jueves, 4 de diciembre de 2014

XX aniversario de la creación de Intersindical Canaria y los nuevos retos del sindicalismo en el presente

Hace 20 años que un grupo de sindicatos nacionalistas (SOC, STEC, CANC, CCT) conformaron Intersindical Canaria. Aquellos cuatro sindicatos eran la evolución de organizaciones anteriores que habían nacido al final del franquismo. Fueron los protagonistas de las principales luchas sindicales en el momento de la transición. Los pormenores de las andanzas de cada grupo está por escribir. Entonces el movimiento obrero insular estaba a la ofensiva conquistando derechos laborales y sociales, mejoras en el puesto de trabajo, subidas de salarios como nunca antes había ocurrido. Algunos de los hitos más importantes de estos procesos los estudié en Tenerife en Rojo. Luchas obreras durante la transición democrática 1975-1977. La investigación debe seguir avanzado y otros episodios ser desvelados y analizados. Es preciso el compromiso de investigadores y de sindicalistas para colaborar en la construcción del archivo de la transición, que aún incompleto, se custodia en la biblioteca de Guajara de la Universidad de La Laguna.

El sindicalismo nacionalista ha formado parte del ADN del movimiento obrero canario desde sus orígenes a finales del XIX. En aquel tiempo se pensaba que la liberación de los pueblos y de los individuos formaba parte de un mismo proceso, de ahí que en sintonía con lo que ocurría en otros territorios (Cuba, Filipinas), el anarquismo y el sindicalismo nacionalista andaran de la mano. La idea la simbolizó aquí Secundino Delgado. El obrerismo libertario no dudó de la simbiosis de ambos procesos, lo animó y promocionó con distinto éxito en diversos pueblos del mundo. 

Canarias, sociedad premoderna, sometida a una metrópoli que ella misma era premoderna, vio la primera experiencia libertaria y nacionalista truncada por el enorme peso del caciquismo insular, el analfabetismo de los campesinos, la pequeñez numérica de la clase obrera, y lo reducido de la intelligentsia, que además en buena medida se veía forzada a la emigración de manera recurrente, igual que el resto de sectores sociales. De tal forma que las posibilidades de que madurase algo parecido a lo que pasó en Cuba o Filipinas eran bien remotas. No fue hasta la irrupción de luchas laborales a principios de los sesenta cuando volvió a reverdecer la idea, poniéndose las bases del sindicalismo de clase y nacional canario. 

Tras 1973 se forjaron distintas organizaciones, primero de manera clandestinas y luego legales, para surcar el terreno del sindicalismo nacionalista. La experiencia que arranca a mitad de los setenta ha sido la que ha tenido una mayor proyección histórica y social. El sindicalismo nacionalista, que de manera mayoritaria representa IC, sin olvidar la existencia de otras organizaciones menores, no siendo la mayor central sindical de Canarias, sin embargo, está presente con fuerza en los sectores estratégicos de la economía en las islas. Transporte, puertos, sanidad, educación y turismo, son espacios en los que IC juega un papel destacado. 

Desde la creación de IC en 1994 hasta la actualidad muchas cosas han cambiado en el mundo sociolaboral y político. En consecuencia, el papel de los sindicatos también se ha visto modificado por tales hechos. De manera paulatina el mundo de las relaciones laborales ha dejado de estar presidido por el trabajo estable, con jornada regulada, salario en progresión, y derechos sociales asociados al welfare state. En tal modelo, combatido por el neoliberalismo desde mediados de los ochenta, el sindicato jugó un papel central para la mejora de las condiciones de vida del conjunto de la población trabajadora. El sindicato era una fortaleza siempre en guardia contra los intentos de recorte de derechos. Una masa estable y amplia de trabajadores con conciencia de clase lo garantizaba.

Pero el avance del neoliberalismo con sus secuelas de deslocalización industrial, financiarización de la economía y precarización del puesto de trabajo cambió completamente las reglas del juego, y las relaciones de fuerza entre el capital y el trabajo. El capital recuperó el terreno que había perdido durante los decenios anteriores, y volvió con fuerza para establecer un modelo neoliberal de alcance mundial, que debilita a las organizaciones sindicales nacidas en el contexto de la segunda revolución industrial. El problema central ahora consiste en saber darle una nueva orientación a la política sindical, para que siga siendo efectiva en la defensa de los intereses de los asalariados. 

Los gobiernos emiten leyes que favorecen la desregulación del mercado laboral, los altos índices de desempleo producen bolsas enormes de reserva de mano de obra, que tiran hacia abajo del precio del trabajo. La competencia por conseguir empleo debilita la conciencia de clase y genera mecanismos de dumping entre los mismos trabajadores. Los partidos mayoritarios de izquierda se han mudado al neoliberalismo, y en la escala UE se alían con los conservadores y los liberales a las órdenes de los poderes financieros y de los grandes lobbies industriales. El último gran episodio a este respecto es la negociación en secreto del TTIP, defendido por la socialdemocracia como el que más. En tal contexto el mundo sindical debe trazar nuevas estrategias y propuestas. Dentro de ellas debería ser primordial la demanda de una Renta Básica de Ciudadanía, que garantice mínimos vitales a todos los ciudadanos, y que ayude a fortalecer la posición de fuerza del mundo del trabajo. Partiendo de un salario mínimo de ciudadanía, se podrá resistir en mejores condiciones el abuso que supone los trabajos precarios con salarios bajos. Otra idea fuerza tendrá que ser la que propone el reparto del trabajo y la reducción de las jornadas laborales, tal y como los sociólogos del trabajo vienen reclamando hace mucho tiempo.


Por supuesto que los sindicatos deben revisar su relación con el Estado, su dependencia respecto del mismo, reencontrarse con la democracia de base, desterrar el burocratismo, y abrirse a nuevos sectores sociales, que por las características del mercado de trabajo en el mundo neoliberal, no necesariamente están insertos como trabajadores reglados. Igual que entre los sesenta y los setenta se reinventó el mundo sindical en el Estado español y en Canarias, ahora es tiempo de pensar el sindicalismo con nuevas claves, porque corremos el riesgo de descubrir que tras el neoliberalismo lo que se esconde es el feudalismo.