La Capitanía General de Canarias, un mal mayor para Santa Cruz. Y porqué la plaza Weyler podría llamarse Wailers.

La institución militar conocida como Capitanía General de Canarias, ha sido históricamente un lastre tremendo para el normal desarrollo de la democracia en la ciudad, la isla y el archipiélago. Lugar de destino de peligrosos deportados, que luego tramaron desde aquí ignominiosas gestas, fue antes de eso, también, un centro de acogida de los militares españoles que gobernaban las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. A medida que España iba replegándose como potencia colonial, Canarias, “el codiciado archipiélago que nos queda en las soledades del atlántico”, al decir del militar granadino Ruiz Aguilar, iba convirtiéndose en el último lugar de recepción de unos militares a los que ya no querían en ningún lado. Y, así, en ese recular incesante, caímos en ser el destino, parece que eterno, del más infame de todos los militares españoles expulsados de las colonias en el siglo XIX. Era Valeriano Weyler, y su nombre permanece clavado en la plaza principal de la ciudad como castigo imperecedero para los habitantes del lugar.

Hay un poema del venerable Nicolás Estévanez y Murphy que lo retrata de forma inmejorable: "Mirada de reptil, cuerpo de enano, / instinto de chacal, alma de cieno, / hipócrita, cobarde, vil y obsceno, / como el más asqueroso cuadrúmano. / Azote un tiempo del país cubano, / a todo noble sentimiento ajeno, / hasta el mismo Satán convierte en bueno / esa excrecencia del linaje humano. / Ruinas, desolación, hambre y miseria / las obras son que a ejecutar se atreve / ese montón de vil materia. / ¡Y a un monstruo tal, con intención aleve, / el Gobierno de Cuba encarga Iberia / al acabar el siglo diez y nueve!”.

Ya ven, Nicolás Estévanez, lo conocía bien. Militar que también estuvo en Cuba, coetáneo del depravado Weyler, y conocedor de las atrocidades que este cometió en la guerra de independencia de la gran antilla, nos advierte acerca de a quién glorificamos poniendo su nombre en un lugar simbólico de la ciudad. 

La única lectura posible de que esto suceda así, es porque la Capitanía General de Canarias sigue teniendo un poder enorme en Santa Cruz de Tenerife. Aunque a los alcaldes los elija la gente, el verdadero poder sigue residiendo en el lugar de siempre. No creo que sea la sonoridad del apellido lo que lleva a mantener su nombre en la plaza pública, para vergüenza de las personas de bien. Si tal fuese el caso propongo que con parecida sonoridad se pase a llamar dicha plaza,Wailers. Aquellos isleños que acompañaban a Bob Marley, y que tanto ritmo han puesto en nuestras vidas, serían mucha mejor carta de presentación que este representante del colonialismo abyecto.

¿Podemos, Neojacobinismo o reconocimiento de las realidades territoriales?

Tener una perspectiva desde Canarias de lo que sucede en el ámbito de la política estatal se convierte muchas veces en una tarea hercúlea. A la inversa, tener una visión desde el centro de la política en Canarias, es, a la vista de la experiencia, imposible. Da igual la preferencia ideológica que acompañe a dicho esfuerzo. La derecha españolista, tradicionalmente, incapaz de comprender Canarias. La socialdemocracia tan federal para otros territorios es en esta Islas, sucursalista y dependiente políticamente. El comunismo y su herencia (IU), de manera similar adolece de una comprensión canarista y, finalmente, el emergente Podemos, plurinacional y posmoderno para el conjunto del Estado y de las nacionalidades que lo componen, es torpe, centralista y jacobino en estas Islas. 

Siendo como es la dirigencia madrileña de Podemos, experta en las Ciencias Políticas y en el análisis de la realidad decolonial y transmoderna de América Latina, no se explica uno muy bien cómo puede ser tan dejada con el caso de estas Islas. ¿Tenemos, acaso, como eterna condena tener que pelear nuestra identidad política en cualquiera de los escenarios que se abran en el Estado Español? Parece que sí. Y cada vez comenzando desde el punto cero. No habría mejor ejemplo de Sísifo que esto.

