginario se debe al poco interés demostrado por las autoridades educativas para buscarle solución. Tras 35 años de competencias plenas, podemos decir que el fracaso es absoluto.

Viajeros y estudiosos de nuestro pasado, sin embargo, siempre han defendido la idea contraria. La población canaria en la edad contemporánea procede de manera mayoritaria de sus abuelos precoloniales, como gusta decir al profesor Pablo Quintana. Para el etnógrafo Juan Bethencourt Afonso el porcentaje rondaba el 90% (para Tenerife) en el momento de constituirse la nueva sociedad en el siglo XVI. En estudios más recientes, el catedrático de historia económica, Antonio Macías, habla del 40%. Entre esos dos investigadores otros muchos remarcan similares ideas, sin dar concreciones porcentuales. A falta de un estudio de demografía histórica que nunca se ha llevado a cabo, mantengamos esas horquillas.

George Glas en su Descripción de las Islas Canarias de 1764 escribió: “Aunque los habitantes de estas islas se consideran españoles, provienen de una mezcla de los antiguos habitantes, los normandos y otros europeos que los sometieron, y de algunos moros cautivos”. Y en otro pasaje remarca: “Las grandes familias de estas islas se sentirían altamente ofendidas si alguien les dijera que son descendientes de los moros, o incluso de los antiguos habitantes de estas islas; sin embargo, imagino que no sería cosa difícil probar que la mayor parte de sus amables costumbres les han sido transmitidas por aquellas gentes”.

El antropólogo francés René Verneau, estudioso destacado de los pueblos del norte de África, escribió en 1891: “Los habitantes (de Tenerife) se parecen mucho, desde todos los puntos de vista, a sus vecinos de Gran Canaria. Sin embargo, el tipo guanche se observa con más frecuencia”. En otra parte de su estudio anota: En el “pueblo de San Juan de la Rambla (…) no nos hallamos en presencia de descendientes de los conquistadores. Son realmente guanches, a los que se han venido a mezclar algunos españoles”. En su periplo por los pueblos del Archipiélago podemos leer consideraciones del mismo estilo.

Medio siglo antes, hacia el decenio de 1840, Sabino Berthelot, en su trabajo Etnografía y Anales de la Conquista de Canarias, dio origen a los trabajos de antropología física en los que dejó sentado la continuidad entre los habitantes precoloniales y los del siglo XIX.

Hacia 1901 el historiador, geógrafo y militar Rafael Torres Campos, en el discurso presentado para ser miembro de la Real Academia de la Historia, que lleva por título Carácter de la conquista y colonización de las Islas Canarias, defendió parecidas posiciones. Argumentaba que ello ponía de manifiesto la naturaleza integradora que tuvo la conquista, que fue capaz de incorporar a los indígenas canarios en el seno de la nueva sociedad colonial, como demuestran las concesiones de datas a las familias aborígenes. Dice Torres Campos que “de los hechos de armas que hacen los historiadores, se deduce que de las guerras de conquista no perdieron las Islas una vigésima parte de su población”, y toma como dato demográfico la cifra de 100.000 habitantes que había dado Fray Bartolomé de las Casas en su libro Historia de las indias, publicada en 1520.

Para Torres Campos la razón de que se haya ocultado la evidencia guanchinesca tiene que ver con “el deseo de los indígenas canarios de ser tenidos como españoles”. Idea bastante pertinente si tenemos en cuenta que la diferencia material entre las dos culturas es tan favorable al mundo europeo con respecto al canario, que más allá de algunos intentos heroicos de resistencias llevadas a cabo por los alzados en los primeros decenios del siglo XVI, el grueso de la población, tras la derrota militar, no tuvo otra alternativa que aceptar el dominio de los europeos en la nueva sociedad colonial, lo que implicó también la pérdida de su lengua y la toma de los nombres y apellidos de los conquistadores que les ejercían de padrinos de bautismo. Quizá esperaban así salir de una sociedad de la carencia, para entrar en una que les garantizase los sustentos mínimos de manera más regular y segura. Tras la conquista, Canarias se instaló en el atraso de las sociedades periféricas del capitalismo, y ahí estuvo unos cuantos siglos. Pero el salto cualitativo había sido evidente.

