Durante buena parte de esta legislatura el gobierno ha estado a la defensiva. Atacado por todo el entramado de la derecha, no ha encontrado un momento de respiro para poder zafarse. Tras el asalto a Ceuta, orquestado desde gobiernos enemigos, la cuestión migratoria, principal terreno de agitación de la extrema derecha, parecía dejar sobre la lona al Presidente.
Pero de pronto, después de la votación de los decretos sobre la vivienda, la situación parece que puede dar un vuelco. La importancia política de la cuestión estriba en ver si a partir de esto Pedro Sánchez lleva la iniciativa, y sitúa a sus rivales a la defensiva.
Si el debate gira alrededor de la inmigración o la seguridad, la derecha juega en un terreno que le resulta favorable. Llevan años agitando ideas absurdas sobre estas dos cuestiones. Pero si la discusión se sitúa en las políticas sociales el gobierno deja de estar interpelado desde la agenda de la derecha extrema, y pasa a dirigir los términos de la disputa.
Ya sabemos que la socialdemocracia no está para tumbar el capitalismo, pero de ello no se deduce que resulte indiferente quién gobierne. Para las personas que viven de su salario, de su pensión, en casa alquilada y son usuarios de los servicios públicos determinadas decisiones gubernamentales tienen consecuencias materiales inmediatas. Llevar el debate a esas problemáticas es vital.
La izquierda al PSOE llega debilitada y fragmentada a una eventual convocatoria electoral. Si Pedro Sánchez consigue trasladar el debate público a las condiciones materiales de vida, puede producirse una concentración defensiva de una parte del voto progresista alrededor del PSOE. Ese desplazamiento al centro, para proteger determinadas conquistas sociales, debilitaría todavía más a las fuerzas de izquierda de ámbito estatal.
Para los electores de izquierda la cuestión no consiste simplemente en elegir entre voto útil o voto ideológico. El verdadero problema habría que formularlo en los términos de cómo defender las condiciones materiales de las clases populares y de la mayoría social, sin renunciar a construir una izquierda organizada, autónoma y que quiera ir a una sociedad postcapitalista. En algunas nacionalidades el tema está resuelto, en otras no.