Cuando leemos los editoriales de la prensa de referencia que resaltan los argumentos de la dirección de Podemos, oímos constantemente la referencias a Catalunya, Euskadi, Galicia, últimamente a Valencia -que vuelve a ser el País Valenciá-, Baleares, e incluso otros territorios que bien merecido proyectan su lado identitario-político. Sin embargo, Canarias no está nunca referenciada. La pregunta que me asalta es: ¿Por qué?

¿No saben nada todas estas personas que están al frente de Podemos de la historia política de estas islas del último medio siglo? Doy por hecho que de ahí para detrás efectivamente lo ignoran todo. Pero la cuestión es si en el proyecto que se oferta para liderar un cambio político de envergadura en el Estado, la comunidad que habita nuestro Archipiélago va a estar de nuevo relegada al pelotón más parsimonioso y menos reformador en la nueva situación. Canarias corre el riesgo por estas circunstancias de verse otra vez descolgada del diseño de un nuevo mapa de poder territorial en el Estado. Ya ocurrió durante la tramitación de la autonomía entre 1979 y 1983, en que se nos descabalgó del grupo de autonomías avanzadas, para recolocarnos en un camino intermedio entre éstas y las del modelo retardatario. 

Quizá estamos muy lejos, quizá significamos poco en el conjunto estatal, quizá da exactamente igual lo que ocurra aquí. Quizá somos el territorio más atrasado entre los atrasados. Pero son precisamente todos esos quizás, los que hacen urgente tomar conciencia de que la historia no puede ni debe repetirse. Un paro altísimo, un nivel de formación medio-bajo, una destrucción del territorio galopante, problemas de orden geopolítico crecientes por la inestabilidad de la ribera africana en la que nos encontramos, un territorio estructuralmente desagregado, sin mares interiores, por los que se escapan recursos y se nos aproximan peligros militares y medioambientales, se contrastan con un potencial de resolución de estas problemáticas bastante alto. Con más autonomía, con mares interiores, con un modelo energético sustentado en las renovables, con un nuevo enfoque sobre la explotación de la industria turística más integrado y engrasado con el sector primario, encontremos soluciones factibles, pero siempre que tengamos la herramienta política precisa para poder llevarlo a cabo.


Pero para eso tenemos que fortalecer nuestra identidad política, claro que enmarcada y apoyada en la que se desarrolla en el conjunto del Estado, pero con personalidad propia. No se puede relegar a las Islas en el nuevo escenario de cambio, que no se dará impulsado desde una perspectiva neojacobina o, peor, tardocolonial. Tenemos la obligación de estar en el nuevo proceso siendo protagonistas de él; y para ello tenemos que tener una herramienta política propia, de identidad política canarista. Podemos, que nació con voluntad de transformación para España, debe también saber reubicarse en este archipiélago, tal y como lo hace en las otras nacionalidades del Estado.

Ciudadanos (C's) y la violencia del nacionalismo español

Algunas cosas parece que no terminan de cambiar nunca. El nacionalismo español es poco democrático y permanece anclado con tics de violencia estructural. Sólo basta una pasada por las hemerotecas para leer como los militares españoles a poco que determinadas reclamaciones periféricas se concreten, se muestran prestos a desenfundar y poner orden. ¡Y ya han pasado cuarenta años desde que Franco muriera! Lo último sonado fue cuando el presidente Zapatero tuvo que pedir a Bono que silenciara los ruidos de sable ante la aprobación del estatut de Catalunya en 2010.

Me viene a la memoria el asunto porque el 19 de junio, ante la concentración convocada en el Parlamento Canario para manifestar rechazo a la ley electoral, un grupo de gente de diversas tendencias se habían reunido en el lugar. Políticos de toda la vida junto con los denominados emergentes se dieron cita. Lo curioso del asunto fue que a los únicos que les molestó que una señora mayor portase la enseña nacional canaria fue al grupo de personas del partido que dicen de centro, Ciudadanos.

Como esto es pequeño y aquí nos conocemos casi todos, (por cierto, a estos de Ciudadanos no los he visto en la vida, y miren que llevo años asistiendo a concentraciones, manifestaciones y actos similares) lo cierto es que una histórica militante del sindicalismo nacionalista y de los movimientos sociales de Santa Cruz y de Tenerife, portaba tan alegremente su bandera canaria, cuando un grupo de exaltados centristas de Ciudadanos rodean a la señora, que tenía edad como para ser la abuela de ellos, y le inquieren, de malas maneras, que retire esa bandera, porque dicen, estamos en España.

