Entrevista en La Provincia 28 de marzo 2020





Mariano de Santa Ana
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Si la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 se hubiese prolongado unos meses más, es altamente probable que Canarias se hubiese convertido en una posesión norteamericana. Durante aquella contienda, en la que España perdió sus posesiones ultramarinas de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam, el temor a una invasión del Archipiélago por parte de la que entonces despegó su trayectoria hasta convertirse en la primera potencia mundial, hizo cundir el pánico en las Islas. De todo ello habla el historiador Domingo Garí en El expansionismo norteamericano a las puertas de Canarias en 1898 (Le Canarien Ediiones, 2019), un libro que combina el rigor investigador con una narración trepidante que hace difícil separarse de sus páginas hasta la conclusión de la lectura. Garí, profesor titular de Historia en la Universidad de La Laguna y autor, entre otros libros, de La ONU, Canarias y las descolonizaciones africanas; Geopolítica, nacionalismo y tricontinentalidad y El caso Bartolomé García Lorenzo, aborda en esta entrevista algunas de las cuestiones que centran las páginas de su última obra.

Para empezar le pido algo que no entusiasma a los historiadores: un ejercicio de historia contrafactual. Pongamos que tras la guerra hispano-norteamericana de 1898, Canarias pasa a convertirse en posesión de Estados Unidos. ¿A cuál se asemejaría más su estatus político, al de Cuba, al de Puerto Rico o al de Filipinas? 
El tema que propone en su pregunta es interesante para escribir una novela ucrónica. Pienso que por nuestras similitudes territoriales y demográficas nos hubieran tratado igual o de manera muy parecida a Puerto Rico. 
Por qué por nuestras similitudes territoriales y demográficas con Puerto Rico ¿Le importa abundar en ello? 
De los tres archipiélagos que se encontraron en medio de la guerra, dos son claramente muy distintos del canario. Filipinas salta a la vista, contaba en 1898 con 7.832.719 habitantes, y tiene una superficie de aproximadamente 300.000 km2, está compuesto por 7.107 islas. Por su parte, Cuba tenía una población de 1.572.797 habitantes sobre una superficie de 109.884 km2. Es un archipiélago compuesto por dos islas mayores, la propia Cuba y la Isla de Pinos, esta última con una superficie similar a la de Tenerife. Además tiene 4.000 islas, isletas y cayos. Canarias entonces tenía una población de 339.203 habitantes sobre una superficie de 7447 km2. Por su parte, Puerto Rico tenía una población de 953.243 habitantes, distribuidos sobre una superficie de 9.104 km2 de los cuales más de 8.000 corresponden a la Isla de Puerto Rico propiamente y el resto a varias decenas de islas, islotes y cayos. Obviamente, si tenemos que elegir elementos de parentesco territorial y demográfico no queda otra que hacerlo sobre Puerto Rico. Luego hay evidentes diferencias con ellos, entre las cuales destaco la rivalidad
interinsular que se da entre nosotros y que no puede darse entre ellos. No es un elemento menor, porque lo que aquí llamamos el insularismo ha actuado como un elemento retardatario y empobrecedor de la realidad política en Canarias, y ha sido la expresión constante de una clases dirigentes mediocres y reaccionarias. Por otra parte, sí hemos compartido con Puerto Rico, además de los rasgos antes señalados, el hecho de ser islas pequeñas con una importancia geoestratégica grande.
Vayamos al comienzo. ¿Cuándo empezó a haber temor de que Canarias pudiese ser invadida por Estados Unidos?
Digamos primero que nada que, en cierta forma, el temor ya había comenzado para los canarios desde 1895, cuando se iniciaron los reclutamientos forzosos de jóvenes para llevarlos a la guerra contra los independentistas en Cuba. En segundo lugar, el temor a la invasión norteamericana comenzó desde los primeros días de abril de 1898, incluso antes de que se desatase materialmente la confrontación entre España y los EE UU que dio comienzo el 25 de abril. Las primeras tropas de refuerzo salieron para Canarias desde Cádiz el 2 de abril. La perspectiva de peligro inminente se instaló tras la guerra naval en Cavite, Filipinas, el 1 de mayo. Ese día los norteamericanos destrozaron a la armada española desplegada en la zona. El mito de la poderosa defensa española se hizo añicos, y paralelamente el temor aumentó en las Islas al conocerse la noticia. La derrota de lo que quedaba de la flota española en Santiago de Cuba remachó esta sensación. Efectivamente, tras el bloqueo y posterior hundimiento de la flota de Cervera en la bahía de Cuba el 3 de julio, España ya quedó sin posibilidades de oponerse a los norteamericanos. Desde entonces la histeria se aceleró en estas Islas, pensando que cualquier noche podían entrar los navíos enemigos. Los sectores militaristas partidarios de la guerra no querían tomar conciencia del asunto y seguían manifestando bravuconadas fuera de la realidad. En las semanas posteriores comenzó a llegar la información verdadera sobre el hundimiento de la flota, y entonces la impresión de que el Archipiélago iba a ser invadido se acrecentó. La gente huyó masivamente al interior de sus respectivas islas para librarse de los cañonazos que la escuadra americana podría propinarles. 
¿Cuál era la capacidad defensiva del Archipiélago y qué medidas se tomaron ante la posibilidad del ataque Norteamericano? 
No existía ninguna posibilidad defensiva. La propaganda de los periódicos, es decir, de la información que salía en ellos, elaborada por minorías vinculadas al poder y por los militares hacían creer que las Islas estaban protegidas, pero no era así. No existían defensas dignas de tal nombre, el armamento era obsoleto para entrar en lucha de infantería, y los cañones, que apresuradamente se colocaron en los principales puertos, eran insuficientes ante el poder de fuego de la armada norteamericana. En los informes militares que se realizaron un año después de finalizado el conflicto así se reconoce.
¿Cómo reaccionaron los potencias europeas ante la eventualidad de la invasión? 
En un primer momento las principales potencias, Gran Bretaña, Francia, Rusia y Alemania hicieron llamamientos a favor de una acuerdo negociado para no llegar a la guerra. Ni los Estados Unidos ni los militares y la élite política españoles escucharon esas peticiones. Los Estados Unidos querían las colonias españolas por la buenas o por las malas. Los militares en España querían la guerra sin atender a ninguna otra consideración. Esto queda recogido en las memorias de León y Castillo y también en la relación epistolar entre Villalba Hervás y Patricio Estévanez. Una vez desatada la guerra, los EE UU exigieron neutralidad a las potencias y la petición fue aceptada, aunque bajo cuerda era obvio el apoyo británico hacia ellos, pero siempre tratando de mantener apariencia de neutralidad, dado el interés que los británicos tenían en nuestras Islas. Los franceses jugaron la carta de proponerse como negociadores para la firma de la paz, como efectivamente terminó ocurriendo. Por otra parte, hay que señalar que ninguna de las potencias europeas quería una ocupación militar por parte de los EE UU, todas tenían intereses propios en Canarias. 
A propósito de Francia, en el libro cita una noticia de época aparecida en el periódico ‘Chronicle’ que dice que este país prestó 400.000 millones de francos a España y que, a cambio, España habría ofrecido a Canarias como garantía. 
El asunto de la compra o hipoteca de las Islas, o de alguna de ellas, estuvo siendo la comidilla en la prensa local e internacional en 1898 y en los años posteriores. Esa noticia concreta a que hace referencia se produjo en medio del conflicto. Fue publicada en la prensa norteamericana, y podría no ser del todo infundada, dadas las cuentas ruinosas de la hacienda española, y el hecho que se diera pábulo a tal posibilidad por parte de destacados políticos e intelectuales isleños, aunque muchas veces solo fuese para mostrar incredulidad sobre que eso pudiese suceder. Los cierto es que en los años posteriores cuando los rumores sobre la venta de Canarias resurgieron, la prensa local pedía al gobierno de Madrid un desmentido tajante de tal rumorología, que sin embargo nunca sucedió, o al menos a mí no me consta. Hay que recordar que otras islas del imperio fueron vendidas en esa época, por ejemplo Las Carolinas y Marianas a Alemania por 25 millones de pesetas.

