“Quieren quitarme el río y también la playa/Quieren el barrio mío y que tus hijos se vayan/ No, no suelte' la bandera ni olvide' el lelolai/ Que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”. Y así, desde décadas y siglos pasados Puerto Rico y Canarias han tenido una historia paralela y llena de interconexiones humanas.
La guerra hispano-norteamericana terminó en 1898, y con ella se cambiaron las influencias en el Atlántico. EE-UU. emergió como potencia oceánica y España dejó de serlo. Los dos archipiélagos se vieron afectados de manera profunda. Puerto Rico cambió de soberanía, mientras Canarias permaneció bajo soberanía española, pero necesitó ser españolizada.
Estados Unidos desembarcó en Puerto Rico en julio de 1898, y con la ocupación de esta isla convirtió el caribe en un mar interior para su estrategia oceánica. Puerto Rico fue ocupada en calidad de territorio bajo soberanía estadounidense, sin ser un estado de la Unión. Sus ciudadanos pasaron a tener la ciudadanía estadounidense pero el territorio se mantuvo en un limbo extraño.
Puerto Rico asume una misión esencial para el expansionismo norteamericano, convirtiéndose en apoyo militar y logístico para el control de Centroamérica y las demás islas del Caribe. Su función como base militar es fundamental.
Por su parte, Canarias a lo largo del siglo XX, se convirtió en frontera atlántica de Europa. No mutó de soberanía en 1898, y continuó siendo una colonia económica de Gran Bretaña, pero a la vez se inició un proceso intenso de imposición de identidad nacional española.
El final del imperio español en América alteró su papel histórico. Durante siglos había sido escala hacia el Nuevo Mundo. A partir del siglo XX su función fue de plataforma logística del expansionismo español en África. Hoy, las islas son un punto nodal tricontinental entre Europa, África y América, y una frontera avanzada de la Unión Europea frente a África occidental.
A diferencia de Puerto Rico, Canarias forma parte plena del Estado español y del marco jurídico europeo. No hay ambigüedad sobre su soberanía. Pero su condición ultraperiférica la sitúa en una realidad económica particular, muy dependiente del turismo y de la conectividad exterior.
Vistas conjuntamente, estas islas atlánticas (PR e IC) funcionan como piezas estratégicas de dos grandes colosos mundiales, EE.UU. y la UE. En los dos casos la clave está en su posición geográfica, desde las que se proyectan políticas neocoloniales hacia otros territorios continentales (Caribe-América del sur y África). No son solo territorios sino, sobre todo, puntos de conexión.
Lola Rodríguez de Tió poetisa, periodista y revolucionaria portorriqueña lo puso en verso:
¡Oh, Puerto Rico del alma!
que al canario recibiste,
en tu tierra él ha hecho
la sangre que ya trajiste.
Es el acento de mi tierra
y el tuyo, primo, el mismo;
que el mar no es una frontera,
sino un puente de cariño.