Candelaria/Chaxiraxi: cuando ser guanche dejó de ser una cuestión de sangre para convertirse en cultura

Candelaria/Chaxiraxi

El “Pleito de los Naturales” fue un conflicto jurídico y político que enfrentó, entre 1578 y 1601, a los guanches de Güímar y Candelaria contra el Cabildo de la isla y los frailes dominicos. El motivo de la disputa era el derecho a portar las andas de la Virgen. Los guanches defendían que ese privilegio les correspondía porque la Candelaria formaba parte del imaginario simbólico de su comunidad desde antes de la conquista, y ahora sentían que eran expropiados de esa tradición por el Cabildo y los frailes.

¿Quiénes eran esos «Naturales» que reclamaban sus derechos? Una lectura de la documentación nos permite observar un proceso de reconfiguración identitaria que podemos definir como etnogénesis. La antigua tradición guanche vinculada a la Candelaria no quedó limitada a los descendientes biológicos de la población anterior a la conquista, sino que fue incorporando a otros grupos que asumieron como propios sus símbolos, prácticas y rituales.


Los naturales que iniciaron el pleito eran mayoritariamente guanches, pero también había portugueses y canarios. Por tanto, a finales del siglo XVI la condición de «natural» parece desbordar la estricta descendencia biológica. La pertenencia comenzó a definirse por la participación en unas prácticas culturales compartidas.


Algo semejante puede observarse en el fenómeno de los alzados, entre los que encontramos berberiscos, gomeros y personas originarias de otros grupos indígenas de las islas. Las fronteras de pertenencia eran más permeables de lo que podría sugerir una concepción exclusivamente biologicista de la identidad.


Este fenómeno fue bastante común dentro de las sociedades coloniales. Procesos semejantes de etnogénesis pueden observarse entre los mapuches de Chile y los guaraníes de Paraguay. Un ejemplo especialmente significativo es el de la Virgen de Guadalupe en México. Inicialmente vinculada de manera muy estrecha al mundo indígena, terminó siendo incorporada también por mestizos, criollos, afrodescendientes y otros grupos que hicieron suyo aquel universo simbólico.


Con la Candelaria/Chaxiraxi encontramos un proceso comparable. La identidad guanche que emerge de este contexto no depende únicamente del origen de los individuos, sino del mantenimiento de determinadas fronteras culturales. Lo decisivo ya no es exclusivamente de dónde se procede, sino la participación en los rituales, símbolos y memorias de una comunidad y el reconocimiento de ese patrimonio como propio.


La conquista no produjo la desaparición de una cultura y su sustitución por otra. El mestizaje colonial abrió un proceso permanente de apropiaciones, negociaciones y resignificaciones en el que se construyeron nuevas formas de pertenencia. La identidad guanche sobrevivió precisamente porque fue capaz de transformarse e incorporar nuevos sujetos.


La Virgen de la Candelaria y todo el espacio asociado a ella —la cueva de Achbinico, la playa, el barranco y el conjunto del paisaje ritual— funcionaron como un poderoso centro de integración social. Allí coincidieron los guanches de “sangre” con los guanches de “corazón”. La defensa del derecho a portar las andas no representaba únicamente un privilegio religioso, sino que suponía reivindicar y compartir una determinada memoria, y una interpretación del pasado de Tenerife.


Candelaria/Chaxiraxi: cuando ser guanche dejó de ser una cuestión de sangre para convertirse en cultura

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