Como en todas las guerras, en esta no faltaron los espías. En Canarias, según cuenta en el libro, lo fueron hasta personajes con reputación en la historia insular como Thomas Miller. 

En toda guerra el papel del espía es fundamental. Transmite información desde el campo enemigo. Esa fue una de las tantas desventajas que tuvo España en relación a los EE UU. Mientras en las Islas se hablaba abiertamente de que personas de la comunidad británica informaban a los norteamericanos, apenas ocurrió a la inversa, no ya para el caso de Canarias, sino para el del conjunto del país. En varias ocasiones se detuvo a personas acusadas de estar recogiendo información para mandar a los EE UU. Normalmente la información versaba sobre el estado de las defensa, número, disposición, y el ánimo de la población. El caso más sonado de todos fue el del agente consular norteamericano en Gran Canaria, el súbdito británico Thomas Miller, que fue detenido mientras intentaba mandar un cable telegráfico a Washington anunciando la llegada de las primeras tropas de la Península a mediados de abril. Fue detenido por los militares y advertido de que podría ser fusilado si continuaba pasando información.
 ¿Qué fuentes ha manejado para escribir el libro? 
Las fuentes primarias que utilizo son las archivísticas . Los documentos encontrados en el Archivo Regional Militar de Canarias, y luego en algunos archivos municipales. También es muy importante base documental la prensa norteamericana de la ciudad de Nueva York, que es donde estaban, y siguen estando, los principales diarios de aquel país, y de Puerto Rico. Además, utilizo documentos elaborados por testigos de época que acompañaban a los almirantes de la armada estadounidense. Por otra parte, es esencial la prensa canaria, porque nos ayuda a recomponer la visión que las elites insulares tenían del conflicto, así como memorias de destacadas personalidades insulares. En último lugar, uso la bibliografía sobre el tema, y otra que sirve para contextualizar aspectos concretos del trabajo. 
Háblenos de lo que en un capítulo llama “problemas en el frente interior”. Cita al respecto una información del Daily Cronicle según la cual el Departamento de Guerra de Estados Unidos anunciaba una “inminente insurrección en Canarias”. 
La situación en el interior de las Islas era muy complicada. Los campesinos fueron reconcentrados durante tres meses en campamentos militares. Esto implicaba que la población masculina no podía atender sus labores agrícolas. En una sociedad muy pobre y que vivía en economía de subsistencia suponía un drama enorme. La llegada de tropas peninsulares, con numeroso componente lumpen, agravó lo desencuentros y el descontento. El hambre, el miedo, la represión y la tensión generada por los acontecimientos eran un caldo de cultivo objetivo para que aumentase el descontento social. Que esta situación pudiese ser contemplada por los espías norteamericanos como indicio de insurrección, entra dentro de lo posible. Por otra parte, tampoco podemos olvidar que en tiempos de guerra la falsa información se usa frecuentemente para atacar el flanco psicológico del enemigo. Tras la firma de la paz lo que ocurrió fue un aumento de la pequeña delincuencia, y entonces las clases dirigentes clamaron porque se hiciese efectiva la llegada de la Guardia Civil, que finalmente llegó por primera vez a las Islas hacia finales de Año. A propósito del componente lumpen de la tropa que menciona, la prensa de la época habla del aumento de robos en casas y ‘Diario de Las Palmas’ dice incluso que en la Playa de Las Canteras los soldados se bañaban desnudos a centenares, obligando a los vecinos refugiarse en sus casas o abandonarlas. “La verdad”, afirma el periódico en la cita que recoge, “es que si esto se tolera ya no sabemos si vivimos en un país culto o en el centro de África”. 
Tal comentario de la prensa pone de manifiesto el calado racista que formaba parte de la mentalidad de los grupos dirigentes. A decir verdad, la sociedad de finales del XIX era muy clasista y también racista. La base ideológica de los grupos dominantes canarios era el nacional-catolicismo, exactamente el mismo componente ideológico que primaba en los sectores conservadores, y en muchos liberales, del conjunto del estado. La construcción de la identidad nacional española en Canarias fue la elección de las élites insulares en ese momento. Esa elección dejó de lado la apuesta por construir una identidad nacional canaria. De ahí arranca, a mi juicio, el profundo arraigo del nacionalismo español en Canarias, primero en las élites y en las décadas posteriores en la gran mayoría del pueblo. 
Cuenta igualmente en el libro que hubo también en el Archipiélago quien, en esta coyuntura, abogó por su independencia. ¿Puede abundar en esta cuestión? 
Hubo acusaciones por parte de alguna prensa, y de algunos diputados del Congreso, como el conservador exministro de Gracia y Justicia Robledo, sobre planteamientos separatistas en las Islas. Pero no era verdad. Lo que sí hubo fueron muchas voces en la prensa insular que pedían la autonomía, y lo hacían precisamente para abortar cualquier intento de planteamiento independentista que pudiese surgir. Esta gente era de la opinión de que si en Cuba y Puerto Rico se hubiese desarrollado un estatuto de autonomía no hubiese crecido la marea independentista. Los autonomistas canarios de entonces estaban representados por los republicanos y los progresistas, y es una pena que no se le haya dado la suficiente relevancia en todos los debates en nuestra actual autonomía a esa cuestión. 
Lo que sigue teniendo relevancia en nuestra actual autonomía es el pleito insular, que no se detuvo ni durante la guerra, como explica en su obra. ¿Le importa relatarnos los episodios pleitistas de entonces? 
El pleito insular es la manifestación más palmaria de la incapacidad de las élites dirigentes de construir un proyecto unitario y autónomo. Si la autonomía no fue posible tras 1898, se debió al insularismo. Los dirigentes laspalmenses y santacruceros estaban en un disputa enorme por la hegemonía política y económica, que finalmente desembocó en la división provincial de 1927, en vez de en un estatuto de autonomía como hubiera sido lo razonable. Si no es porque aún hoy el insularismo tiene una presencia enorme, no podríamos más que troncharnos de risa al leer los intercambios de pareceres sobre qué isla sería atacada primero, si Tenerife o Gran Canaria. Y en consecuencia cuál sería la que se colocaría la gloria de haber derrotado al expansionismo norteamericano en las Islas. Pocas cosas más delirantes que esas pueden encontrarse.
A propósito de lo delirante. Una de las fuentes que recoge, el periódico ‘Eco del Valle’, dice que “por la fuerza o por el dolo” el Archipiélago podía caer en manos de grandes o pequeños países de Europa, como Inglaterra, Bélgica, Portugal o Grecia. A no ser que fuese una ironía, lo de Grecia tiene un punto demencial. 
Creo que tiene un sesgo irónico, sí. El nivel de desmoralización era grande. Después de meses de propaganda y de mentiras difundidas por los militares y los poderes políticos y mediáticos, repitiendo que España tenía una flota formidable que sería capaz de derrotar a los EE UU se toparon con la cruda realidad. Sumidos en la depresión tras la derrota, los hasta ese momento propaladores de la valentía indestructible del soldado español se vinieron abajo. El tono quejumbroso y descreído sustituyó al ufano y altanero que había predominado desde mucho antes de que se iniciara la guerra.

