domingo, 25 de junio de 2017

Africano el que no bote

En los prolegómenos del partido de play-off entre el Getafe CF y el CD Tenerife para disputar el ascenso a primera división de fútbol, grupos de aficionados del equipo madrileño coreaban el cántico “africano el que no bote”, con el ánimo de molestar a los aficionados del Tenerife que se habían desplazado a Madrid para apoyar a su equipo. 

El tema de África es problemático para nosotros, y los otros (getafeños, en este caso) es evidente que lo usan con ánimo de insulto racista. Esto no es nuevo. Cuando por las razones que sean (políticas, deportivas o de otra índole) se tensa la conversación o la convivencia, los españoles suelen soltar el latiguillo de que los habitantes de Canarias son africanos. También, y sin ánimo de ofensa, tal calificativo se ha usado a modo de relato descriptivo del pueblo de las Islas Canarias.

Para el primero de los casos me viene a la memoria un ejemplo muy gráfico. Tras el asesinato de Javier Fernández Quesada en la puerta de la Universidad de La Laguna, en diciembre de 1977, los disturbios alcanzaron todo el entorno urbano, y la confrontación entre policías y ciudadanía fue creciendo. La autoridad gubernativa de entonces trajo grupos especiales de antidisturbios de cuarteles de Toledo y Zaragoza. El terror policial que aplicaron contra la población de La Laguna de manera indiscriminada, iba acompañado del insulto: “Moros, canarios hediondos, indígenas”. Entonces era de sobra conocido que los cuerpos represivos habían sido adiestrados con manuales y principios fascistas, entre los que el componente racista tenía un lugar destacado, pero seguramente en ninguna otra ciudad del Estado hubieran llamado a los habitantes moros o indígenas, tal como hicieron aquí (Rosa Burgos, El sumario Fernández Quesada)https://www.amazon.es/sumario-Fernández-Quesada-histórica-Canarias-ebook/dp/B011C1EY0W

Pero no sólo bajo la presión de acontecimientos de alto voltaje se usó el calificativo de africanos, o su variable, moro o indígena. También en la producción científica de técnicos y políticos de la administración del Estado, con ánimo meramente descriptivo, se apeló a la raíz africana de los habitantes de las Islas. Decía en 1967 el general africanista José Díaz de Villegas, quien fue director general de Marruecos y Colonias que Ifni “era una isla más de aquel archipiélago varada en pleno continente”. Y más aún, la Alta Comisaría de España en Marruecos escribó un informe en 1946 en el que se dice: “La relación histórica, ininterrumpida y constante, mantenida con esos Territorios (se refiere Sahara, Ifni y sur de Marruecos) por el Archipiélago canario, sus afinidades raciales, su analogía geológica y la identidad de su clima son fundamentos suficientes para establecer que (…) las Canarias y la costa vecina del continente africano constituyen una unidad geopolítica”. (“La Labor de España en África”. Alta Comisaría de España en Marruecos, 1946).

Sin embargo, no es sólo problemático como en determinadas circunstancias los otros nos ven a nosotros. Sino también como nosotros mismos participamos de una visión racista sobre África, pero en este caso de la otra África, “la que no somos nosotros”. La ignorancia enorme que tenemos sobre este tema ha sido el resultado del discurso racista de nuestras élites ilustradas. Pocos han sido los que han pensado Canarias incorporando su legado africano. Normalmente se obvia, y preferimos vernos en el espejo de latinoamérica o de Europa, dejando de lado la herencia más problemática de nuestra identidad, que es precisamente la africana. Incluso, quienes se reivindican de la herencia aborigen, prefieren, normalmente, eludir el hecho de que tal reivindicación debería ir acompañada de un cierto discurso comprensible sobre África y nosotros. Algo de eso intenté con el libro Geopolítica. nacionalismo y tricontinentalidad(https://www.researchgate.net/publication/279220146_Geopolitica_nacionalismo_y_tricontinentalidadpero la tarea está por realizar en un 90%. Seguro que podremos encontrar algunas respuestas desde la perspectiva descolonial, sin imitar a nadie, siendo creativos a la hora de buscar respuestas a lo que se ha dado en llamar la tricontinentalidad de Canarias.