Por supuesto, que la señora no hizo tal cosa y, por el contrario, los mandó a freír chuchangas. Muy bien mandamos por cierto. Uno sabe que esta gente no es de extrema derecha, como algunos piensan. Sin embargo, viéndolos allí con esa actitud, entre la mala educación y la chulería, trajeados y con el pelo engominado, el recuerdo que me vino a la cabeza, en el plano visual, por supuesto, fue el de los militantes de Falange de finales de los setenta y la década posterior.

Más allá de todo esto el hecho relevante es la ignorancia mostrada por estos centristas. Deberían de saber a estas alturas de la democracia que en Canarias existe un estatuto de autonomía, que dota de leyes y símbolos a las instituciones y que proclama que este archipiélago es una nacionalidad, cuya enseña es la bandera tricolor que, por cierto, ondea en el Parlamento al que esta gente aspiró a entrar.


El nacionalismo españolista es tremendamente violento e intolerante, y no estaría de más que este nuevo centro aprendiera a convivir con la diferencia cultural y nacional que alberga el reino de España, y deje atrás la cultura del uniformismo de la vieja extrema derecha española.

Saharauis y Palestinos el sufrimiento que no cesa


Los pueblos del Sahara Occidental y de las tierras de la Palestina histórica, sufren desde hace décadas una ilegal ocupación, persecución de sus habitantes, torturas, asesinatos masivos algunas veces, selectivos otras, acometidos por los aparatos del estado y por grupos incontrolados, bajo la observancia y, en muchas ocasiones, la anuencia del propio Estado ocupante. Palestina fue arrebatada originariamente a sus legítimos pobladores en 1948, en la primera guerra árabe israelí. Luego comenzó lo que el historiador Ilan Pappe denomina la limpieza étnica que llega hasta nuestros días.

En el Sáhara Occidental, tras la traidora retirada y venta del territorio en 1975, la administración española dejó a sus antiguos nacionales tirados en el desierto, a merced del napalm lanzado por la aviación marroquí, adiestrada por Francia e Israel, para dar comienzo así a una guerra de ocupación que llega hasta nuestros días. España, parapetada tras su insignificancia en el concierto de las potencias, se muestra incapaz de hacer nada por la resolución de este conflicto que ella ayudó a originar. Las promesas incumplidas del gobierno de Felipe González, su alineamiento con Marruecos, dejó claro, a comienzo de los años ochenta del siglo pasado, que la diplomacia española en democracia iba a ser continuista de la diplomacia del ultimo franquismo.

Esto para los saharauis fue demoledor. Si un gobierno socialista en España se desentendía de ellos, y priorizaba sus relación con Marruecos, ya no había nada que esperar de España. Ningún otro gobierno de Madrid asumiría el reto de poner fin a la injusta ocupación marroquí.

La monarquía alauita se sucedió en la figura de Mohamed VI. Hassan II, el implacable rey de Marruecos que reinó con mano de hierro desde 1961 hasta 1999, fue visto siempre como un impedimento para la solución del conflicto. Su aventura expansionista hacia el sur no podía ser frenada tras décadas de discursos ensalzando el nacionalismo expansionista marroquí, y enrocándose en su idea de que el Sahara Occidental era una provincia del reino. Argumento desmentido por el derecho internacional y por resoluciones de NN.UU. que, sin embargo, el monarca desoyó. Su reino de terror, de mazmorras medievales, en las que se pudrió buena parte de la disidencia política marroquí, albergó los presos más antiguos del continente africano, hazaña sólo comparable a lo sucedido en las cárceles de la Sudáfrica del apartheid.

Su hijo, en lo referente al Sahara Occidental, no se ha movido un ápice de la posición heredada. Pero ha tenido que hacer frente a una nueva realidad, que su padre no tuvo que afrontar. El despertar del movimiento de resistencia en los territorios ocupados ha venido a complementar la lucha en el desierto llevada a cabo por el Frente Polisario. Desde el alto el fuego de 1991 y la creación de la MINURSO, el conflicto de manera paulatina se ha desplazado desde los campos de Tinduf a los territorios del Sahara ocupado. En estos últimos 24 años la confrontación giró desde una guerra abierta a un movimiento de protesta civil, muy parecido a lo ocurrido en Palestina con la denominada Intifada de 1987 y posteriores.