La colonia y la nación

El 14 de enero, el profesor y africanista Víctor Morales Lezcano impartió una conferencia en el Instituto de Estudios Canarios titulada: Pérez Galdós: Descifrando Aita Tettauen. Con su amenidad y vasta cultura nos mantuvo interesados al pequeño grupo de asistentes, casi todos profesorado de distintas disciplinas de la ULL.

Nos desveló detalles desconocidos de la vida del célebre literato grancanario, y al compás de la novela tratada anduvimos construyendo imaginarios sobre la presencia española en el norte de África, en el contexto de la guerra de 1859-60. Una breve guerra colonial en el Marruecos que disputaba España.

En la parte final de su intervención hizo una referencia a la guerra de 1898, que enfrentó a los EE.UU contra España. Nos dijo que había escuchado algunas veces a sus padres decir que Canarias no se había independizado en ese momento de pura chiripa (no es literal). Una reflexión muy pertinente, porque entre los meses de abril y julio de 1898 esa posibilidad existió. Si se estudian los acontecimientos sucedidos en ese periodo puede darse una explicación bastante convincente. Enseguida me vino a la mente mi respuesta que hoy escribo.

El empeño por construir la identidad nacional española era ajena a la gran mayoría de la población, la cual era campesina, analfabeta y esclava de las condiciones sociales de pobreza extrema y de explotación desmedida.

No existía una república de las letras interesada en tal empresa. La intelectualidad canaria que abogaba por esa solución estaba en la emigración. Era débil y escasa. La que se encontraba en el interior de las islas mayoritariamente estaba apegada a la oligarquía colonial y al poder militar. 

La preocupación que manifestaban los militares estaba centrada en el desapego de los campesinos canarios respecto a la “defensa de la patria”. Cuando las islas se enfrentaron a la tesitura de ser atacadas por los norteamericanos, las poblaciones campesinas fueron reconcentradas en campamentos militares para mantenerlas sujetas bajo la disciplina castrense. Lo mismo se había hecho en Cuba.

En ese momento Canarias está debatiéndose entre la colonia y la nación. Las amplias masas subalternas viven en un régimen colonial, son ignoradas, no tienen voz, y tampoco capacidad de organización, su única arma es el nomadismo, escapar hacia las repúblicas libres de América. Las élites se decantaron por la integración en la nación española. Entre 1898 y 1940, las islas, bajo la batuta de sus clases dirigentes, abrazaron el proyecto nacional de España sin que ninguna identidad nacional canaria canalizase una alternativa, tal como había ocurrido en Cataluña y Euskadi.

Canarias entró en el ciclo de la modernidad manteniendo los rasgos fundamentales de su historia colonial. Esta aseveración que a día de hoy puede sonar intempestiva es fácil rastrearla en la documentación militar y civil que cito en mi libro, El expansionismo norteamericano a las puertas de Canarias en 1898.


Látigo Negro, comunista y anticolonialista

Al escribir el título de este pequeño homenaje en recuerdo de Carlos Suárez, los dos adjetivos me parecieron de una densidad brutal y enorme. Estos conceptos están en desuso, pero sin ellos no podemos entender los 70’.

El jueves 27 de junio de 2019 murió Carlos Suárez Cabrera. Para las generaciones jóvenes no tiene ningún significado, incluso para la ciudadanía no tan joven de fuera de Gran Canaria tampoco. Esto es el reflejo de dos problemas fundamentales que tiene la sociedad canaria. El primero, es el desconocimiento muy profundo que hay sobre la historia de las islas. El segundo, tiene que ver con el peso decisivo de la realidad insular en este archipiélago. Estos problemas ya existían en la época de la dictadura y de la pre-autonomía, pero tras 40 años de autonomía y de democracia es incomprensible que sigan perviviendo.

