El 18 de julio es, quizás, el 16 de julio


El 18 de julio de 1936 quedó consagrado por el franquismo como el día fundacional del llamado “Movimiento Nacional”. Incluso, la fecha se elevó a la categoría de lo sacro con el sobre nombre de “espíritu del 18 de Julio”. Sin embargo, si observamos con atención la secuencia de los acontecimientos, podemos imaginar otra hipótesis. El verdadero punto de no retorno comenzó el 16 de julio, con la muerte del gobernador militar de Las Palmas el general Amado Balmes.

No se trata de afirmar que Balmes fuera asesinado. La investigación histórica no ha alcanzado un consenso sobre las circunstancias de su muerte. La versión oficial de la época habló de un accidente (¿y quién se cree esa versión?), mientras que algunos historiadores han defendido la hipótesis de un homicidio vinculado a la conspiración militar. Pero, al margen de cuál sea la explicación correcta, existe un hecho incontestable, y es que la muerte de Balmes alteró decisivamente el escenario político y militar de las horas siguientes.


La secuencia es la siguiente.


16 de julio, Amado Balmes muere, por arma de fuego.


17 de julio, por la mañana, Franco viaja desde Tenerife a Gran Canaria para asistir al funeral. El desplazamiento posee una cobertura institucional impecable y evita cualquier sospecha sobre sus movimientos.


17 de julio, por la tarde, el ejército de África inicia la sublevación en Melilla, extendiéndose rápidamente al Protectorado español de Marruecos.


18 de julio, de madrugada, Franco despega desde Gando en el Dragon Rapide rumbo a Marruecos para asumir el mando del ejército de África.


18 de julio, la sublevación se extiende por buena parte del territorio peninsular.


Vista desde esta perspectiva, el 18 de julio se lee como un eslabón de una cadena de acontecimientos iniciada al menos dos días antes.


Existe otro aspecto menos comentado, pero igualmente revelador. Si el régimen franquista convirtió el 18 de julio en su gran efeméride oficial, estaba enviando también un mensaje político sobre el espacio donde decía haber nacido la “nueva España”.


El golpe comenzó materialmente en el Protectorado de Marruecos y dependió, en buena medida, de la operación desarrollada desde Canarias. Sin embargo, nada de ello fue elegido referencia simbólica. El franquismo prefirió identificar el origen del régimen y de la nueva España, con el momento en que la sublevación alcanzó la Península. No parece una decisión casual.


Desde esa óptica, tanto Marruecos como Canarias aparecen relegados al papel de territorios instrumentales, indispensables desde el punto de vista militar y logístico, pero secundarios en la construcción del relato nacional. Fueron el escenario donde se preparó y puso en marcha la operación, pero no el lugar donde el régimen quiso situar su mito fundacional.


La historia oficial ocultó una geografía incómoda del golpe de Estado. La conmemoración del 18 de julio invisibilizó que las primeras piezas del mecanismo se activaron fuera de la Península, en espacios coloniales y periféricos cuya función fue esencial para el éxito de la conspiración, pero que no tenían ningún papel relevante que jugar en la construcción del nuevo nacionalismo español.

 

 

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