En este nueva fase, nuestras islas no son sólo un territorio de acopio de ayuda humanitaria para la causa saharaui, como a finales de los setenta y en los ochenta, cuando se enviaba gofio, material escolar y otras mercancías, sino que estamos siendo un escaparate del conflicto, como se vio con el caso de Aminetu Haidar en 2009 y ahora con la lucha de esta madre saharaui, Takbar. Ambos acontecimientos vividos en dos de nuestras islas. Quizá este camino produzca mejores resultados que los anteriores. En Canarias los saharauis siempre van a encontrar el apoyo y el cariño de los isleños y, nuestras Islas, potencia turística mundial, pueden servir como proyección internacional de este enfrentamiento injusto e interminable.


Es de justicia acabar con las  ocupaciones de Palestina y el Sahara Occidental. Los primeros beneficiados serían los habitantes de Israel y de Marruecos.

Pedro Fernández Arcila, el mejor alcalde para Santa Cruz de Tenerife



Santa Cruz está de enhorabuena. Muy pocas veces en la historia de las ciudades surge la oportunidad de poder elegir a la persona idónea para llevar el destino municipal. En todas las ciudades existen personas como Pedro y, en Santa Cruz, hay muchos como él, pero no suele darse la ocasión en que ese tipo de personas asuma el reto de bajar a la arena política para proponer gobernar la ciudad. Pedro ha demostrado, en sus cuatro años como concejal destacado de la oposición en el consistorio capitalino, ser una persona de un talante excepcional. Abierto, tolerante, comprensivo, preocupado por los vecinos y por el desarrollo de la urbe como nadie. Siempre dispuesto a escuchar, prioriza su trabajo de servicio a la ciudadanía, incluso por encima de su trabajo profesional, del que vive.

Su nombre ha querido ser manchado desde tramas económico políticas de infausto pasado y presente. Los interesados en el pelotazo del puerto de granadilla, paralizado mil veces por la acción jurídica de este excepcional letrado, han jurado una santa alianza para intentar destruirlo. Ridículo empeño. 

Por encima del galimatías de siglas nuevas, propias de estas fechas, y de las tradicionales de siempre, Pedro encabeza la única opción seria y con programa para gobernar la ciudad, desterrando las viejas prácticas clientelares y el capitalismo de amiguitos que prima en Santa Cruz. 

El conglomerado ATI/CC lleva dos décadas gobernando gracias a la herencia de Manolo Hermoso. Sus continuadores no han hecho otra cosa que perder el tiempo, entregados a causas especulativas, y abandonando las intervenciones en los distintos distritos y barrios de la ciudad. No tienen proyecto que ofrecer, y no seguirían ahí si no fuese por la red de favores que han tejido en la ciudad.

Pedro representa la opción de un cambio responsable y firme hacia una ciudad equilibrada en lo social, invirtiendo los dineros públicos en dónde las necesidades sociales lo demanden, y medioambientalmente, impulsando la instalación masiva de placas solares y una central hidroeléctrica en Los Campitos, que vaya preparando a Santa Cruz hacia la autosuficiencia energética. Por primera vez, en muchos años, los chicharreros tienen la posibilidad de elegir a un alcalde que sitúe a Santa Cruz como una ciudad modelo para el conjunto de ciudades de la Unión Europea. Una ciudad del siglo XXI, que apuesta por la transparencia y la profundización de la democracia en la gestión de los asuntos locales. 

Con el primer gobierno local de la era democracia en 1979, Santa Cruz entró con mucho retraso en el siglo XX. Se llevó a cabo una política integral de planes de barrios que implementó servicios comunitarios, agua y luz, así como asfaltado y plazas, en los lugares que vivían en el olvido desde siempre. Aquella experiencia de gobierno de todos (participaron todas las fuerzas políticas representadas entonces en el consistorio) sacó a la ciudad del atraso secular, y aunque dejó muchas cosas pendientes, logró acercarnos, aunque fuese de lejos, a la ciudad moderna. Se pudo haber hecho mucho más, pero eso ya no tiene remedio.