Carlos Suárez jugó un papel fundamental en la lucha contra la dictadura, organizando y movilizando a los trabajadores. Pero a partir de 1973 no se puede hablar de Látigo Negro sin asociarlo a la lucha por la independencia de las islas. Carlos aunó la cuestión nacional con la social. La clandestinidad le obligó a ir a Madrid y luego a París para garantizar su seguridad. Cuando se separó de la disciplina del PCE, tras su regreso de Europa a comienzo de los años 70’, aún permanecía en la clandestinidad, primero en Tenerife y después en Gran Canaria, desde donde afrontó, junto con otros, la tarea de crear un partido comunista de obediencia estrictamente canaria. Así es como nació el Partido Comunista Canario (provisional), y un poco después es pieza central, junto con otras camaradas, en el nacimiento del Sindicato Obrero Canario (SOC), abriendo el camino al sindicalismo nacionalista en la transición. Para Carlos fue muy importante siempre la camaradería de su prima Ana Doreste, luchadora abnegada como él. En la isla de Tenerife, el camarada que coordinó su trabajo con Carlos, también desde su despacho de abogado laboralista, fue Alfredo Horas.

Cuando los años efervescentes llegaron a su final, y la transición política se consolidó en los términos que conocemos, las esperanzas de un cambio revolucionario en Canarias quedaron frustradas, entonces Carlos se retiró de la actividad política y se dedicó, casi en exclusividad, a su tarea como abogado laboralista. La estabilización de la autonomía, el desarrollo del estatuto y la consolidación de los escenarios políticos institucionales tras el triunfo socialista de 1982, alejaron en su perspectiva las opciones de la revolución socialista y anticolonial en las islas.

Carlos era un tipo afable. Yo lo conocí en enero de 1989. Por aquel entonces estaba aún buscando documentación y haciendo entrevistas para mi tesis doctoral, dedicada al estudio de la estrategia política y el pensamiento político del nacionalismo canario. Carlos accedió a que lo entrevistase, y buscó hueco en su repleta agenda de reuniones, que mantenía con distintos colectivos de obreros, principalmente los guagüeros de Las Palmas. Nos vimos a la caída de la tarde, aunque la gente no dejaba de entrar en el despacho y el teléfono brincaba cada pocos minutos. Aún persistían los ecos de la exitosa huelga general del 14 de diciembre de 1988, en la que los guagüeros de Las Palmas jugaron un papel central para su rotundo éxito en esa isla. Nos fuimos a una habitación secundaria del despacho y allí grabamos.

En su libro autobiográfico Mañana será mejor, dejó constancia del relato intenso y apasionado de su vida de activista desde la clandestinidad hasta finales de los años setenta. Un tiempo histórico que lo llevó desde el PCE al activismo anticolonial.

Con Carlos se apaga uno de los testigos más representativos de la última generación que vivió de manera convencida los valores de la modernidad. La utopía comunista significaba el horizonte de un mundo de iguales en el que la explotación de clase y nacional serían superadas. Sus debates versaban sobre problemas tácticos y propuestas estratégicas. El lenguaje clásico dentro del marxismo se maneja con naturalidad cotidiana. Prosoviéticos, maoístas, trotskistas, anticolonialistas, eran todas formas de autoreferenciarse y de reconocerse ante los demás. Para las nuevas generaciones universitarias, incluidos los estudiantes de humanidades o ciencias sociales y políticas, ese universo es incomprensible, lo que nos advierte claramente del final de ese tiempo histórico.

En el transcurso de las revueltas de los años 60’ Mao pronunció la frase: “Hay un caos absoluto bajo el cielo; la situación es excelente”. La idea reflejaba bastante bien el espíritu de los revolucionarios del siglo XX. En las entrevistas que mantuve con Carlos me transmitió esa misma idea cuando se refería al segundo quinquenio de los años 70’, momento en el que parecía posible la revolución en las islas. Sus palabras fueron: “Había que agudizar las contradicciones; lo que importaba era el caos soberano”.

El mundo líquido y neoliberal acabó con estas figuras “endiabladas” del siglo XX, y nos sumió en la deriva de destrucción ecológica, económica y política en la que nos encontramos. Creo que Carlos entendió también que tras la derrota de los 70’ todo sólo podía ir a peor.

Canarias en portada. Cómo se manipula la historia

El día 10 de junio la RTVC emitió el programa Canarias en portada, dedicado a 4 momentos de la historia reciente. La primera narró los sucesos de Sardina del Norte de 1968. La segunda nos acercó al feminismo del momento de la transición. La tercera versó sobre las reivindicaciones y represiones sobre el movimiento gay. El cuarto, que es el que me lleva a escribir estas líneas, trató sobre el asesinato cometido por la policía en el barrio santacrucero de Somosierra. Ahí fue acribillado en 1976 el joven Bartolomé García Lorenzo, sin venir a cuento.

Sobre este asunto, y para quien esté interesado le remito a mi libro El caso Bartolomé García Lorenzo y otros ensayos de historia reciente. Lo que quiero resaltar aquí es que el documental, de manera completamente tendenciosa, vuelve a sacar a la luz la falsa acusación de que en el caso Bartolomé estaba por medio el MPAIAC, acusación que quedó desmentida en el juicio, además de no contar con credibilidad desde el mismo momento en que los propios policías que asesinaron a Bartolomé hicieron circular el bulo para usarlo como coartada en el juicio al que fueron sometidos, con la intención de poder acogerse a la ley de amnistía de 1977.

¿Por qué en un programa que trata de contar la historia reciente de estas islas al gran público, se vuelve a dar pábulo a cuentos de esta naturaleza? No es excusa que la declaración la haya realizado un periodista al que se le entrevista, porque a mí se me hizo también esa pregunta, y yo desmentí tajantemente tal afirmación pero, sin embargo, esa parte fue ignorada en el documental.

Les mandé a los responsables del programa el libro antes mencionado y recalqué algunas ideas cuando realizamos la entrevista en la Universidad de La Laguna, y una de ellas era precisamente esa. Bartolomé NO era miembro del MPAIAC. El Rubio tampoco. Hicieron caso omiso. Les interesa seguir dándole coba a la mentira de la policía de entonces, usando para ello la opinión de un periodista que no se ha molestado en comprobar las habladurías de las que se hizo eco la prensa en aquel momento.

Esta falta de rigurosidad. Esta forma de afrontar estos problemas tan delicados, sin tener la más mínima consideración con los familiares de la víctima, son propios del periodismo amarillista, incluso cuando se disfraza de programa riguroso de título aparentemente serio.


He colaborado unas cuantas veces con el ente televisivo autonómico, porque considero que la dedicación a la investigación de nuestra historia debe ser difundida, y que nuestra gente pueda tener acceso masivo a ese tipo de información. Pero cuando la buena voluntad se ve traicionada de esta vulgar manera lo mejor es poner punto y final.