Con esta integración durante la colonización primigenia de la que nos habla Torres, se terminó logrando la permanencia de la identidad étnica. “Como los rasgos físicos de los actuales canarios, la perpetuación de las antiguas costumbres, de los utensilios y de los procedimientos de las industrias domésticas y agrícolas de los indígenas, muestra que el pueblo primitivo está vivo”. Todo ello, “acusa claramente que no son descendientes de los conquistadores, aunque ellos lo pretendan”. El desconocimiento del pasado en estas islas lleva a la paradoja, junto con las razones anteriores, según Torres, de que haya “podido pensarse que dejó escasa huella la población primitiva, y se ha dado lugar al peregrino caso de que guanches ó mestizos contemporáneos sostengan la completa exterminación de la raza cuya noble sangre circula por sus venas”.

El antropólogo y profesor de la Universidad de La Laguna, Manuel Lorenzo Perera, en su conocido libro La tradición oral en Canarias, apuntaba en el decenio de los ochenta del siglo pasado otra razón para explicar la desmemoria sobre nuestro lado amazigh, y era la insuficiente atención de los estudios sobre la sociedad campesina llevados a cabo hasta entonces. Se perdía así el “filón de investigación etnohistórico (…) y (…) las fuentes orales”. Un cuarto de siglo después de la advertencia de Lorenzo Perera, algunos trabajos comienzan a paliar tal déficit (Joaquín Carreras, 2004; Fernando Sabaté, 2012). En todos los pueblos del sur la etnohistoria es una disciplina central para la explicación del pasado, y aquí está por desarrollarse convenientemente.

El colonialismo produce que al colonizado sólo le quede la “alternativa de la asimilación”, según nos recordaba Albert Memmi en su libro El retrato del colonizado, en el que nos enseña que “el colonizado parece condenado a perder progresivamente la memoria”. Idea que hemos de complementar con la manifestada por Frantz Fanon en Los condenados de la tierra, cuando analizando el impacto que el colonialismo francés había generado en la mente de los argelinos, dijo que la situación colonial genera en la mente del colonizado el deseo de “instalarse en el lugar del colono (…) sustituir al colono”. 

¿Es ese nuestro diagnóstico?


sábado, 30 de diciembre de 2017

República catalana y monarquía española

La cuestión nacional en España, principalmente la catalana, ejerce una presión muy notable sobre la realidad política española. Las dos repúblicas pasadas, 1873-1874 y 1931-1936 fueron posibles porque en Cataluña había brotado con mucha fuerza la idea republicana. Fuera de Cataluña era tan minoritaria la adscripción republicana en 1873, que Nicolás Estévanez pensaba que era un república sin republicanos, traída por las desavenencias entre los monárquicos (Nicolás Reyes González: 2016). La segunda república fue el producto del colapso de la dictadura primorriverista, en la cual Alfonso XIII puso sus esperanzas para salvar el trono. Las grandes ciudades empujaron en la dirección republicana, y el triunfo electoral en las municipales del 12 de abril aceleró la proclamación del día 14.

La república catalana fue proclamada mientras en Madrid la aristocracia trataba de muñir la continuidad de la monarquía, haciendo de mediador en estas conspiraciones el Conde de Romanones, quien intercede ante Alcalá-Zamora en favor de la corona. La maniobra no surtió el efecto deseado y el rey debe hacer las maletas para dirigirle al exilio. El comité revolucionario estaba constituido por una mezcla de personas de distintas corrientes políticas, e incluso por miembros destacados del conservadurismo monárquico como Miguel Maura, o liberales de recientísima vocación republicana como el propio Alcalá-Zamora. El general Sanjurjo (director general de la Guardia Civil), nombrado  marqués del Rif por Alfonso XIII, se presentó en la casa de Miguel Maura, donde se reunía el comité revolucionario, para ponerse a sus órdenes. Allí estaban también Francisco Largo Caballero, Fernando de los Ríos, Santiago Casares Quiroga, y Álvaro de Albornoz, y más tarde se sumaron Azaña y Lerroux.

