domingo, 29 de junio de 2014

Hiperrealidad y política inmaterial


Explicar la realidad se torna cada vez más complicado. Si es que alguna vez hubo certezas que nos ayudaban a comprender el mundo, no cabe duda que en el tiempo presente el asunto no parece tan claro. La realidad ha sido sustituida por la hiperrealidad. Cuando la hiperrealidad se impone la realidad desaparece. Cuando todo es posible nada es posible. Se que parece un galimatías, pero no lo es. Cuando todo es información la información ya no existe. No sirve para informarnos porque somos incapaces de digerirla. Necesitamos un mapa, ciertamente muy complejo, para poder interpretar la cantidad de información que recibimos a cada instante y ello es imposible. Recuerden el cuento de Borges titulado Del rigor en la ciencia, en el que relata que los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Esa sobre exposición a la realidad total hacía inservible el mapa, y por eso las generaciones posteriores lo terminaron abandonado.

Pienso que estamos justo en ese punto en cuanto al hecho de comprender el mundo en que estamos viviendo. Ahora, exactamente, no sabemos qué es la realidad, o qué es una copia de la realidad, dándose la paradoja de no saber si la representación que vemos es la copia o el original. Así las cosas ¿cómo explicar la política? Quizá sólo podamos dar pinceladas aproximadas, y aquí quiero dar alguna de ellas.

Para empezar diré que algunas de las instituciones tradiciones de la política, tal como el partido, tienen una historia concreta y contable. Los partidos modernos surgieron en el inicio de la democracia de masas para representar las fracciones sociales. En particular, los partidos socialdemócratas (socialistas y comunistas) nacieron con la intención de dar voz a los sectores obreros en las sociedades industriales. Los partidos eran además vehículos de socialización y de convivencia. El partido ponía en contacto a gente real en el mundo real. Las luchas compartidas construían conciencia y creaban afectos y solidaridades. 

Hace medio siglo esto comenzó a modificarse. Los partidos dejaron de representar a las fracciones sociales y derivaron hacia estructuras profesionales de servicio a la administración (sobre todo) del capital, y de la instituciones del estado. Se produjo una distorsión en relación a su función original que ha conllevado un alejamiento considerable de los ciudadanos respecto a los partidos. Además, los avances tecnológicos desplazaron su papel de agente socializador, desempeñando esta función ahora los medios de difusión masivo, en especial la televisión, hasta tiempos recientes. Desde hace aproximadamente una década internet se ha sumado a dicha labor, transformándola en parte, porque hizo posible el paso de la realidad seleccionada y contada de forma unilateral de arriba hacia abajo, a otra basada en una producción infinita de realidades. Esto terminó por anular cualquier relato unificador sobre la realidad.

La tendencia que apunta la nueva forma de hacer política ya no necesita al partido-en su acepción clásica- porque lo que se dibuja en el mundo hiperreal es el ascenso de las comunidades virtuales. Las gentes que dan respaldo electoral a las nuevas tendencia políticas no forman una comunidad real y concreta, sino que son comunidades virtuales en las que las gentes no se conocen, o a lo sumo sólo conocen la representación de un avatar, que es el que se expresa por medio de la realidad virtual. En estas comunidades se puede coincidir en apoyo electora concreto, por ejemplo, pero no en estilos de vida. Tal persona puede votar radical y luego llevar una vida conservadora, o votar conservador y llevar una vida liberal. No habrán experiencias concretas que compartir ni alegrías o llantos comunes, sólo expresión de intereses individuales manifestados en el espacio virtual que, puntualmente, pueden coincidir con intereses individuales de otros muchos, por ejemplo, en una manifestación o en unas elecciones.

Esta lectura que hago aquí vendría refrendada por los resultados de las últimas elecciones al Parlamento Europeo. Los medios se han centrado de manera principal en la irrupción de Podemos, y quizá esto haya dejado de lado un análisis más de conjunto, en el cual ésta opción sólo sería una entre otras, que comparten determinadas características en la línea que estoy expresando aquí. Veámos. Tomando como referencia espacial el ámbito canario, y fijándonos en las opciones políticas que comparten virtualidad con Podemos, que hacen política desde lo inmaterial, que usan sobre todo las redes o las televisiones, que no son estructuras partidarias clásicasque, en cierto modo, comparten estructuras virtualmente jerarquizadas (Pablo Iglesias, López Uralde, Rosa Díez , etc.) y que su mensaje es recepcionado por público de formación cultural media y media-alta, vemos que en Canarias, sí sumamos los resultados de Podemos-UPyD-PACMA-Ciudadanos-Primavera Europea-Movimiento Red-Partido X, obtenemos un 24% del total y 135.506 votos. Esa suma representaría el partido más votado, por encima del PP y del PSOE. Un 24% del electorado se ha reconocido en esta nueva forma de la política inmaterial, y se orienta en términos variables desde puntos de vista influenciados por el hiperrealismo. No es todo. Hay algo más inmaterial que lo virtual y es la nada, la no comparecencia, que en el mundo político viene representado por la abstención. Extremando la observación podríamos decir que, si a este 24% de opciones inmateriales le sumamos el 62% de abstención, la abrumadora mayoría de la población (86%) se colocan fuera de la tradición política clásica.

El ejemplo que tomamos de Baudrillard nos ilustra: Lascaux (las célebres cuevas con pinturas rupestres). El original fue cerrado hace mucho tiempo y los visitantes hacen cola ante el simulacro, Lascaux 2. La mayoría de ellos ni siquiera saben que verán un simulacro. El original ya no está señalizado en ninguna parte. Modo de prefiguración del mundo que nos espera: copia perfecta de la que ya ni siquiera sabemos que es una copia. Ahora bien, cuando la copia deja de ser una copia, ¿qué sucede con el original?” 

¿Y si los nuevos partidos inmateriales fuesen Lascaux 2? La próximas generaciones no sabrían nada acerca de los partidos clásicos y de las formas materiales de socialización. Podrían terminar pensando que sólo el mundo inmaterial es el mundo real. En otros muchos aspectos de la vida comienza a ser así, como en el ocio, en el sexo o la comunicación. Será el momento, si acaso no lo es ya, en que pensemos que las prácticas emancipatorias serán radicalmente individualistas.