Así que a eso de “africano el que no bote”, yo no le respondería con indignación, sino, precisamente no botando.

miércoles, 14 de junio de 2017

La historia de España para la prueba de acceso a la Universidad (EBAU)

Este año tuve la experiencia de participar en la coordinación de la prueba de Acceso a la Universidad en la materia de Historia. Por el camino me encontré excelentes profesionales con los que he tenido la fortuna de trabajar. Y a la vez aprendí cual era el sentido profundo de la reforma educativa del ex ministro Wert, al menos, para la temática de la Historia. El ex ministro, y el equipo que lo rodeaba entonces, no tenían el más mínimo interés en plantearse una reforma que implicase una propuesta seria y rigurosa sobre la enseñanza de la historia. Sólo estuvieron interesados en sacar adelante una reforma que pusiese el acento en un relato nacionalista de la Historia de España.

Josep Fontana señaló en  2014, que la reforma del PP tenía la intención de “adoctrinar a las nuevas generaciones de españoles reduciendo su educación a la memorización de contenidos cuidadosamente seleccionados, que no dejen espacio al pernicioso ejercicio de pensar”. El temario que se obliga a impartir es de una amplitud enorme. El profesorado y el alumnado no pueden dedicarse a pensar, con esa tarea gigante de terminar un contenido para prepararse de cara a la prueba EBAU. Sólo pueden memorizar. Y lo que se memoriza es un contenido completamente desfasado, una lectura sesgadamente nacionalista de la Historia de España, desde la prehistoria hasta la actualidad.

Advertía Lucien Febvre en 1952, durante la IV República Francesa, sobre la necesidad de desenmascarar el uso de la historia como “forma disciplinada y regulada institucionalmente de memoria colectiva”. Decía en su famoso libro Combates por la historia que “Comprender no es clarificar, simplificar, reducir a un esquema lógico perfectamente claro, trazar una proyección elegante y abstracta. Comprender es complicar. Es enriquecer en profundidad. Es ensanchar por todos lados. Es vivificar”. Nada de eso es la finalidad que persigue la enseñanza de la historia para el alumnado de 2º de bachillerato. Por contra, se les enseña a memorizar un tostón cargado de los tópicos más absurdos del nacionalismo historiográfico, administrados en lo que denominan “estándares de aprendizaje evaluables”. En tales estándares hay un predominio enorme de contenidos dedicados a los “grandes” personajes de la historia. Los reyes, los primeros ministros, la aristocracia militar, los líderes políticos. Una historia política contada a la vieja usanza del positivismo decimonónico. Ni atisbo de la historia social ni de las gentes. Nada de la historia de las mujeres, nada de la historia de los pueblos y culturas diferenciadas que componen el actual Estado español. Los problemas medioambientales y el cambio climático no merecen la menor atención. En vano esperarás que este temario se ocupe de explicar la historia como un devenir complejo en tierras fronterizas, del cual los fenómenos migratorios son piedra angular. El enfoque acerca de la hibridación cultural (Peter Burke), el mestizaje y la "creolización" (E. Glissant) ni está ni se le espera. El desfase entre la historia que se exige a los alumnos de segundo de bachillerato y el mundo que los rodea es tan abismal que, simplemente, por penar el castigo de tenerse que prepara semejante contenido inútil, ya deberían estar todos aprobados de antemano.

La historia lineal que se obliga a aprender, como historia no problemática que es, no da opción a pensar otras explicaciones posibles. La historia no puede ser entendida como la lectura de un pasado que estaba condicionado a ser el presente que hoy es. Siguiendo a Chakrabarty, debemos proponer el estudio de los acontecimientos pasados como un repertorio de elementos que nos hablan de otras posibilidades y que nos enseñan a ver el presente como un “irreductible no-uno”. 

No es esa la intención de la reforma Wert para la enseñanza de la historia. Nuevamente el profesor Josep Fontana nos pone sobre la pista. “La Comunidad de Madrid impondrá un programa de enseñanza primaria en el que todos los alumnos madrileños deberán conocer 15 fechas obligadas, desde la llegada de los romanos a la Península hasta la entrada en el euro, pasando por las dos guerras mundiales y la guerra civil española (…). Esta nueva historia, «limpia de localismos», va encaminada a inculcar al alumno que «somos una gran nación, llevamos más de 500 años como esa gran nación, llena de riqueza y diversidad», según afirma el presidente de la comunidad, que añade: «Hemos sido un Gran Imperio, todo eso hay que conocerlo»”. Al ex-presidente Ignacio González, autor de dichas palabras, seguro que no le preocupaba lo más mínimo el hecho de que la enseñanza de la historia imperial dejase en la cuneta el conocimiento en beneficio de la propaganda. 