Rebrote del militarismo en Canarias

Entramos en 2019 con nuevas promesas de rearme del militarismo en las Islas. Las declaraciones al respecto son claras. “La creación del Mando de Presencia y Vigilancia Terrestre en el Archipiélago llevará al Ejército de Tierra… a ser más perceptible” en las calles de nuestras ciudades y pueblos, nos anuncia el teniente general Carlos Palacios Zaforteza, general jefe del Mando de Canarias.
La razones principales aducidas son “contribuir al conocimiento del entorno marítimo, la protección de líneas de comunicación a través del mar, la protección de infraestructuras críticas contra la piratería y contra los tráficos ilícitos o la aportación a las actividades contra el terrorismo por vía marítima”. Además, forma parte de este nuevo auge del militarismo la conducción y seguimiento de las operaciones de vigilancia, seguridad y control en los espacios aéreos de interés nacional, así como planear y conducir las operaciones multinacionales de vigilancia, control, seguridad y policía aérea en y desde el espacio aéreo cuando España asuma su liderazgo”.
No es misión de las fuerzas armadas patrullar las calles de las ciudades, ni dejarse ver, en tiempos de paz. Para realizar esas funciones ya se tienen a los cuerpos policiales, a los cuales se les supone preparación y recursos suficientes para ello. No está claro que los militares estén preparados para realizar esas tareas. ¿Obedece esto acaso, a una ley marcial encubierta? ¿Estamos en un estado de alerta por ataques terroristas y no se nos ha informado a la población? No quedan claras las funciones de ese Mando de Presencia y Vigilancia Terrestre.
Por otro lado, el papel que España viene asumiendo hace un tiempo como muleta de los intereses franceses en el Occidente africano, no nos reporta ningún beneficio a los ciudadanos del Estado español, y de Canarias, en concreto. Si bien Francia es dependiente de las materias primas de Mali y Niger, no es el caso de la economía española ni de la canaria. Las operaciones conjuntas llevadas a cabo en el occidente del continente africano por parte de España, están claramente orientadas a seguir sometiendo a estos países a los intereses de los capitales y de la geopolítica de las potencias occidentales en la zona.
Por otra parte, la propuesta del líder del PP de asentar en las Islas el mando del Africom, organismo de la OTAN para la intervención en África, es un despropósito mayúsculo. Los problemas migratorios no se resuelven ni intimidando a las poblaciones que se desplazan, ni al bombazo limpio, como parece querer apuntar tamaña ocurrencia. La deriva ultra de la dirección actual del PP en nada desmerece las propuestas de VOX. 
Canarias, cuando ha tenido oportunidad de expresarse, 12 de marzo de 1986- ya dijo que no quería pertenecer a la OTAN, y puso de manifiesto en aquella ocasión y de manera permanente lo ha hecho a lo largo de la historia, que quiere ser considerada un pueblo de paz, y buen vecino de los países ribereños del África Occidental. África no necesita un Archipiélago, ubicado estratégicamente, que la vigile y la amedrente. Lo que necesita son políticas de desarrollo conjunto, intercambio de capital humano, inversiones con objetivos para el desarrollo humano, democracia y bienestar. Si Europa, España y la OTAN no tienen nada que aportar a esos respectos lo que deben hacer es abandonar el neocolonialismo persistente que vienen aplicando desde 1960 y olvidar a África.
La revalorización de nuestra área geopolítica como una zona de conflicto permanente y en aumento debe llevar a pensar muy en serio el papel que el Archipiélago debe y puede jugar, desde su posición de actor minúsculo, en los años venideros. En cualquier caso, la geografía de los recursos naturales y los intereses económicos del sistema neoliberal, de sus empresas y estados aventajados, están colocando a las Islas ante su evidencia geográfica. Los actores políticos insulares deberán decidir cómo quieren jugar y hasta dónde llevar ese factor propio. Se puede convertir la situación geográfica en un factor de geopolítica, procurando usarla de manera inteligente, creando una única zona bajo control del Gobierno por medio de la definición y concreción del mar interior y exterior del Archipiélago, o permanecer como se ha hecho a lo largo de la historia de las Islas, dejando que el factor geopolítico sea solo y meramente un accidente geográfico sin mayor proyección e inteligencia colectiva que la que otros decidan (Para una visión historia del tema https://www.researchgate.netpublication279220146_Geopolitica_nacionalismo_y_tricontinentalidad).

No parece que el actual Gobierno de Canarias esté pensando en estas cosas. Más bien se muestra poco interesado en hacer valer la condición geopolítica exclusiva de Canarias en el conjunto del Estado. Con un REF reformado y un estatuto que nuevamente hurtan al sufragio universal dan por concluidas sus ambiciones.

La etnia y la nación

El debate sobre el hecho nacional suele estar cargado de prejuicios, tópicos y, en general, de confusiones motivadas porque la propia teoría de las ciencias sociales en este tema se mezcla habitualmente con las posiciones políticas, y es por eso que nos vemos abocados a confundir términos, conceptos, categorías y tiempos históricos. También, y no es de menor importancia, por el hecho de la gran variedad de teorías sociales que hacen enfoques distintos sobre el hecho nacional y el étnico. 

Las naciones (no confundir con los estados) son artefactos relativamente modernos. Es variable para cada nación particular, pero en general no son más antiguas de mitad del siglo XIX. Francia o España, por tomar dos ejemplos, se conformaron entre el último tercio del XIX y las primeras décadas del XX. La mayoría de los relatos acerca de su constitución milenaria o de siglos son inventos de las historias nacionalistas de los estados. Los símbolos identitarios de estas naciones, himnos, banderas, fechas conmemorativas, relatos de exaltación nacionalista nacieron en el momento finisecular, cuando no posteriormente, como en el caso del 12 de octubre, fiesta nacional de España, que se instauró en 1918, o el himno de España, Marcha Real de los borbones, armonizado en 1908, durante el reinado de Alfonso XIII, el cual se dispuso por el monarca que fuera interpretado por todas las bandas militares. Aunque tenemos que esperar a 1942, ya en pleno fascismo, para que el decreto de 17 de julio lo declarara como himno nacional.

En Francia, en los años comprendidos entre 1875 y 1906, en un porcentaje muy alto de los departamentos administrativos no se usaba el francés como lengua mayoritaria. Según algunos historiadores especializados en la historia de ese país, fue en la III República (1870-1940), de forma particular entre 1870 y 1914, cuando se puede considerar a Francia como una nación. Hasta entonces, lo que convencionalmente entendemos por francés (nacionalidad) es sólo aplicable a los ciudadanos de clases medias de las ciudades y del gran París. El mundo rural, que es mayoritario, se desenvolvía con imaginarios de otro orden, y "lo francés” le resultaba extraño.