Para entonces el líder de Esquerra, Francesc Macià, había proclamado, ante la multitud concentrada en la plaza del ayuntamiento de Barcelona, "L'Estat Català, que amb tota la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèriques”.

Entre las tareas urgentes que debía de acometer el gobierno central se iba a encontrar, sin duda, la cuestión nacional, además de otras como la reforma agraria, la reforma del ejército, la separación iglesia/estado y la reforma educativa. Pero en Madrid estaba concentrado también el grueso, el músculo, de los poderes fácticos.

El republicanismo catalán jugó un papel central para la apertura del proceso constituyente en 1931, no sólo porque también allí la crisis de la dictadura/monarquía favoreció la república, sino porque existía previamente un sentimiento republicano profundo y amplio, tanto entre las organizaciones obreras como entre la de los intelectuales y las clases medias. Las principales organizaciones eran Esquerra Republicana de Catalunya en el campo político y la Confederación Nacional del Trabajo en el sindical.

Esa es la breve historia del asunto. República y cuestión nacional van de la mano. La única remota opción de que en España vuelva a proclamarse una república vendrá por una profundización de la crisis nacional. Si junto a los catalanes algunos otros territorios nacionales contribuyen al esfuerzo las posibilidades aumentarían. De lo contrario los aparatos del estado, los oligopolios financieros, industriales y mediáticos tendrán un gran margen de maniobra para reconducir la situación en su propio beneficio, por no mencionar los poderes europeos, los cuales son firmes partidarios del status quo, para evitar contagios indeseables en una Unión Europea que ha perdido su atractivo de manera acelerada para millones de ciudadanos de todos los estados miembros.

Cuando Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, dijo en 2014 que era necesario fomentar un Podemos de derecha estaba completamente en sus cabales. Construir maquinarias políticas con dinero constante y sonante y apoyo mediático es una práctica habitual, cuando las condiciones lo demandan. En la década de los setenta esa técnica convirtió al PSOE en opción de gobierno, merced a la Internacional Socialista, a una parte de los aparatos del estado franquista y al dinero alemán y norteamericano. La fruta madura cayó el 28 de octubre 1982. Lo mismo había ocurrido unos años antes con el Partido Socialista Portugués, que en 1976 se hizo con el gobierno también debido a los apoyos recibidos por los mismos patrocinadores del PSOE.

El discurso del rey Felipe el día tres de octubre de 2017 tenía sobre todo la urgencia y la necesidad de salvaguardar la monarquía, porque es consustancial con el mantenimiento de la estructura de poder, de la que él es el vértice y la argamasa que suelda al conjunto de actores políticos, militares, policiales, de seguridad, económicos y mediáticos que forman la estructura de los aparatos del Estado. El rey no emite el discurso para los republicanos catalanes, ni para los republicanos en general. Lo que hace es representar su papel central en el sostenimiento del status quo. Le va en ello el futuro inmediato de la monarquía, y aquí la monarquía no puede ser federal como, por ejemplo, en Bélgica, porque los aparatos del estado lo impedirían. 


La estructura profunda del estado español, que es anterior a Franco, se mantiene con la dictadura, y se proyecta después de ella hasta la actualidad. La monarquía en España debe suprimir, o al menos contener las demandas nacionales de sus distintos territorios, no sólo para sobrevivir como institución ella misma, sino sobre todo para atender a la exigencia de los poderes fácticos, que como hemos visto ya en la historia de España, pueden sacrificar a la monarquía si con ello salvan su posición de poder. 

jueves, 9 de noviembre de 2017

De guanches, alzados y jordis

Hasta el día de hoy para mí la palabra alzados, pronunciada por el poder, era privativa de la heroica resistencia que los guanches y gomeros opusieron al poder colonial durante el siglo XVI. Armados con las nuevas armas de hierro que le arrebataban a los españoles, estos resistentes canarios mantuvieron en vilo al incipiente poder colonial durante muchas décadas, después de que la conquista de las islas se hubiera dada por concluida en 1496.