¿Y de Canarias, qué? Tras 34 años de autonomía con competencias plenas en educación, el desinterés porque se enseñe la historia de las Islas en bachillerato es clamoroso.

miércoles, 10 de mayo de 2017

La izquierda perezosa y Venezuela

Existe una tendencia muy arraigada en la izquierda política que consiste en permanecer agarrada a inercias históricas, incluso, cuando es evidente que las cosas han cambiado tanto que ya nada es como era. Seguro que todos tenemos ejemplos históricos a los que acudir para aseverar tal comentario. Para nuestra generación es central el ejemplo de Cuba y, más recientemente, el de Venezuela. Dos países que representaron en su momento la esperanza de un mundo mejor. Cuba desde 1959. Venezuela desde 1999.

Cuba dejó de ser esperanza hace mucho tiempo para los cubanos, los latinoamericanos, y los europeos. Mantuvo más o menos el tipo mientras el petróleo soviético sustentaba al régimen. Tras 1991, permanece en un sistema crecientemente minado por la desmoralización, la crisis económica y la corrupción.

Venezuela renovó las esperanzas con la llegada de Chávez al poder en 1999. En la década siguiente, el modelo contagió a unos cuantos países latinoamericanos. Pero desde la caída de los precios del petróleo (2008), que pasó de costar 140 dólares el barril a 45, las políticas expansivas y sociales de los gobiernos de Chávez comenzaron a tambalearse. Descontando las presiones externas y los permanentes intentos desestabilizadores y golpistas que ha tenido que confrontar la experiencia bolivariana, la falta de un modelo de crecimiento económico que no sólo se apoyase en la exportación de las materias primas, ha terminado por llevar a Venezuela a la quiebra económica y política. La especialización en exportación de materias primas como principal actividad económica, es un rasgo común de los países periféricos. Si esa lógica no la interrumpe un gobierno de izquierda entonces está alimentando las bases de su propio fracaso. Las consecuencias saltan a la vista.

Los sucesivos intentos de Maduro por saltarse las reglas del juego que los mismos bolivarianos habían aprobado, habla bien a las claras del momento extremadamente débil por el que atraviesa el poder revolucionario. (Para entender como están las cosas recomiendo esta entrevista a Edgardo Lander http://frontal27.com/edgardo-lander-ante-la-crisis-de-venezuela-la-izquierda-carece-de-critica/).

Aquí, sin embargo, la izquierda perezosa sigue en el mismo sitio. Salvando la cara del fracaso de Maduro, echando todas las culpas al imperialismo, lo mismo que con Cuba se las echan al embargo estadounidense, pero negándose a analizar en serio qué no ha funcionado tanto en el sistema cubano como en el bolivariano. Intelectuales de referencia de la nueva izquierda madrileña, continúan escribiendo textos de defensa del gobierno bolivariano, no sabe uno si cegados por las esperanzas depositadas en aquel proceso, o porque la autocrítica se le hace cuesta arriba.

La izquierda perezosa es transgeneracional. Sin embargo, mantiene en común una vieja práctica consistente en no moverse de la posición que una vez creyó que era la correcta. Como si el mundo no cambiara, como si los hechos históricos fueran de una vez y para siempre. Curiosamente, esa manera de pensar tiene más de idealista que de materialista, aun a pesar de que la izquierda se reclama de la órbita del materialismo.


Para que la izquierda pueda tener opción de gobernar aquí debe en primer lugar desesperezarse, mirar la realidad sin anteojeras prejuiciadas, ser honesta consigo misma y, rigurosamente autocrítica, porque si no termina pareciéndose demasiado a su antagonista, y haciendo bueno ese refrán conservador y tan del sentido común mayoritario de que, "más vale malo conocido que bueno por conocer”.

miércoles, 12 de octubre de 2016

La fiesta nacional en España y en los países cercanos

El 12 de octubre se celebra el “día de la hispanidad”, remoción semántica de la hoy imposible denominación “día de la raza”, que por decenios fue como se tituló a tal efemérides. El 12 de octubre glorifica la conquista de América. La celebración del colonialismo es pues la fiesta nacional. Los valores patrios del nacionalismo español, si entendemos que la fiesta nacional ensalza eso, siguen atrapados en un relato premoderno de festejo de hazañas de mal gusto.