Ahora, de nuevo, como en aquel momento fundamente de los gobiernos democráticos locales, estamos ante la oportunidad de darnos el alcalde que de verdad merecemos. Un alcalde que lleve el nombre de Santa Cruz a todos los foros europeos e internacionales, como ejemplo de la ciudad del siglo XXI. Como Copenhague, Melbourne, Munich , y otro puñado de ciudades del mundo que impulsan de forma decidida el “transporte urbano, planificación y medida de emisiones de carbono, edificios energéticamente eficientes, calidad de aire, energías verdes, adaptación urbana, comunidades sostenibles, gestión de residuos, infraestructuras ecointeligentes y finanzas y desarrollo económico” (Cities Climate Leadership Group).


Lo tenemos al alcance de la mano y Pedro Fernandez Arcila es en estos momentos la única persona que está en condiciones de liderar este gran salto adelante.

¿Por quién votar? Un mapa



El proceso electoral que se abre estos días puede traer aparejado un cambio profundo de la correlación de fuerzas políticas en el Archipiélago. Tras la aprobación del estatuto de autonomía en 1983, y la consolidación del nuevo Estado en la transición,  el equilibrio de poder ha permanecido prácticamente igual desde entonces hasta ahora, aunque por medio algunos partidos cambiasen sus denominaciones originarias.

La crisis económica abierta en 2008 y la subsiguiente secuelas abrió brechas importantes en el modelo consensuado en 1978. Una nueva ciudadanía emergente, que entonces no había nacido o no había tenido edad para votar, quiere hoy reclamar un protagonismo histórico que el consenso hizo imposible.

En Canaria la anticipación de la crisis de modelo se dio desde principio de década del 2000. Aunque aún no había crisis económica ya se percibía la imposibilidad de continuar con un modelo que se denominó desarrollista, y que para entonces daba muestras de agotamiento. De ello surgió un notable y significado movimiento ecologista-conservacionista, particularmente en Tenerife, que a la postre dio el salto a la política bajo la denominación de Sí se puede. En los primeros años de existencia tal fuerza, que nacía con un arraigo en el territorio muy potente y, que en consecuencia, hablaba en términos muy canaristas, sentó las bases en determinados municipios para construir un movimiento democrático, asambleario, ecologista, con voluntad de impugnación del modelo económico, social, ambiental y político hasta entonces vigente en la Isla. Del arraigo de esta alternativa da buena por cuenta el crecimiento exponencial en muchos municipios insulares, y su crecimiento incesante de militancia, organización y capacidades.

Hoy Sí se puede se encuentra ofertando alternativa política en un buen puñado de municipios (el principal de todos es Santa Cruz), y es preciso respaldar con el voto de los sectores más conscientes y populares este esfuerzo de construcción de un movimiento asambleario y netamente canario. En algunos municipios, varios de ellos muy importantes, como La Laguna o el Puerto de la Cruz,  Sí se puede forma parte de los procesos de unidad popular con otros sectores tradicionalmente combativos de la Isla. A ellos es preciso respaldarlos para fortalecer la alternativa democrática.

En el plano cabildo y parlamento, la alternativa que se consolida con la participación de sectores populares procedentes de diversas tradiciones, se concreta hoy en la fórmula Podemos. Esta organización, emanada como efecto de la crisis económica y en parte del movimiento 15M, ha logrado reactivar un proceso de politización general en el conjunto del Estado, que abre nuevas perspectivas estratégicas de cambio. La primera apuesta que esta nueva fórmula llevó a cabo en el ámbito de las autonomías fue en las elecciones andaluzas recientemente celebradas. Su irrupción en aquella nacionalidad, con un 15% del apoyo electoral da esperanzas de cambio en otras nacionalidades como, por ejemplo, la nuestra. Por eso, en este breve mapa, en Cabildo y Parlamento, Podemos cierra el círculo de las alternativas electorales con voluntad de cambio y potencia para iniciarlo.


El torbellino de propuestas político electorales, siempre propio de los periodos en que se celebran elecciones, da muestras de cierta vitalidad del cuerpo social, aunque no deje de ser algo engañoso. La politización espontánea es un dato a tener en cuenta, pero sin olvidar también el factor oportunismo, o el del tradicional tonto útil. La política siempre alberga estas tensiones, y sólo el cuerpo electoral coloca a cada grupo en su verdadera dimensión. Cuando pasen las autonómicas habrá que ponerse manos a la obra para preparar las generales de noviembre. Son estas elecciones el escenario mayor, y para el que Podemos se formó. Un cambio en la correlación de fuerzas en el nivel autonómico, no se aprovecharía convenientemente, si tal cambio no se produje también en la arena estatal.