Pero mi sorpresa fue mayúscula al leer en la prensa de Madrid el auto de la Sección Segunda de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, que debía resolver sobre la continuidad en prisión o la libertad provisional de los jordis de la ANC y de Omnium, cuando dictaminó que debían permanecer en prisión por “el contenido de los mensajes transmitidos por los recurrentes el 20 y 21 de septiembre, llamando a la movilización permanente desde ese día a favor del referéndum y en contra de las actuaciones para impedirlo, y el papel protagonista y dirigente que los   investigados desempeñaron en todo momento, presentándose como interlocutores de los alzados frente a la comitiva judicial y a los responsables de los Mossos d’Esquadra”.

¿Conservarán estos de la Audiencia Nacional un porcentaje nada despreciable del espíritu inquisidor de los colonialistas del siglo XV? Nunca se sabe. No sería de extrañar tampoco. El nacionalcatolicismo tiene ya unos buenos siglos y ahí sigue tan campante, reeditándose como si el tiempo no pasara. Y es que en realidad no pasa por él. Es la misma ideología reaccionaria que ha dominado España desde el siglo XVIII en adelante. Por eso tampoco es de extrañar ver ahora en el siglo XXI, como un tribunal de un instancia heredera del Tribunal de Orden Público del franquismo usa esa expresión tan del antiguo régimen.


Esto me trae al recuerdo un poema de Allan Ginsberg titulado América, en el que en un pasaje dice: “América…tu maquinaria es demasiado para mí/ Me haces desear ser un santo/ Debe haber otra manera de resolver esta discusión/¿Eres siniestra o esto forma parte de una broma pesada?” Mutatis mutandi podríamos hacer la misma pregunta, ¿España, eres siniestra o esto forma parte de una broma pesada? ¿De verdad que no hay otra manera de resolver este asunto?

jueves, 5 de octubre de 2017

Cataluña, España y el nacionalismo banal

Parafraseo en la segunda parte del título el nombre del libro de Michael Billig, reputado psicólogo social británico. El término banal no hay que tomarlo en la acepción de la RAE, que lo describe como “trivial, común, insustancial”. Bien al contrario, hay que darle toda la importancia que tiene y asemejarlo al concepto de banalidad con el que definió Hannad Arendt el comportamiento de los mandos nazis durante el exterminio de las minorías nacionales. Dice Billig que la banalidad de los nacionalismos de los estados-nación difícilmente puede ser considerada inocua, inocente o baladí por la sencilla razón de que los aparatos de estado atesoran formidables arsenales armamentísticos muy amenazantes, y las poblaciones que se reconocen en el nacionalismo de tales estados-nación normalmente apoyan de manera entusiasta su uso.

Evidenciado queda ese asunto si pensamos en los EE.UU. y cómo sus discursos patrióticos sirven para invadir países con el apoyo explícito de buena parte de su población, que es construida cada día con los símbolos del nacionalismo de estado en los EE.UU. Pero esto no es privativo de los norteamericanos. En España ocurre otro tanto, y lo vemos en estos días de tensión a raíz de la aceleración de los acontecimientos en Cataluña.

La prensa hegemónica que nutre de información y crea imaginarios en las mentes de la población española, construye los conceptos como una fábrica fordista, produce en cadena de manera acelerada toneladas de discursos nacionalistas de estado. Esto que se hace comúnmente, se ha visto incrementado de manera notable en las últimas semanas. En estos momentos podríamos decir, incluso, que el nacionalismo de estado ha pasado de ser banal a ser explícito.

El nacionalismo banal es patrimonio exclusivo de los estados-nación, es decir, de los nacionalismos consolidados. Es tal el poderío que detenta el nacionalismo banal que no necesita reivindicar su nacionalismo para afirmar su personalidad colectiva, porque a diario lo hace por medio del lenguaje, la escuela, los medios de comunicación escritos y audiovisuales, los eventos deportivos, la colocación de sus símbolos en lugares bien visibles de los edificios centrales de cada municipio, en las fiestas patronales de cada temporada, en las grandes efemérides y también en las pequeñas, en los anuncios, etc. El nacionalismo banal no se ve a sí mismo como nacionalismo, porque entiende que todos los símbolos nacionales que rodean su espacio físico y simbólico han estado ahí desde el inicio de los tiempos. El nacionalismo banal se reproduce como un “hábito ideológico” y no entra a contemplar la posibilidad del momento, relativamente reciente, de su invención. Este nacionalismo piensa que es portador de lo que comúnmente se denomina “el sentido común”.