Si prestamos atención a los países que son el espejo en el que nos miramos, los días señalados como fiesta nacional tienen una significación completamente distinta. Celebran la democracia, la república o algún proceso significativo en la construcción de imaginarios de progreso y civilización.

Los franceses celebran el 14 de julio, día del asalto a la Bastilla en 1789, y con ello el inicio de la revolución francesa. Los norteamericanos el 4 de julio, conmemorando su independencia del dominio británico. Los italianos en su fiesta nacional, señalada el 2 de junio, brindan por la república de 1946, tras la derrota del fascismo. Los alemanes celebran el 3 de octubre por su reunificación de 1990. Los portugueses señalan el fallecimiento del escritor Luís Vaz de Camoes ocurrido un 10 de junio (1580) como fiesta nacional. Los griegos ensalzan su No al ultimátum lanzado por Mussolini el 28 de octubre 1940. El 21 de julio, Bélgica, sede de la capital de la UE, celebra el día de su construcción nacional. Incluso, entre los bárbaros más próximos (los rusos, por supuesto) no se celebran conquistas ni colonialismos, sino el nacimiento de la nueva república (12 de junio) tras la desaparición de la URSS. El resto de países del mundo que fue sometido al colonialismo celebra como día nacional el que marcó su fecha de independencia, y con ello la derrota de las metrópolis.


El nacionalismo español desfila el 12 de octubre celebrando el colonialismo, y apostilla el mal gusto con los legionarios que marchan bajo la X Bandera Millán Astray.

martes, 4 de octubre de 2016

Los errores de las izquierdas nos dejan un PP para largo tiempo

No hay más responsable de la continuidad del PP en el gobierno durante un largo futuro que la mala gestión de los resultados electorales realizada por Podemos y el PSOE. Con las elecciones de diciembre de 2015 se abrió una oportunidad de oro para producir un cambio en el gobierno del estado, pero las apuestas tácticas realizadas por las izquierdas no convergieron para hacer de esa posibilidad una realidad inmediata.

El PSOE, asustado por la emergencia de Podemos, acostumbrado a jugar en la izquierda sin rivales, estuvo más preocupado de bloquear un acuerdo con Podemos que de buscar un entendimiento que permitiese iniciar un nuevo ciclo político en el país. Se enrocó en una propuesta que no tenía recorrido, pactando con Ciudadanos una investidura imposible. Sonaba más bien a una puesta en escena de una alternativa irreal, que a un interés serio por construir una opción de gobierno de cambio. El PSOE usó esa simulación para arremeter contra Podemos en vez de para garantizar la salida del PP del gobierno. Un error táctico que ha tenido consecuencias estratégicas demoledoras para el propio PSOE, y ha favorecido el manteniendo del gobierno de los populares, seguro en la próxima legislatura, y probable en alguna más. Tras las elecciones de julio las opciones se habían reducido considerablemente. El PSOE estaba más debilitado y su dirección crecientemente cuestionada, de tal modo que en estos últimos meses las opciones de un gobierno alternativo se habían reducido de forma muy considerable.

Por su lado, Podemos también gestionó mal los resultados de diciembre. Estuvo más preocupado de su rivalidad con el PSOE, de la disputa de ese espacio, que de plantear un gobierno que permitiera sacar al PP del poder. Un error táctico muy grave que también ha tenido consecuencias estratégicas para Podemos y para el conjunto de la izquierda. La puesta en escena realizada por la dirección del partido repartiendo los ministerios y siendo muy beligerantemente anti PSOE, fue una declaración de intenciones que ponía de manifiesto que no se contemplaba un acuerdo real de gobierno. El argumento para no buscar a toda costa un acuerdo con el PSOE fue que no bastaba con desalojar al PP, sino que también había que terminar con sus políticas. Y pareciendo razonable esa posición, sin embargo, lo urgente en aquel momento era, precisamente, desalojar al PP, porque de lo contrario no se podría expulsar al PP ni a sus políticas, sino que la falta de acuerdo terminaría fortaleciendo al PP, y hoy sabemos ya que a garantizarle por unos cuantos años el monopolio del poder político. (Sobre esto escribí en el mes de marzo: http://domingogari.blogspot.com.es/2016/03/sugerencia-tactica-pablo-iglesias-para.html)



