El turismo que nos envuelve




El escritor y poeta Samir Delgado nos invita a reflexionar sobre el turismo desde la literatura y es, sin duda, un ejercicio estimulante, que nos acerca de una forma diferente a contemplar esta actividad de masas más allá de las meras cifras récord, las playas y los souvenirs. Samir nos lleva a recorrer los lugares desde la poesía, novelas, ensayos y, en general, las obras de arte que han contribuido a crear imaginarios turísticos y simbólicos desde los cuales nos miramos también nosotros.


Bien sabemos que el paraíso canario no existe de manera natural. Es una construcción cultural. Las postales de playas infinitas, volcanes majestuosos y eterna primavera son el resultado de décadas de promoción turística. Los turoperadores europeos y las instituciones locales han fabricado una imagen que responde a lo que el visitante espera encontrar: sol, playa y hospitalidad. Así, elementos de la cultura local —desde la música folclórica hasta la gastronomía— se convierten en símbolos empaquetados y listos para el consumo, como nos recordaba el antropólogo Fernando Estévez.


En Turisferia, Samir Delgado concuerda con esa mirada del antropólogo, y nos recalca que fueron los escritores y artistas los que ahondaron en esa contemplación con sus miradas escrutadoras. Con ella se ha alimentado por igual el orgullo local y la promoción exterior. Ya en el siglo XIX, autores como Nicolás Estévanez elevaron el mar canario a símbolo universal, mientras que el Manifiesto de El Hierro (1976) proclamaba que la universalidad del Archipiélago residía en su “primitivismo”. Así, lo insular se convirtió en punto de partida para un relato que conecta lo local con lo global.


En este ensayo Samir Delgado nos propone mirar el mar y los volcanes como algo más que paisajes y, en su lugar, nos dice que debemos mirarlos como metáforas literarias del hecho insular. Así se puede entender como la literatura y el arte han condicionado el turismo, al turista y, también, al indígena moldeando su visión del lugar. La pintura reproducida en postales ayudó a crear una imagen bucólica de campesinos y pescadores felices en sus tareas, del que se ocultaban las condiciones materiales de su explotación, sus esfuerzos, precariedad y la dureza de sus vidas.

 

Samir argumenta que el turismo no es solo economía, sino que es cultura, símbolo e identidad, y que cada visitante de nuestras islas disfruta de playas y volcanes, a la vez que entra en contacto con siglos de narrativas y representaciones que han dado forma al imaginario insular. Sin duda, Delgado se muestra benévolo con el turista. Yo, no siendo tan generoso como él, apostillo que muchos de ellos se van de aquí subidos en la misma borrachera que trajeron, sin enterarse de nada que tuviese que ver con producción cultural.

 

La pregunta, o una de las preguntas que nos deja Samir Delgado en su ensayo es ¿cómo podemos equilibrar la herencia cultural con la enorme presión que el turismo de masas genera en las islas? El valor de Canarias no es sólo su millonaria cifra de visitantes, sino su capacidad de entenderse a sí misma por medio de la palabra, la memoria y la producción artística.

 










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