Cataloga a los nacionalismos periféricos como anómalos, propio de seres raros, extraños, disconformes, que no quieren adaptarse. Son los extremistas, los que viven en los bordes, gente indeseada que merece un severo correctivo (¡a por ellos, lololololo!). Como el nacionalismo banal no se ve a sí mismo como nacionalista, señala a estos nacionalistas periféricos como los únicos que portan el virus de esa ideología. El nacionalismo banal detecta fácilmente al otro pero es incapaz de detectarse a sí mismo. “Esta conciencia presenta el mundo de las naciones como un orden moral natural” porque el nacionalismo de estado ha sido capaz de calar hasta el tuétano de la población sobre la que interviene.


Esto se ve hoy muy claramente. Párate y contempla la gente a tu alrededor. Escucha las conversaciones. Mira las redes. Esta situación excepcional, hace que podamos observar, también de manera excepcional, cuánta razón se desprende del libro de Michael Billig. La discusión es imposible. En la película Matrix, Morfeo lo dice de esta manera: “Tenemos una norma. Nunca liberamos una mente al alcanzar cierta edad. Es peligroso, y a la mente le cuesta desarraigarse”.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Los mataguanches

Existe una larga tradición de matar guanches instalada en nuestra sociedad. Normalmente esto está asociado a un deficiente conocimiento de nuestra historia. La gente suele manejarse con cuatro generalidades que aprendieron en el colegio, en los entornos familiares o con amistades tabernarias. Y como si fuese resultado de un mantra que flota en el aire, reproducen tales banalidades y las defienden con determinación. La permanencia de un sistema educativo alienante y unos medios de comunicación reproductores de las cuatro simples ideas del viejo colonialismo, entorpecen la posibilidad de que en este pueblo se contemple el pasado sin complejos y falsas aproximaciones.

La reflexión anterior me vino dada después de asistir este siete de septiembre a la representación que los “guanches de Güimar” hacen en la fiesta de la Virgen del Socorro, en la playa de Chimisay. Asistí a ella con ojos de etnógrafo para anotar la existencia de los elementos más representativos del acto. 

Lo primero que me llamó la atención fue una abrumadora profusión de banderas españolas. Incluso bordeando la cruz de tea, lugar emblemático, porque en el pedestal en donde se encuentra se coloca la escultura de la virgen, centro del escenario de la representación. Cuatro ramas de palmera coronadas con cuatro enormes banderas españolas. ¿Pero qué sentido tienen esas banderas cuando la obra que se representa data de 1594 y en consecuencia aún no existía esa bandera? Es llamativo para comenzar.

Cuando arrancó el espectáculo un narrador puso en situación al público. Y entonces comenzaron los primeros disparos contra los guanches. La narración la basa en lo escrito por el dominico Fray Alonso de Espinosa, autor del libro sobre la virgen de la Candelaria escrito a finales del siglo XVI. Y se reproduce tal cual, con las mismas falsedades e invenciones tendenciosas que hiciera el dominico en su momento. Muchas partes de ese relato ya han sido desmentidas por la investigación histórica, hecho que parece no interesar al mantenedor de la fiesta, ni a sus promotores actuales, la parroquia local en este caso.

El narrador nos cuenta que la información referida a los actos que acontecen en la playa, fueron recopilados por el fraile dominico, quien pudo hablar con los últimos guanches antes de que estos muriesen. ¿Estuvieron esos últimos guanches esperando la llegada del fraile para, tras contarle que la virgen “apareció”, luego morir? Esto contado en el siglo XXI es ridículo, tanto como decir que la virgen se les “apareció”. Y no es que sea ridículo contar esto así en el siglo XXI, sino que los propios guanches en 1544 hablaron de la virgen que ellos habían “ayudado a hacer”, tal y como se nos demuestra documentalmente (Santana Rodríguez, Lorenzo: 2009), o bien en un relato posterior cuando se dice que fue “hallada”. Es decir, colocada allí ex-profeso por los misioneros mallorquines al objeto de comenzar “con su táctica de penetración evangelizadora”.