Ahora todo terminará girando definitivamente hacia la derecha. El ciclo electoral que viene de los países europeos parece que reforzará a las fuerzas derechistas, cualquiera de los candidatos que gane la Casa Blanca en noviembre lo hará con políticas derechistas, y España que podía haber sido una excepción en sentido opuesto se mantendrá en esa misma ola. Una vez proclamado el nuevo gobierno se recomenzará con los nuevos recortes de gasto público, con el problema catalán empantanado, con las legislaciones regresivas en el plano social y de las libertades y con la insufrible y tendenciosa TVE promoviendo ideología conservadora a troche y moche.

jueves, 8 de septiembre de 2016

El 60% de Ana Oramas

Durante la sesión de investidura de Mariano Rajoy, en el turno de Ana Oramas, se produjo un intercambio de buenas palabras entre ésta y el presidente en funciones que resumo de memoria. Rajoy, respondiendo a la diputada de CC, dijo que en Canarias las cosas iban bien, que crece la economía y se reduce el paro, que las cifras dan razón a su buen quehacer económico. La diputada de CC contraargumentó que el crecimiento de la economía canaria no se debía a la acción del gobierno central, sino a una serie de imponderables de otra naturaleza y, en cuanto a lo del crecimiento del empleo apostilló que sí, que es cierto que ha crecido el empleo, pero que el 60% de los nuevos puestos han sido ocupados por personas que no son canarias. Y es posible que tal dato sea cierto, aunque debo decir que he buscado alguna fuente que me lo corrobore y no la he hallado. Siendo consciente de cómo funciona el mercado laboral en Canarias, en especial el sector turístico, la cifra puede ser perfectamente lógica. En realidad, diría que incluso en términos globales podría ser más alta, o al menos esa sensación se le queda a uno si se da una vuelta por las ciudades turísticas de Canarias, en donde cualquiera puede percatarse de que el grueso de la población trabajadora de la zona, efectivamente, no es isleña.

Dando por bueno ese dato de la diputada de CC, la pregunta que hay que plantearse seguidamente es ¿y qué ha hecho CC en varias décadas de disfrute del poder autonómico para que eso no sea así? Y la respuesta, que también le viene a uno inmediatamente a la cabeza es que no ha hecho nada. No ha formado a nuestra juventud en el trilingüismo o bilingüismo, tan necesario en una economía como la nuestra. El sistema educativo no ha cumplido la función central de adaptarse a la sociedad terciaria en la que vivimos. Más allá de producir leyes para favorecer la transformación del suelo en mercancía, los gobiernos autónomos han hecho una dejación notable de sus responsabilidades en cuanto a garantizar que la población de las islas pueda trabajar y ganar un sueldo digno (tasa de paro 27,3% para el II trimestre de 2016 según la EPA y ¡12 millones de turistas!). No ha hecho nada o casi nada para ir conquistando posiciones en los mercados de origen de nuestros productos (el turista). No ha hecho nada o casi nada para crear un sistema de reciprocidad entre el sector primario, el secundario y el turismo. No ha hecho nada o casi nada para profundizar una vía diversificadora de nuestra economía, aprovechando la coyuntura de desestabilización en el Mediterráneo, que nos permita salir de la extrema dependencia turística. 

Canarias es un territorio densamente poblado, pero los gobiernos autónomos no abordan este asunto con la seriedad que requiere. No podemos esperar que lo haga el gobierno central porque, en general, tiene una desorientación muy aguda acerca de Canarias, gobierne quien gobierne. No es extraño, también eso sucede en el mundo académico. Usando una terminología nacionalista diría que en Madrid, como centro del poder, y en la península, por extensión, no tienen ni idea de qué es Canarias ni de cómo se mueven las cosas por aquí. Esto, por otra parte, es histórico. Ya les pasó con Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Pero ahora estamos en otro mundo, con otras contradicciones y nuevas necesidades. Estamos en la UE y el mundo se mueve en grandes bloques geopolíticos, lo que no obsta para que podamos afrontar los problemas serios que tenemos en nuestro territorio y, que nadie, de ningún otro sitio, va a solucionar si nosotros mismos no lo hacemos.

