miércoles, 10 de mayo de 2017

La izquierda perezosa y Venezuela

Existe una tendencia muy arraigada en la izquierda política que consiste en permanecer agarrada a inercias históricas, incluso, cuando es evidente que las cosas han cambiado tanto que ya nada es como era. Seguro que todos tenemos ejemplos históricos a los que acudir para aseverar tal comentario. Para nuestra generación es central el ejemplo de Cuba y, más recientemente, el de Venezuela. Dos países que representaron en su momento la esperanza de un mundo mejor. Cuba desde 1959. Venezuela desde 1999.

Cuba dejó de ser esperanza hace mucho tiempo para los cubanos, los latinoamericanos, y los europeos. Mantuvo más o menos el tipo mientras el petróleo soviético sustentaba al régimen. Tras 1991, permanece en un sistema crecientemente minado por la desmoralización, la crisis económica y la corrupción.

Venezuela renovó las esperanzas con la llegada de Chávez al poder en 1999. En la década siguiente, el modelo contagió a unos cuantos países latinoamericanos. Pero desde la caída de los precios del petróleo (2008), que pasó de costar 140 dólares el barril a 45, las políticas expansivas y sociales de los gobiernos de Chávez comenzaron a tambalearse. Descontando las presiones externas y los permanentes intentos desestabilizadores y golpistas que ha tenido que confrontar la experiencia bolivariana, la falta de un modelo de crecimiento económico que no sólo se apoyase en la exportación de las materias primas, ha terminado por llevar a Venezuela a la quiebra económica y política. La especialización en exportación de materias primas como principal actividad económica, es un rasgo común de los países periféricos. Si esa lógica no la interrumpe un gobierno de izquierda entonces está alimentando las bases de su propio fracaso. Las consecuencias saltan a la vista.

Los sucesivos intentos de Maduro por saltarse las reglas del juego que los mismos bolivarianos habían aprobado, habla bien a las claras del momento extremadamente débil por el que atraviesa el poder revolucionario. (Para entender como están las cosas recomiendo esta entrevista a Edgardo Lander http://frontal27.com/edgardo-lander-ante-la-crisis-de-venezuela-la-izquierda-carece-de-critica/).

Aquí, sin embargo, la izquierda perezosa sigue en el mismo sitio. Salvando la cara del fracaso de Maduro, echando todas las culpas al imperialismo, lo mismo que con Cuba se las echan al embargo estadounidense, pero negándose a analizar en serio qué no ha funcionado tanto en el sistema cubano como en el bolivariano. Intelectuales de referencia de la nueva izquierda madrileña, continúan escribiendo textos de defensa del gobierno bolivariano, no sabe uno si cegados por las esperanzas depositadas en aquel proceso, o porque la autocrítica se le hace cuesta arriba.

La izquierda perezosa es transgeneracional. Sin embargo, mantiene en común una vieja práctica consistente en no moverse de la posición que una vez creyó que era la correcta. Como si el mundo no cambiara, como si los hechos históricos fueran de una vez y para siempre. Curiosamente, esa manera de pensar tiene más de idealista que de materialista, aun a pesar de que la izquierda se reclama de la órbita del materialismo.


Para que la izquierda pueda tener opción de gobernar aquí debe en primer lugar desesperezarse, mirar la realidad sin anteojeras prejuiciadas, ser honesta consigo misma y, rigurosamente autocrítica, porque si no termina pareciéndose demasiado a su antagonista, y haciendo bueno ese refrán conservador y tan del sentido común mayoritario de que, "más vale malo conocido que bueno por conocer”.