Por su lado, la etnia tiene un recorrido temporal mayor. Una etnia es una comunidad cultural, nada que ver con la raza que como todos sabemos no existe. La raza fue y es solo un invento del racismo. Pero la etnia identifica a los miembros de una comunidad cultural que comparten elementos identitarios, reconocidos como tales por cualquier observador exterior, sin que resulte necesario que los miembros de la propia comunidad sean consciente de esos elementos definitorios. 

Puede haber distintos elementos y no son excluyentes ni exclusivos. Por ejemplo, los que definen a la etnia canaria serían la geografía insular y archipielágica, y derivado de ella la relación con el espacio físico, además de la historia, cultura, psicología, (como demostró hace ya unas cuantas décadas Manuel Aleman con Psicología del hombre canario), el habla, la geopolítica, la composición mestiza de la comunidad, reconocerse como diferentes ante los otros (los peninsulares o no isleños en general). 

La etnia no tiene necesidad de constituirse en nación, si sus miembros no lo creen oportuno o no se lo han planteado por razones de diversa consideración. Pero la etnia sí tiene el potencial de poder convertirse en nación en cualquier momento. ¿Y qué elemento haría posible esa transformación? El deseo de darle proyección política a su identidad étnica. Convertirse en nación traería aparejado la construcción de aparatos de estado y/o un cierto nivel de autonomía federal o confederal, y el ejercicio de la soberanía o la cosoberanía en la gestión de los elementos estratégicos, que inciden de forma profunda en la articulación política de la comunidad. 

Por otro lado, la etnia puede sólo manifestarse como una realidad objetiva, diferenciada culturalmente, pero sin querencia por ser nación. Puede vivir bajo un estado centralista y autoritario, reprimida y ninguneada como ocurrió durante la dictadura y el largo periodo del colonialismo antiguo, durante el cual generaciones consecutivas de canarios tuvieron que emigrar hacia América, o acoplarse sin problema a una autonomía concedida y modelada por un estado que descentraliza sus nacionalidades y regiones, como ocurrió tras 1978 en España, y vivir en esa nueva situación de “colonia moderna”, sin contradicciones con el marco jurídico-político.


Aunque de manera prematura las teorías modernistas, incluido el marxismo, tendieron a dar por superado, anticipadamente, los fenómenos asociados a las identidades nacionales, nada ha resultado tan poderoso y con tanto arrastre de masas como el nacionalismo. Las identidades étnicas y las nacionales no deben interpretarse como el resultado de esfuerzos voluntariosos de determinados grupos humanos, sino deben ser leídas como formas complejas de organización de tales grupos. Están aquí para quedarse por largo tiempo. Lo que hay que hacer es gestionarlas democráticamente .

El nacionalismo de izquierdas e Iniciativa por La Orotava 1996-2018

Quiero agradecer a los compañeros de IPO haberme invitado a presentar este trabajo, de indudable interés para la historia política del nacionalismo de izquierda en las islas. En Canarias no tenemos mucha costumbre de escribir textos de esta naturaleza, que además de su interés intrínseco, es también una forma de hacer historia local, comarcal o insular. Este tipo de historia, junto con otras que aborden de manera más general las historias locales y comarcarles son muy necesarias para poder construir la nación. Por ello es doblemente satisfactorio que estos esfuerzos de síntesis del pasado vean la luz. Sería conveniente que otros también hagan lo propio, incluidas las derechas, para poder luego hacer síntesis globales que nos ayuden a explicarnos cómo somos.

Dice un estudioso del nacionalismo que se llama Walker Connor, que hasta el momento en que las naciones no cobran conciencia de su naturaleza nacional, son hasta entonces etnias. Grupos humanos claramente diferenciados y que comparten historia, espacios, y hasta genealogías comunes. Pero para poder ser nación hay que abordar la política. Asumir la diferencia étnica como diferencia nacional. Para dar ese paso es necesario relatar el pasado desde lo local hacia lo general. Historia políticas, culturales, sociales o económicas, o todas juntas que nos ayuden a tener un relato compartido acerca del pasado y el presente.

Max Weber era de la misma opinión que Connor, o más bien al revés, porque Weber fue primero. Escribió en Economía y Sociedad: “Llamamos grupos étnicos a aquellos grupos humanos que abrigan una creencia subjetiva en su linaje común...la existencia de una relación consanguínea objetiva carece de importancia”. Esa construcción imaginaria, que no se puede hacer sin la historia, es la clave para que el grupo étnico de el salto a su constitución de nacional. Para que exista ese grupo étnico es indiferente la conciencia que se tenga de sí mismo. Cualquiera que viene de fuera la ve enseguida, pero para constituirse en grupo nacional la conciencia del sí, es fundamental. En palabras de Connor “el grupo étnico puede ser definido desde fuera, la nación debe ser definida por sus propios miembros”.

En esa secuencia estamos instalados desde hace 40 años. La irrupción nacionalista de los setenta ayudó a dar un gran salto en la toma de conciencia nacional, pero la demolición de las organizaciones nacional populares, (UPC-ICAN) como principales referentes, abortó el despegue definitivo, y tras 30 años o más de gobierno autónomo con plenas competencias en educación, la parálisis y la falta de interés en producir un sistema curricular que facilitase la toma de conciencia nacional, ha actuado como un freno enorme a las posibilidades de desarrollo de dicha conciencia. De tal modo que seguimos estando más próximos al grupo étnico que a la comunidad nacional.

Frente a ese atraso institucional este tipo de trabajos viene a cumplir una función esencial, que es la de acercarnos, en este caso, a la historia y el activismo de un grupo político local, y a través de él nos acercamos a la historia social y política del municipio. Si se alentase este tipo de elaboraciones escritas y pensadas sobre lo qué hemos sido y cómo hemos sido, seguro que tendríamos un pueblo con mucha mayor cultura política del que tenemos ahora. Compartir relatos elaborados, asumiendo también las criticas que lluevan es parte necesaria e inevitable de la toma de conciencia nacional. Miremos cuánto dinero y dedicación profesional han destinado los vascos y los catalanes en este asunto, y veamos el resultado que han obtenido.

