Junto con José Quintana presentamos ayer la novela en la Orotava. Gracias a la Biblioteca Municipal y al público asistente por el buen ratito que pasamos. Les dejo aquí un resumen de lo que hablé.
La novela plantea una reinterpretación de la historia de Canarias, presentándola como uno de los primeros espacios de experimentación del colonialismo castellano antes de su expansión en América. En este territorio se ensayaron formas de dominación política, jurídica, económica y racial que luego se consolidarían en el mundo colonial. La obra muestra cómo el archipiélago funcionó de laboratorio para el poder. Se establecieron categorías sociales y raciales, se desarrolló la esclavitud de la población indígena y se implantó una economía de plantación basada en la expropiación de tierras y el trabajo forzado. De esta manera, la novela cuestiona la narrativa tradicional que sitúa el colonialismo español exclusivamente fuera de Europa y propone entenderlo como una estructura histórica persistente que ha marcado la posición periférica de Canarias dentro del sistema capitalista.
Uno de los ejes centrales del relato es el juicio a Iballa, que sirve para mostrar el funcionamiento real del poder colonial. Aunque el proceso judicial aparece formalmente como un espacio de legalidad y racionalidad, en realidad se revela como un teatro destinado a legitimar la dominación. La ley no actúa como un instrumento de justicia, sino como una tecnología de control que clasifica, disciplina y somete a los pueblos colonizados. En la novela se distinguen tres niveles del aparato jurídico: el formal, representado por documentos y procedimientos; el real, donde operan las relaciones de poder, los sobornos y las alianzas políticas; y el simbólico, que busca educar a la población en la obediencia al orden colonial.
La figura de Iballa representa el cuerpo colonizado, especialmente el de la mujer indígena. Su encarcelamiento simboliza la dominación material y biopolítica ejercida sobre el pueblo guanche, sometido mediante la guerra, el encierro y la destrucción cultural. Sin embargo, su voz también encarna la memoria de los subalternos y la resistencia frente al poder imperial, mostrando que el conocimiento histórico no proviene únicamente de los archivos oficiales, sino también de la experiencia y la memoria de los oprimidos.
En contraste con el orden colonial aparecen Erbane y los alzados, quienes representan una forma distinta de organización política basada en la comunidad, la memoria oral y una relación no extractiva con el territorio. Su resistencia pone en cuestión la supuesta superioridad del modelo europeo y demuestra que existían alternativas civilizatorias propias. El territorio, lejos de ser un paisaje romántico, se convierte en un espacio estratégico para la guerra y la supervivencia.
Otra figura clave es Guaniacas, un personaje fronterizo que combina la memoria indígena con el conocimiento del derecho europeo. Su papel refleja el dilema del intelectual subalterno que utiliza las herramientas del colonizador para defender a su propio pueblo. La novela sugiere que, en contextos de dominación colonial, tanto la lucha jurídica como la resistencia armada pueden formar parte de un mismo proceso emancipador.
Finalmente, la obra expone cómo el colonialismo produjo un sistema racial y de clase en el que los cuerpos guanches fueron tratados como propiedad y convertidos en mercancía dentro de la economía esclavista. La imposición cultural y religiosa buscó borrar las creencias, rituales y formas de organización indígenas. Sin embargo, la persistencia de la resistencia muestra que la historia de los guanches no debe contarse únicamente desde la derrota, sino también desde la rebeldía. La novela invita así a repensar la historia de Canarias como la historia de un territorio periférico marcado por la colonización, pero también por la capacidad de sus pueblos para resistir y mantener viva su memoria.