Canarias, islas o archipiélago

 

A todas luces, o mejor dicho, a simple vista, Canarias es un archipiélago. Eso es lo que todos pensamos aquí y lo dice la geología, la geografía, la Constitución española de 1978, y el Estatuto de Autonomía: “El ámbito territorial de la Comunidad Autónoma comprende el Archipiélago Canario”. Y aun así nos falta una pata fundamental para ser considerado por otros como archipiélago. Y sin esos otros no podemos disfrutar plenamente de nuestra condición archipelágica.

 

Para nosotros ser considerado por los actores internacionales como un archipiélago, según la Convención del Mar de 1982, necesitaríamos constituirnos en Estado archipielágico, o bien que el Estado español lograra negociar una reforma de la Convención del Mar, en la que se reconociese la condición de archipiélago de Canarias.

 

Para la primera no existen las condiciones de acumulación de fuerzas necesarias. No hay fuerza política en las islas que esté dispuesta a luchar por ello. El nacionalismo está fragmentado y débilitado, y el regionalismo de CC y PSOE no tiene interés en el asunto. La segunda opción, a priori, parece más factible, porque al propio Estado le resultaría beneficioso un reconocimiento de esa naturaleza archipielágica.

 

Ello nos traería un mayor control marítimo sobre las aguas que nos rodean, para empezar, englobando dentro de esos perímetros a todas las islas, que pasarían a estar en aguas archipelágicas y no, como ahora, dejando espacios marítimos no canarios, ni españoles, entre islas. Por ejemplo, la distancia entre Tenerife y Gran Canaria superior a 24 millas deja una franja de mar de aguas internacionales entre ambas. Lo mismo pasa entre La Gomera y El Hierro.

 

También nos proporcionaría una ampliación de la zona económica exclusiva hasta las 200 millas desde un perímetro único. Esto podría frenar avances unilaterales de Marruecos, tanto hacia las aguas del Sáhara Occidental como hacia las propias de Canarias. En el escenario creciente de disputas sobre tierras raras y su necesidad vital para las industrias de última generación, daría control a Canarias sobre el Monte Tropic, rico en cobalto, telurio y tierras raras que se encuentra sumergido al sur de El Hierro. Para ello se podría reclamar una prolongación natural de la plataforma continental, petición que es bastante común en el derecho marítimo internacional.

 

Un archipiélago tiene una jurisdicción unificada sobre el mar, y no fragmentada por islas como está en la actualidad, y ello redundaría en un mayor control sobre las migraciones irregulares, el tráfico de drogas, la pesca ilegal y cualquier otro asunto que nos incumbiese de manera directa. Un archipiélago nos puede convertir en centro neurálgico de las vías de tránsito entre los tres continentes, de los que se dice que proyectan nuestra identidad (tricontinentalidad). Tal condición nos daría más recursos económicos y políticos para controlar las zonas marinas protegidas (Red Natura, reservas pesqueras, etc.) permitiéndonos desarrollar una política oceánica más ampliada y coherente en el ámbito de la ordenación del espacio marítimo, la promoción y desarrollo de la economía azul, y una diplomacia macaronésica con los otros archipiélagos y la ribera occidental de África.

Por último, embarcado el Estado en una solución de esa problemática, no le quedaría más remedio que ponerse de acuerdo con Marruecos para trazar una mediana entre el reino alauita y las aguas Canarias, antes que la búsqueda y explotación de recursos marinos vuelva a tensar las relaciones como ya ocurrió varias veces en el pasado.

El turismo que nos envuelve




El escritor y poeta Samir Delgado nos invita a reflexionar sobre el turismo desde la literatura y es, sin duda, un ejercicio estimulante, que nos acerca de una forma diferente a contemplar esta actividad de masas más allá de las meras cifras récord, las playas y los souvenirs. Samir nos lleva a recorrer los lugares desde la poesía, novelas, ensayos y, en general, las obras de arte que han contribuido a crear imaginarios turísticos y simbólicos desde los cuales nos miramos también nosotros.


Bien sabemos que el paraíso canario no existe de manera natural. Es una construcción cultural. Las postales de playas infinitas, volcanes majestuosos y eterna primavera son el resultado de décadas de promoción turística. Los turoperadores europeos y las instituciones locales han fabricado una imagen que responde a lo que el visitante espera encontrar: sol, playa y hospitalidad. Así, elementos de la cultura local —desde la música folclórica hasta la gastronomía— se convierten en símbolos empaquetados y listos para el consumo, como nos recordaba el antropólogo Fernando Estévez.


En Turisferia, Samir Delgado concuerda con esa mirada del antropólogo, y nos recalca que fueron los escritores y artistas los que ahondaron en esa contemplación con sus miradas escrutadoras. Con ella se ha alimentado por igual el orgullo local y la promoción exterior. Ya en el siglo XIX, autores como Nicolás Estévanez elevaron el mar canario a símbolo universal, mientras que el Manifiesto de El Hierro (1976) proclamaba que la universalidad del Archipiélago residía en su “primitivismo”. Así, lo insular se convirtió en punto de partida para un relato que conecta lo local con lo global.


En este ensayo Samir Delgado nos propone mirar el mar y los volcanes como algo más que paisajes y, en su lugar, nos dice que debemos mirarlos como metáforas literarias del hecho insular. Así se puede entender como la literatura y el arte han condicionado el turismo, al turista y, también, al indígena moldeando su visión del lugar. La pintura reproducida en postales ayudó a crear una imagen bucólica de campesinos y pescadores felices en sus tareas, del que se ocultaban las condiciones materiales de su explotación, sus esfuerzos, precariedad y la dureza de sus vidas.

 

Samir argumenta que el turismo no es solo economía, sino que es cultura, símbolo e identidad, y que cada visitante de nuestras islas disfruta de playas y volcanes, a la vez que entra en contacto con siglos de narrativas y representaciones que han dado forma al imaginario insular. Sin duda, Delgado se muestra benévolo con el turista. Yo, no siendo tan generoso como él, apostillo que muchos de ellos se van de aquí subidos en la misma borrachera que trajeron, sin enterarse de nada que tuviese que ver con producción cultural.

 

La pregunta, o una de las preguntas que nos deja Samir Delgado en su ensayo es ¿cómo podemos equilibrar la herencia cultural con la enorme presión que el turismo de masas genera en las islas? El valor de Canarias no es sólo su millonaria cifra de visitantes, sino su capacidad de entenderse a sí misma por medio de la palabra, la memoria y la producción artística.

 










Canarias, islas o archipiélago

  A todas luces, o mejor dicho, a simple vista, Canarias es un archipiélago. Eso es lo que todos pensamos aquí y lo dice la geología, la geo...