Las naciones son artefactos relativamente jóvenes en la historia, en general proceden todas de finales del siglo XIX, incluso las que piensas que son inmemoriales, tal como la francesa, o la española, que no termina de construir su discurso nacionalistas hasta la llegada del franquismo. Los canarios, emigrados en las Américas también comenzaron la construcción de la nación a finales del XIX, aunque no haya dejado de interrumpirse su desarrollo desde entonces. Nuestra condición colonial y pobre, porque hemos sido una colonia pobre, fueron dificultades añadidas. Sin burguesía nacional, sin clase obrera desarrollada, solo pequeños núcleos de la inteligencia, escritores y periodistas afrontaron el reto, con escasas fuerzas, y con un pueblo muy mayoritariamente analfabeto. Era misión imposible. Un pueblo con mucha identidad étnica y poca nacional. Eso nos diferenciaba de Cuba y Puerto Rico, nos quedamos atrapados en el nacional-catolicismo de la España decadente de principios del siglo XX.

La autonomía debía haber puesto remedio al asunto, pero tristemente no lo ha hecho. Nos queda construir nuestra historia desde abajo, con materiales como este libro que presentamos hoy. Estos trabajos de la memoria de colectivos, e incluso las memorias individuales, son fuentes necesarias para construir la historia, por eso hay que seguir animando a grupos similares o a personas comprometidas, para que se pongan en la tarea de elaborar esos materiales.

Las identidades nacionales están construidas de sentimientos, además de los elementos objetivos y materiales que rodean al mundo de la nación. Pero los sentimientos juegan un papel fundamental en la construcción del imaginario nacionalista. Y la izquierda nacionalista no ha sabido jugar con ese elemento, si exceptuamos, quizá, el discurso independentista de Cubillo y la elaboración del relato acerca de lo guanche. CC que venía de la tradición de las agrupaciones independientes de Canarias, sí ha sabido jugar con ese elemento, aunque rebajándolo de contenido hasta su desnaturalización. Usando los sentimientos para hacer romerías y nada más. Desde finales de los setenta Manuel Alemán nos dio claves importantes en su trabajo Psicología del Hombre Canario, y creo que demasiado pronto nos olvidamos de lo que allí se decía. Una interpretación muy influenciada por el marxismo, nos aportó elementos de análisis necesario pero nos distrajo de otros, en su afán de convertir la razón en la sacrosanta forma de pensar el mundo, dejando de lado los aspectos subjetivos y psicológicos. Hay que volver a ellos. Porque la nación se siente y no sólo se explica. Escribió Manuel Alemán que hay algunos factores que neblinan la identidad nacional, y entre ellos destacó: “La interpretación falseada de nuestra historia, el peso de las culturas impuestas, la domesticación de las ideologías, y la infravaloración del modo de ser canario”. Y nos advirtió que “la conciencia canaria no es una mera comprensión racional de lo canario” sino que aquella “impregna las instancias de la emoción, moviliza las zonas del sentimiento”. Sin sentimiento de canariedad no existe la identidad canaria, nos dijo. Hay que trabajar ese terreno, hay que trabajar esto sin caer en el folclorismo de volver al pastor y a la entrevista de los viejos, reduciendo todo al mundo de lo rural, cuando hace ya medio siglo que Canarias es un mundo urbano. Fanon escribió en Los condenados de la tierra que: “La cultura nacional no es el folklore donde un populismo abstracto ha creído descubrir la verdad del pueblo. No es esa masa sedimentada de gestos puros, es decir, cada vez menos atribuibles a la realidad presente del pueblo” sino que: “La cultura nacional es el conjunto de esfuerzos hechos por un pueblo en el plano del pensamiento para describir, justificar y cantar la acción a través de la cual el pueblo se ha constituido y mantenido”. La cultura nacional debe servir para organizar al pueblo y caminar hacia delante, hacia la liberación, no puede ser la celebración de los valores del tradicionalismo y la recreación en bucle permanente de lo que fue el pueblo en el pasado, sin atender a lo que es en el presente.

Pero ahora centrémonos en lo que hemos venido hacer esta noche aquí, que es hablar de las líneas maestras del libro que presentamos.

La fundación de Iniciativa por La Orotava a mitad de la década de los años 90 tuvo una doble significación. Por un lado, era el intento de rescatar los restos del naufragio ICAN. La dirección de ICAN había entregado su militancia, recursos e historia a la derecha en Tenerife, y representó el segundo gran batacazo después de la Unión del Pueblo Canario, en el intento de crear una organización nacionalista de izquierda en el Archipiélago. Aquella sucia jugada de los jefes de ICAN volvió a dejar huérfano ese espacio político. Por otra parte, la aparición de IPO sirvió como asidero para la esperanza, no solo de la gente de La Orotava y del valle, sino del conjunto de la isla. La Orotava se convirtió así en el centro de la referencia soberanista, ecologista y democrática en un momento en que el auge de CC hacía presagiar un difícil y duro camino para organizar algo a nivel global, que fuese una alternativa consecuentemente nacionalista para el conjunto del país. En la década de la impostura IPO logró mantener el tipo.

La Orotava se convirtió en un laboratorio para experimentar nuevas formas de hacer política. Como queda recogido y perfectamente explicado en el libro, la tradición de la que bebe Iniciativa por la Orotava se enmarcaba en la corriente política del nacionalismo de izquierdas. La militancia de IPO no era nueva cuando fundaron la organización, sino que ya tenían acumulado un amplio trabajo político y sindical. Por ello nunca estuvieron entrampados en el complejo de Adán, como sí le pasó en aquel momento a los miembros de LVC, y en décadas posteriores a la gente que se acercó a la política con la ola de Podemos. 

Ese bagaje histórico de la militancia de la izquierda nacionalista en La Orotava, les hacía ser firmes partidarios de la búsqueda de espacios de unidad de la izquierda a nivel municipal. En general, la trayectoria de IPO está jalonada de intentos consecutivos en la apuesta por la confluencia, algunos exitosos y otros no, para enfrentar la hegemonía de ATI en el municipio, y en la isla. Otros grupos deberán hacer este esfuerzo de explicación de su historia, para poder poner en perspectiva, con la voz de todos, cómo han sido las cosas en este terreno de la unidad lograda o frustrada. Ese intento generoso, excesivamente desde mi punto de vista, lo pagaron caro cuando a comienzos de la década del siglo XXI tuvieron que lidiar con una marca en boga, que entonces representaban Los Verdes de Canarias, los cuales no tenían militancia, ni estudio serio de la realidad Canaria, y un bagaje de tradición y de trabajo político igual a cero, con la excepción de uno o dos miembros de ese partido, pero que, sin embargo, representaban una tendencia política que en sí misma era capaz de arrastrar un bloque importante de votantes, para construir y ensanchar la base del municipalismo asambleario y de izquierda. Pero claro, no estaba ni está escrito cómo lidiar con una marca en la arena de la política. Una marca dirigida por dos o tres personajes rarísimos, con comportamientos políticos completamente individualistas, y desnortados (¡aquí en el norte!), que creían que sólo con la posesión del nombre Verdes era suficiente para dar el salto a la política de verdad. La generosidad de IPO dando entrada a personas de Los Verdes para ocupar puestos de salida en las elecciones municipales de 2003, se volvió contra IPO con la pelotera posterior que montaron los “amigos verdes” y que podrán leer con detalle en esta obra. 

