sábado, 30 de diciembre de 2017

República catalana y monarquía española

La cuestión nacional en España, principalmente la catalana, ejerce una presión muy notable sobre la realidad política española. Las dos repúblicas pasadas, 1873-1874 y 1931-1936 fueron posibles porque en Cataluña había brotado con mucha fuerza la idea republicana. Fuera de Cataluña era tan minoritaria la adscripción republicana en 1873, que Nicolás Estévanez pensaba que era un república sin republicanos, traída por las desavenencias entre los monárquicos (Nicolás Reyes González: 2016). La segunda república fue el producto del colapso de la dictadura primorriverista, en la cual Alfonso XIII puso sus esperanzas para salvar el trono. Las grandes ciudades empujaron en la dirección republicana, y el triunfo electoral en las municipales del 12 de abril aceleró la proclamación del día 14.

La república catalana fue proclamada mientras en Madrid la aristocracia trataba de muñir la continuidad de la monarquía, haciendo de mediador en estas conspiraciones el Conde de Romanones, quien intercede ante Alcalá-Zamora en favor de la corona. La maniobra no surtió el efecto deseado y el rey debe hacer las maletas para dirigirle al exilio. El comité revolucionario estaba constituido por una mezcla de personas de distintas corrientes políticas, e incluso por miembros destacados del conservadurismo monárquico como Miguel Maura, o liberales de recientísima vocación republicana como el propio Alcalá-Zamora. El general Sanjurjo (director general de la Guardia Civil), nombrado  marqués del Rif por Alfonso XIII, se presentó en la casa de Miguel Maura, donde se reunía el comité revolucionario, para ponerse a sus órdenes. Allí estaban también Francisco Largo Caballero, Fernando de los Ríos, Santiago Casares Quiroga, y Álvaro de Albornoz, y más tarde se sumaron Azaña y Lerroux.

Para entonces el líder de Esquerra, Francesc Macià, había proclamado, ante la multitud concentrada en la plaza del ayuntamiento de Barcelona, "L'Estat Català, que amb tota la cordialitat procurarem integrar a la Federació de Repúbliques Ibèriques”.

Entre las tareas urgentes que debía de acometer el gobierno central se iba a encontrar, sin duda, la cuestión nacional, además de otras como la reforma agraria, la reforma del ejército, la separación iglesia/estado y la reforma educativa. Pero en Madrid estaba concentrado también el grueso, el músculo, de los poderes fácticos.

El republicanismo catalán jugó un papel central para la apertura del proceso constituyente en 1931, no sólo porque también allí la crisis de la dictadura/monarquía favoreció la república, sino porque existía previamente un sentimiento republicano profundo y amplio, tanto entre las organizaciones obreras como entre la de los intelectuales y las clases medias. Las principales organizaciones eran Esquerra Republicana de Catalunya en el campo político y la Confederación Nacional del Trabajo en el sindical.

Esa es la breve historia del asunto. República y cuestión nacional van de la mano. La única remota opción de que en España vuelva a proclamarse una república vendrá por una profundización de la crisis nacional. Si junto a los catalanes algunos otros territorios nacionales contribuyen al esfuerzo las posibilidades aumentarían. De lo contrario los aparatos del estado, los oligopolios financieros, industriales y mediáticos tendrán un gran margen de maniobra para reconducir la situación en su propio beneficio, por no mencionar los poderes europeos, los cuales son firmes partidarios del status quo, para evitar contagios indeseables en una Unión Europea que ha perdido su atractivo de manera acelerada para millones de ciudadanos de todos los estados miembros.

Cuando Josep Oliu, presidente del Banco Sabadell, dijo en 2014 que era necesario fomentar un Podemos de derecha estaba completamente en sus cabales. Construir maquinarias políticas con dinero constante y sonante y apoyo mediático es una práctica habitual, cuando las condiciones lo demandan. En la década de los setenta esa técnica convirtió al PSOE en opción de gobierno, merced a la Internacional Socialista, a una parte de los aparatos del estado franquista y al dinero alemán y norteamericano. La fruta madura cayó el 28 de octubre 1982. Lo mismo había ocurrido unos años antes con el Partido Socialista Portugués, que en 1976 se hizo con el gobierno también debido a los apoyos recibidos por los mismos patrocinadores del PSOE.

El discurso del rey Felipe el día tres de octubre de 2017 tenía sobre todo la urgencia y la necesidad de salvaguardar la monarquía, porque es consustancial con el mantenimiento de la estructura de poder, de la que él es el vértice y la argamasa que suelda al conjunto de actores políticos, militares, policiales, de seguridad, económicos y mediáticos que forman la estructura de los aparatos del Estado. El rey no emite el discurso para los republicanos catalanes, ni para los republicanos en general. Lo que hace es representar su papel central en el sostenimiento del status quo. Le va en ello el futuro inmediato de la monarquía, y aquí la monarquía no puede ser federal como, por ejemplo, en Bélgica, porque los aparatos del estado lo impedirían. 


La estructura profunda del estado español, que es anterior a Franco, se mantiene con la dictadura, y se proyecta después de ella hasta la actualidad. La monarquía en España debe suprimir, o al menos contener las demandas nacionales de sus distintos territorios, no sólo para sobrevivir como institución ella misma, sino sobre todo para atender a la exigencia de los poderes fácticos, que como hemos visto ya en la historia de España, pueden sacrificar a la monarquía si con ello salvan su posición de poder.