Santuario

El primer gobierno socialista en España (1982) tuvo que afrontar problemas muy complicados. Golpismo latente, estructura del estado plagada de franquistas, impulso del estado social a la vez que se comienza a diseñar el proceso de reconversión industrial, y con ello un cambio de la estructura económica global, negociación para la entrada en el MCE y bajo cuerda también para entrar en la OTAN, aunque el PSOE había hecho una campaña, bien es verdad que engañosa (OTAN, de entrada NO), en la que hacía guiños permanentes para sacar a España de la organización militar supranacional bajo control norteamericano. 

Nada de ello aparece en la brillante película del cineasta francés Olivier Masset-Depasse. Santuario centra su metraje en otro gran desafío de la época, el conflicto vasco, y en particular, en cómo el gobierno francés de Mitterrand abordó el problema de los refugiados vascos en Iparralde. De tal manera que la película nos muestra, como su director manifiesta: “Este momento de historia entre Francia y España de los años 80, entre Francia y ETA, entre Estados soberanos y terroristas independentistas, (que) nos sumerge de lleno en la cuestión identitaria y territorial”. La película no es un vulgar alegato sobre buenos y malo, y ni siquiera un relato que pretenda justificar las bondades del estado democrático frente a las acometidas de los grupos armados que actúan en su territorio (GAL), o que lo usan como refugió y retaguardia (ETA) para operar tras las fronteras pirenáicas (España).

La estructura central del film se centra en “el fin de la inocencia y el declive de los ideales”. La izquierda, que gobierna en Francia, se ha vuelto completamente pragmática. Se narra como el PS aceptó “la violencia de Estado. Su implicación en los actos de los barbouzes. Su virginidad perdida”. De ETA se relata como las nuevas generaciones de militantes, que toman el relevo en medio de la ofensiva de los GAL (1984), apuestan por endurecer su posición y aprovechan la detención de Txomin Iturbe Abasolo, hasta entonces el jefe indiscutido de ETA, para impulsar una nueva campaña más sangrienta, que incluye también el asesinato de los militantes propios (Yoyes) que no se avienen a su nueva estrategia.

No cuesta ver en Mitterrand al César Borgia en que se fijó Maquiavelo para escribir El Príncipe. El Presidente francés deja a un lado la ética y las ideas que mantuvo antes de ocupar el poder. Ahora lo principal es no perderlo. “Es necesario que un príncipe que desea mantenerse aprenda a poder no ser bueno, y a servirse o no servirse de esta facultad según que las circunstancias lo exijan”. Napoleón apostilló la cita del florentino escribiendo “Se dirá lo que se quiera; lo esencial es mantenerse y conservar el buen orden del Estado”. El presidente francés en 1984, pendulaba entre el tradicional derecho francés de protección y asilo a los refugiados políticos, o iniciar una política nueva de entrega de los refugiados vascos a la policía española, aun sabiendo que los aparatos del estado español seguían llenos de policías y militares procedentes de la dictadura. Pero a la vez, un nuevo aliado, al que él mismo ayudó a llegar al poder está ahora en la Moncloa. La duda de Mitterrand estaba en saber qué pensaría el electorado de izquierda en Francia si cruzaba el rubicón, e iniciaba una política de devolución de los refugiados vascos que se encontraban en suelo francés, con ese preciso estatuto. El Presidente se ve en la necesidad de calibrar los efectos de la operación.

Mitterrand deja hablar a sus ministros, quienes sostienen posiciones encontradas. Uno quiere que entregue a los vascos. El segundo no. Si inicia entonces un proceso de mediación francesa para lograr un acuerdo entre el gobierno de González y ETA. Por diversas circunstancias, algunas esbozadas y otras omitidas, que implican a los aparatos de estado de los dos lados del Pirineo, el intento francés fracasa. La solución intermedia que impulsó Mitterrand consistió en extraditar a los activistas de ETA hacia terceros países.


La razón de estado triunfó. El socialismo a comienzos de los ochenta abandonó sus últimas señas de identidad, anticipando de esa forma la caída del Muro de Berlín (1989), y con ello el final de las alternativas nacidas con la Modernidad.

Canarias 2030: una distopía colonial

Imaginemos un escenario que hoy parece improbable, pero que podría construirse a partir de decisiones políticas perfectamente reconocibles. ...