Por su lado, los güimareros que allí se visten a la usanza de los “guanches” para representar una obra “barroca” según el mantenedor, están atrapados bajo el argumentario de Espinosa. Uno, sufre parálisis en la mano que porta una piedra para lanzarla a la Virgen, el otro, se autolesiona con una tabona, cuando quiere atacar ese “objeto extraño” que se les cruza en el camino. Gesticulan pero no hablan, como si los guanches fuesen homínidos imposibilitados para el habla. Se golpean a modo de discurso en una mímica extraña por medio de la cual representan a gente bárbara.  Al fondo, los “trescientos”, se mantienen alejados y temerosos, hasta que Acaymo, rey de Güimar, se acerca a la talla de la virgen y se postra de rodillas. Todo ello es el relato interesado que necesitaban los conquistadores y evangelizadores, pero es insostenible históricamente. 

¿No pueden estos “guanche de hoy” hablar durante su representación? Podrían hacerlo en castellano o en tamazight (al menos usar algunas de las palabras documentadas), y mezclar ambos idiomas. Seguir manteniendo de manera literal la narración dominica no deja de ser, en la actualidad, una maniobra de carácter ideológico, igual que lo fue en su momento. 

Continuar matando guanches cultural y étnicamente se ve que es un ejercicio en pleno estado de forma, que desdeña reparar en la abrumadora evidencia histórica para poder construir una explicación más racional y verdadera acerca de nuestra historia. La descripción de la ideología del colonialismo-evangelizador ha sido desmontada gracias al trabajo de los investigadores e historiadores. Ahora debe ser también desvelada, rebatida e impugnada en su falsedad por la ciudadanía común. 


Las memorias colectivas se conforman de relatos compartidos acerca del pasado, pero nunca deben ser considerados inmutables. Cuando el peso de las evidencias los tornan ridículos, seguir manteniéndolos los transforma en parodias. La actual Cofradía de los Guanches del Socorro de Güimar tiene la oportunidad de poner remedio al asunto, si se compromete en la tarea de revisar y enriquecer su necesaria representación, que cada año congrega a miles de personas para contemplarlos.

domingo, 20 de agosto de 2017

¿Qué hacer con el islam?

Cada vez que se produce un atentado en suelo europeo las televisiones y los diarios se llenan de los consabidos tópicos: “no todos los musulmanes son terroristas”, “esto es una minoría”, “los yihadistas son unos descerebrados” “estas personas se radicalizaron rápidamente”, “la convivencia con los musulmanes es buena en los barrios”, “el verdadero islam no es violento”, y un largo etcétera que no es necesario repetir aquí. A ello se suma un periodismo trufado de amarillismo sensacionalista, de explotación del morbo visual, que en la sociedad actual es demandado por importantes porcentajes de la audiencia.

Como todos los tópicos estos tienen también un sustrato de verdad, necesario para poder construir un discurso completamente errado, y que no atiende a los problemas fundamentales que hay que abordar para afrontar con garantías de éxito las prácticas del terrorismo yihadista en las propias sociedades afectadas, de manera primordial Oriente Medio, el Asia musulmán y también en Europa.

Hay una responsabilidad histórica enorme del colonialismo europeo que explica en buena parte el fracaso del proceso de modernidad en esos países. Los intentos históricos que pudieron cambiar la dirección de las naciones árabe-musulmanas, se produjeron inmediatamente después de las independencias, tras la segunda guerra mundial. Son bien conocidos los proyectos laicos y nacionalistas que impulsaron Naser en Egipto, los “socialistas” iraquí y sirios, los revolucionarios argelinos del Frente de Liberación Nacional, aunque sin embargo siempre encontraron la oposición de las potencias colonialistas, Francia y Gran Bretaña y más tarde de los EE.UU, porque veían que con esos proyectos nacionalistas y laicos corría peligro su influencia, y con ello sus intereses petroleros, alimento esencial del modelo de desarrollo industrial occidental