Creo que es una lección para el presente y para el futuro, el hecho de que no siempre se puede ser excesivamente generoso, sobre todo cuando la contraparte no aporta más que un eslogan, o a lo sumo una corriente de pensamiento difusa e inorgánica. También puede ser un error cuando en aras de la unidad se descuida la letra pequeña de los contratos, porque las grandes ideas nos confunden y pueden no dejarnos ver que en el mundo de la izquierda existen muchos trepas y vividores, a los que erróneamente no les hemos prestado en ocasiones la suficiente atención.

Sería tentador transpolar el ejemplo a Podemos, aunque me parece que hay algunas diferencias importantes, de las que brevemente destaco el hecho de que Podemos surge de un impulso inusitado en grande medios de comunicación de masa, fundamentalmente televisiones privadas, y sin las cuales hubiese sido imposible entender el nacimiento y consolidación de dicha marca en tan breve espacio de tiempo. Por otra parte, el hecho de que esa organización naciese en Madrid, y que nuestra opinión pública esté completamente colonizada por los grandes medios de comunicación que emiten desde la capital, favoreció su pronta recepción en las islas. Nosotros tenemos una tendencia fácil para reproducir e imitar los discursos emitidos desde el centro, a consecuencia de nuestra tara colonial. Esos dos hechos invalidan hacer una comparación mimética, aunque en muchos municipios sigue siendo cierto a día de hoy, que hay que lidiar con el problema de cómo afrontar negociaciones con una marca que no tiene sustancia, trabajo de base. El libro que estamos presentando hoy aquí plantea algunos de los problemas con los que se enfrentó la política de la izquierda nacionalista en Canarias. 

Fue un acierto de los que escribieron este trabajo haber introducido los cuadros estadísticos, sobre los resultados electores por barrios, para podernos hacer una idea de cómo es la relación de fuerzas en el municipio y cómo se distribuye. Esto pone más en valor el trabajo de las gentes de IPO, por lo difícil que lo tuvieron para abrir brecha en lugares de atraso cultural y político, sometido al caciquismo tradicional del norte de la isla. Ese trabajo encomiable que se hace pateando los barrios y el pueblo, que es duro y muchas veces desagradecido, y que las marcas snob por supuesto nunca hacen, pero que una organización que quiere construir el país, que tiene un discurso y una práctica nacionalista, debe acometer, para comprender como piensa nuestra comunidad nacional, y para caminar con todas, como debió decir el subcomandante Marcos en alguna ocasión, al que cito brevemente ahora, (porque el EZLN sólo nació dos años antes que IPO, y su influjo nos afectó a todos en esos años) , porque también aquí, en La Orotava, las gentes de IPO, metafóricamente, levantaron la guerra “que nos dio el privilegio de llegar a oídos y corazones atentos y generosos en geografías cercanas y alejadas…(y) conseguimos entonces la mirada del otro, su oído, su corazón”. Eso solo podía ser el resultado de caminar hacia lo profundo del pueblo, para arrebatarle desde ahí la hegemonía a la derecha insularista, luego transmutada en “nacionalista”-insularista. En esa andamos aún. ¡La oligarquía chicharrera tiene mucho rejo!

El programa de IPO recogía lo fundamental del programa de la izquierda nacionalista de los años anteriores, no podía ser de otra forma, porque IPO nacía de ese mundo y estaba empeñado en mantenerlo, ahora en peores condiciones, casi de soledad en esta Isla, y por eso es de agradecerle ese esfuerzo de cruzar el desierto para mantener las ideas y las prácticas a salvo del torrente neoliberal, y falsamente cosmopolita que hemos tenido que soportar hasta hoy. Digo ese fue, y sigue siendo, el programa de la izquierda ecologista y soberanista de las islas. Es un programa que todavía requiere ser desarrollado en la práctica de gobierno, si queremos construir el espacio insular como un lugar amable para el conjunto de la ciudadanía. El programa de IPO recogía ya entonces la lucha contra la corrupción, la defensa de los de abajo, la soberanía y su desarrollo en todos los niveles de la vida, y el ecologismo político, el cual incluía lógicamente la defensa del patrimonio histórico y natural. Por eso se explica que IPO estuviese interesada, y comprometida algunas veces, cuando el tiempo y las condiciones lo permitían, en la construcción de una organización de ámbito canario, como ocurrió con el nacimiento de APC, hecho que le granjeó quebraderos de cabeza con los verdes, tan ni de derechas ni de izquierda ni de aquí ni de allá, que al final desaparecieron de manera natural, absorbidos por una ecología política que no supieron leer. O también su relación amable y complementaria con Sí se puede, organización que había surgido del ciclo de luchas medioambientales de comienzos del siglo XXI.

En el plano internacional mantuvo coherencia con los principios ideológicos que animaban el internacionalismo históricos en nuestro país, y así estuvo en primera línea la defensa de la autodeterminación para el Sáhara Occidental, el apoyo a la lucha del pueblo palestino, y en tantas otras en donde los pueblos del mundo luchaban contra el imperialismo y el neocolonialismo.

IPO además de ser un agente destacado en la política municipal fue y es una organización que ha participado en el desarrollo de los movimientos sociales habidos en el valle y en la isla. En las movidas ecologistas de la década pasada y contra las destrozos al patrimonio producidos por la orgía urbanística para los que fue creada CC, como correa de transmisión de esos intereses.

No voy a nombrar la cantidad de luchas y propuestas llevadas por IPO, ya tienen el libro para hacer un seguimiento, pero sí reseñar que todas ellas están comprometidas con los ejes centrales de su programa, que hoy sigue siendo pertinente para construir la nación que queremos. Un lugar en el que podamos decidir sobre las cuestiones fundamentales que atañen a nuestras vidas.

No quiero terminar sin felicitar a las personas que han estado comprometidas con este proyecto durante tanto tiempo, que ha crecido más allá de la simple organización política, para insertarse en lo social y cultural, y muestra de ello es este espacio de La Casa, lugar de encuentro de tantas ideas y proyectos, que ha transcendido a la propia IPO.


Muchas gracias.

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