Miguel Morey, que no es canario, ni vive en Canarias, sino que es profesor de filosofía en la Universidad de Barcelona y es especialista en Nietzsche y en Foucault, nos advertía en 1996 sobre la necesidad de mimar las islas. Entonces teníamos 1.606.534 habitantes (hoy estamos en los 2.100.306 [ISTAC]), y nos decía que: “Las islas son lugares singulares (…) Los islas son otro mundo (…) Las islas son sistemas con características diferenciales respecto a los continentes (…) se caracterizan por tener mayor valor ambiental, límites territoriales bien definidos, mayor proporción de zona litoral, recursos limitados (…) mayor inestabilidad biogeográfica, socioeconómica y cultural, mayor fragilidad y vulnerabilidad (todo ello) hace de las islas lugares a la vez privilegiados y amenazados, por lo que exigen una gestión más cuidadosa que los territorios continentales. Las amenazas provienen normalmente de las tierras continentales. Antiguamente se manifestaban preferentemente como incursiones armadas -piratería y guerras de conquista- mientras que en la actualidad son de naturaleza socioeconómica, siendo las más frecuentes el desarrollo industrial y el turismo”. La fragilidad y la vulnerabilidad de los espacios se produce por “la constante incorporación de nuevos elementos (vegetales, animales, personas) procedentes de fuera, capaces de producir cambios que podrían ser asimilados en territorios continentales, pero que no pueden serlo en las islas, produciendo desequilibrios a veces catastróficos”. La crisis que comenzó en 2008 y el desmesurado crecimiento demográfico de la década pasada son secuencias catastróficas para la población canaria. Concluye Morey citando a Towle, “las islas son como especies amenazadas”. No está de más señalar que Ed.Towle es un reconocido especialista e investigador para la conservación del medio ambiente en las islas pequeñas, particularmente del Caribe. Fue el impulsor de la fundación para los estudios insulares Island Resources Foundation (http://www.irf.org/about/) cuya sede material está en St.Thomas en las Islas Vírgenes (EE.UU.). Las islas, en este caso las nuestras, necesitan que se aborden los graves desafíos sin demora. Sin embargo, los sucesivos gobiernos autónomos no han estado a la altura de las circunstancias y no parece que estén por la labor de estarlo. 


sábado, 11 de junio de 2016

EL SENADO SÍ ES IMPORTANTE

Oímos decir con cierta asiduidad que el Senado sería mejor cerrarlo porque es una Cámara inútil, que no tiene una función específica, y que es un cementerio de elefantes. Y todo eso es cierto, al menos en parte. Pero no es esa la cuestión que nos interesa destacar ahora. Además de lo anterior, el Senado tiene una función de importancia notable, cuando no existen mayorías absolutas en el Congreso, y más cuando la mayoría del Congreso es distinta de la del Senado. Y eso es lo que va a ocurrir el próximo día 26 de Junio. El Congreso tendrá una mayoría de centro izquierda, y si no lo remediamos el Senado tendrá mayoría absoluta del PP.

¿Y qué puede hacer el PP con esa mayoría absoluta en el Senado? La Constitución lo dice claramente en su artículo 90. Si el Congreso remite un proyecto de ley al Senado, éste tiene, si está en disconformidad con dicho proyecto de Ley, la facultad de enmendarlo o vetarlo obligando a que el Congreso tenga de nuevo que volver a aprobar dicha propuesta de Ley, todo ello en un plazo que va de los veinte días a los dos meses, dependiendo de si la tramitación se hace por vía de urgencia o no.

En un escenario político tan complejo, en el que las mayorías se negociarán permanentemente, lo que hasta ahora ha sido una función menor del Senado puede jugar un nuevo papel. Primero de bloqueo de las decisiones tomadas en el Congreso, y después de desgaste de un presumible gobierno de centro izquierda, tratando de cortocircuitar las mayorías parlamentarias. Por usar un símil automovilístico, obligando al Gobierno y al Congreso a caminar con el freno de mano puesto, y calentar así toda la maquinaria.

El poder de veto del PP en el Senado puede ser suprimido si los resultados electorales consiguen que no disfrute de mayoría absoluta en la Cámara Alta, porque ese poder de veto sólo lo otorga la posesión de dicha mayoría. Por eso es clave el próximo 26 dejar sin esa opción al PP, si queremos que un gobierno de centro izquierda acometa reformas de gran calado sin tener la amenaza de veto pendulando como una espada de Damocles.


En el 20D no se tuvo en cuenta esta cuestión y ello trajo como consecuencia una abultada mayoría del PP. Ahora sería conveniente que esto no volviera a suceder, si no queremos ver como medidas políticas antiausteridad quedan encalladas en la procelosas aguas de la burocracia senatorial. El desafío que tiene planteado Unidos Podemos en Canarias es ampliar la base de representación senatorial, sumando a los dos logrados en diciembre de 2015 unos cuantos más. Ello ayudará a debilitar al PP y dar un empujón de gran valor a las fuerzas del cambio.