En su detrimento apoyaron el surgimiento del islamismo político y dieron respaldo político, militar y financiero a las monarquías del golfo, de tal manera que pensaron que el fundamentalismo integrista sería el aliado ideal. Desde los años sesenta del siglo XX el fundamentalismo islámico suní, apoyado por Occidente, será el muro de contención de las revoluciones nacionalistas árabes. Hasta la década de los ochenta del pasado siglo las relaciones de fuerzas entre nacionalista e islamistas estaban equilibradas, pero tras la caída de la URSS y el nacimiento del mundo unipolar con EE.UU como potencia única, los nacionalistas perdieron apoyo internacional mientras los fundamentalistas lo ganaron.

A este respecto el caso del Líbano es paradigmático, Israel (que podemos considerar a estos efectos como país Occidental) estuvo muy interesado en promover el fundamentalismo durante la guerra civil libanesa (1975-1991), para con ello debilitar a las fuerzas nacionalistas laicas, tanto libanesas como palestinas, al objeto de fracturar la fuerza del enemigo. Lo consiguieron.(https://www.researchgate.net/publication/268172500_Historia_contemporanea_del_Libano_Confesionalismo_y_politica_1840-2005)

En épocas más recientes los desastres de las guerras que los EE.UU llevaron a Oriente Medido, con la excusa de llevarles la democracia, pero con la intención de quedarse con el petróleo que allí yace, es lo que terminó por desestabilizar completamente la zona. La historia posterior, incluidas las primaveras árabes, tuvo un saldo muy negativo para los pueblos árabes, hundiendo a estados sólidos que hasta entonces no eran lugares de promoción del terrorismo yihadista.

Mientras las potencias occidentales no asuman de verdad la necesidad de un cambio en ese mapa nada cambiará. Mientras se siga dando cobertura a Arabia Saudí, Qatar y otras monarquías ultrarreaccionarias del Golfo Pérsico, principales financiadores del terrorismo yihadista, nada cambiará. Mientras los negocios entre los saudí y el mundo occidental sigan viento en popa, las lágrimas que derraman los gobernantes occidentales cuando se producen atentados, lo son de cocodrilo.

Las reformas en las sociedades árabes necesitan apoyo de la UE, pero Europa primero tiene que abandonar los intereses comunes que mantiene con los principales financiadores del terrorismo yihadista. Y por otra parte, las poblaciones árabes han de reformarse en un sentido profundo, llevando a cabo, a su modo, una revolución del pensamiento que separe la religión de la política. Los árabes deben asumir que las creencias religiosas son un asunto individual, sin injerencia de la política ni del estado. Ese es un primer paso ineludible para poder avanzar en la superación de la situación. La segunda gran cuestión es que tendrán que transformar profundamente su legado machista y patriarcal. El papel de las mujeres es central para introducir un cambio de 180ª en el mundo musulmán. En el interior de esas comunidades las mujeres son las principales víctimas, no sólo del salafismo o los fundamentalismo más extremos, sino también del islamismo moderado, que tampoco abandona sus prácticas de dominación sobre las mujeres, ni separa la política de la religión. La mujer debe convertirse en un sujeto de derecho y político en igualdad de condiciones que los hombres. Las leyes de los estados árabes han de garantizarlo, y los dirigentes políticos tienen que aceptar el reto de educar a sus gentes, a los sectores ampliamente retrógrados que perviven, en los valores de igualdad entre el hombre y la mujer con la misma determinación que la defensa de una sociedad laica o aconfesional.


La solución al problema del terrorismo en Europa se encuentra en Oriente Medio y en el Norte de África. Los militantes yihadistas que viven en Europa quedarán disueltos sin el alimento financiero, ideológico, visual y anímico de las fuentes que los inspiran, porque el grueso de los militantes yihadistas de Europa son lumpen, marginados, personas que encontraron en las prácticas del terrorismo yihadista una vía de escape a sus frustraciones personales. Ellos solos se disuelven en el mundo de la delincuencia común, de la que, efectivamente, proceden muchos, sino todos estos cruzados musulmanes posmodernos.